Las nuevas generaciones limpian la historia para construir una nueva. La generación millennial es un ejemplo que anula la idea de que los jóvenes son inexpertos y no aportan a la sociedad.

En ese sentido, los consumidores que tienen entre 23 y 41 años son una fuerza dirigida a la sostenibilidad corporativa.

No compran si no comparten los valores de la empresa. La integridad es la nueva moneda con la que los jóvenes están dispuestos a pagar a las marcas y contribuir a la sociedad.

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Dime cómo lo haces y te diré si lo compro (o no)

Según un estudio de Nielsen, empresa dedicada a la investigación de mercados, la generación millennial, que se carateriza por ser más consciente del impacto ambiental y social, basa sus decisiones de compra en un producto que resuene con sus valores personales.

No sólo es el ‘me gusta’ que pueden manifestar en Facebook, sino que existe un auténtico interés en conocer el origen, proceso y sentido de aquellos productos y marcas que consumen:

La activista Melanie Curtin escribe en Inc.:

Cuando busco productos de belleza, mi primera pregunta es “¿Es libre de crueldad?” y no “Qué lindo es el rubor”. Si quiero café, primero quiero saber si es parte del comercio justo. No quiero apoyar a las empresas que no se preocupan por cómo se trata a los animales y/o trabajadores, y quiero apoyar a las que sí lo hacen.

Y así como Melanie, seguro hay más personas de esta generación que se identifican con esa forma de pensar. Basta con observar la realidad en la que se han desarrollado para entender el origen de su filosofía.

Habiendo crecido en un mundo progresivo de globalización y disrupción económica, esta generación tiene una cosmovisión muy diferente en comparación con las generaciones anteriores. Los millennials buscan significado, se reúnen en torno a causas importantes y buscan cada vez más autenticidad.

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Perfil millennial, o los naturalmente obstinados

Son escépticos, naturalmente obstinados, y filtran constantemente cantidades abrumadoras de fuentes, contenido engañoso y fake news. O sea que, si una compañía quiere que los millennials compren su producto, primero necesita venderles su historia:

“Hace poco gasté 38 dólares en una camiseta de una marca a la que le confiaría mi vida: Janne Robinson. Es una poeta feminista joven y fuerte, una inspiración, y confío en su producto porque me compartió cómo obtuvo los materiales para ello”, detalla Curtin; “ella acepta que cuesta mucho más que las camisas de una compañía como H&M”, pero eso es porque sólo usa “material sostenible y prácticas éticas con sus trabajadores”.

Los millennials quieren que la sostenibilidad sea una prioridad. No les gustan las empresas que eligen los beneficios por encima de los objetivos. Pero eso no significa que puedan ser engañados… Las empresas deben tener cuidado al elegir un problema social solamente para verse bien.

El mismo estudio de Nielsen arroja que nueve de cada diez millennials cambiarían las marcas comunes por una que esté asociada a una causa y que están dispuestos a hacer sacrificios personales para tener un impacto en los temas que les importan, aunque eso implique que paguen más por ello.

 

Ser verde millennial: ¿comportamiento o actitud?

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Foto: Laurel Golio

Los millennials no viven en la verde pradera del bosque. Usan smartphones y son grandes consumidores de tecnología, lo que implica renovación constante, uso de Internet y tiempos