Hacer ejercicio es la excusa perfecta para desconectarnos del mundo. Pero, ¿en verdad nos desconectamos?

Es cierto que la actividad física nos pone en un cierto ritmo, que suele ser muy parecido a eso que la psicología llama “fluir”: cuando nuestra mente se enfoca tanto en lo que estamos haciendo que se “desconecta”, y el tiempo pasa de otra manera.

mindfulness-ejercicio-meditar-antes-rutina

Pero para lograr ese estado psíquico –que raya en lo psicodélico– mientras hacemos algo tan complejo como es llevar nuestro cuerpo a su límite, la mayoría optamos por escuchar alguna playlist que se sintonice con la potencia que queremos dar al ejercicio. Y eso es excelente: la ciencia ha comprobado que la música realmente provoca mayor energía y gozo durante las rutinas.

No obstante, también debemos recordar que la vida se compone de equilibrios. ¿Qué tal te sonaría intercambiar esas deliciosas rutinas intensas por algunas donde lo más importante sea vaciar tu mente de distracciones? Es decir: introducir la práctica mindfulness a tus rutinas.

 

¿Qué es el mindfulness?

Brock Armstrong, un coach, lo define así:

Me gusta pensar en el mindfulness como una centralización calmada

que te mantiene enfocado y en “alerta media”
mientras estás por completo presente y en el momento.

Quizá pienses que la tranquilidad del mindfulness va a interferir con tus resultados, sobre todo si lo que buscas es tonificar o fortalecer tu cuerpo. Pero, ¡para nada! Y Armstrong sabe por qué. Según dijo este coach en Scientific American, un estudio que analizó la correlación entre salud cardiovascular y prácticas mindfulness concluyó que:

La práctica mindfulness está positivamente asociada a una mejor salud cardiovascular.

El mismo estudio no dejó de lado otros factores, como el índice de masa corporal, los niveles estables de glucosa, si los pacientes fumaban o su tipo de actividad física. Pero en general  se comprobó que cualquiera que fuese su situación, el mindfulness les aportaba mayor salud cardiovascular. Otras investigaciones han demostrado que existe una relación entre la constancia en el ejercicio y el mindfulness. En un estudio realizado con 62 pacientes mujeres se comprobó que quienes practicaban meditación de forma continua durante la semana tenían un nivel mucho mayor de movimiento a lo largo de los días.

Otra investigación concluyó que quienes se enfocan a través del mindfulness no renuncian a sus rutinas y se mantienen por mayor tiempo ejercitándose:

Los deportistas que tienen mayor atención son menos reactivos. Sus respuestas a las amenazas a su régimen de ejercicio son más enfocadas, lo que promueve una mayor constancia.

Los beneficios del mindfulness para hacer más eficientes las rutinas de ejercicio son muchos, y te permitirán ampliar los efectos antiestrés que la actividad física provee.

 

Acá 3 propuestas para que empieces a aplicar el mindfulness a tu rutina

mindfulness-ejercicio-meditar

Encuentra tu enfoque

Antes de cada entrenamiento, como si se tratara de un ritual prerrutina, concéntrate en ti mismo y piensa en tus intenciones. ¿Qué quieres lograr con la rutina? Puedes ponerte objetivos tangibles: ser más fuerte, verte mejor, bajar de peso. Pero también puedes elaborar objetivos estimulantes: imagínate que quieres ser capaz de competir en unas olimpiadas, que te quieres preparar para ser astronauta o cruzar un océano entero. La imaginación será el límite, y esto te enfocará durante toda la rutina.

 

Fíjate en tu postura

El cuerpo, naturalmente o debido a nuestros hábitos, adopta ciertas posturas de manera inconsciente. Así que, cuando nos fijamos en la alineación del cuerpo, estamos viviendo corporalmente el presente de manera consciente. Antes, durante y después de tu rutina debes lograr que tu cuerpo esté firme y recto, que tus hombros no suban hacia las orejas, que tu cuello se estire, y nunca debes dejar de estar firmemente asentado al piso.

 

Respira profundo y con ritmo

No respirar correctamente es lo peor que podemos hacer. Esto afecta nuestro rendimiento, pero además afecta el funcionamiento de nuestro cerebro, que ve a su suministro de oxígeno volverse irracional. Esto también afecta nuestro estado psíquico, por lo cual debes cuidar de mantener una respiración con ritmo y lo más profunda que puedas, según el ejercicio que realices.

 

* Imágenes: 1 y 3) Bethan Mooney; 2) Eva Jauss

Hacer ejercicio es la excusa perfecta para desconectarnos del mundo. Pero, ¿en verdad nos desconectamos?

Es cierto que la actividad física nos pone en un cierto ritmo, que suele ser muy parecido a eso que la psicología llama “fluir”: cuando nuestra mente se enfoca tanto en lo que estamos haciendo que se “desconecta”, y el tiempo pasa de otra manera.

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Pero para lograr ese estado psíquico –que raya en lo psicodélico– mientras hacemos algo tan complejo como es llevar nuestro cuerpo a su límite, la mayoría optamos por escuchar alguna playlist que se sintonice con la potencia que queremos dar al ejercicio. Y eso es excelente: la ciencia ha comprobado que la música realmente provoca mayor energía y gozo durante las rutinas.

No obstante, también debemos recordar que la vida se compone de equilibrios. ¿Qué tal te sonaría intercambiar esas deliciosas rutinas intensas por algunas donde lo más importante sea vaciar tu mente de distracciones? Es decir: introducir la práctica mindfulness a tus rutinas.

 

¿Qué es el mindfulness?

Brock Armstrong, un coach, lo define así:

Me gusta pensar en el mindfulness como una centralización calmada
que te mantiene enfocado y en “alerta media”
mientras estás por completo presente y en el momento.

Quizá pienses que la tranquilidad del mindfulness va a interferir con tus resultados, sobre todo si lo que buscas es tonificar o fortalecer tu cuerpo. Pero, ¡para nada! Y Armstrong sabe por qué. Según dijo este coach en Scientific American, un estudio que analizó la correlación entre salud cardiovascular y prácticas mindfulness concluyó que:

La práctica mindfulness está positivamente asociada a una mejor salud cardiovascular.

El mismo estudio no dejó de lado otros factores, como el índice de masa corporal, los niveles estables de glucosa, si los pacientes fumaban o su tipo de actividad física. Pero en general  se comprobó que cualquiera que fuese su situación, el mindfulness les aportaba mayor salud cardiovascular. Otras investigaciones han demostrado que existe una relación entre la constancia en el ejercicio y el mindfulness. En un estudio realizado con 62 pacientes mujeres se comprobó que quienes practicaban meditación de forma continua durante la semana tenían un nivel mucho mayor de movimiento a lo largo de los días.

Otra investigación concluyó que quienes se enfocan a través del mindfulness no renuncian a sus rutinas y se mantienen por mayor tiempo ejercitándose:

Los deportistas que tienen mayor atención son menos reactivos. Sus respuestas a las amenazas a su régimen de ejercicio son más enfocadas, lo que promueve una mayor constancia.

Los beneficios del mindfulness para hacer más eficientes las rutinas de ejercicio son muchos, y te permitirán ampliar los efectos antiestrés que la actividad física provee.

 

Acá 3 propuestas para que empieces a aplicar el mindfulness a tu rutina

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Encuentra tu enfoque

Antes de cada entrenamiento, como si se tratara de un ritual prerrutina, concéntrate en ti mismo y piensa en tus intenciones. ¿Qué quieres lograr con la rutina? Puedes ponerte objetivos tangibles: ser más fuerte, verte mejor, bajar de peso. Pero también puedes elaborar objetivos estimulantes: imagínate que quieres ser capaz de competir en unas olimpiadas, que te quieres preparar para ser astronauta o cruzar un océano entero. La imaginación será el límite, y esto te enfocará durante toda la rutina.

 

Fíjate en tu postura

El cuerpo, naturalmente o debido a nuestros hábitos, adopta ciertas posturas de manera inconsciente. Así que, cuando nos fijamos en la alineación del cuerpo, estamos viviendo corporalmente el presente de manera consciente. Antes, durante y después de tu rutina debes lograr que tu cuerpo esté firme y recto, que tus hombros no suban hacia las orejas, que tu cuello se estire, y nunca debes dejar de estar firmemente asentado al piso.

 

Respira profundo y con ritmo

No respirar correctamente es lo peor que podemos hacer. Esto afecta nuestro rendimiento, pero además afecta el funcionamiento de nuestro cerebro, que ve a su suministro de oxígeno volverse irracional. Esto también afecta nuestro estado psíquico, por lo cual debes cuidar de mantener una respiración con ritmo y lo más profunda que puedas, según el ejercicio que realices.

 

* Imágenes: 1 y 3) Bethan Mooney; 2) Eva Jauss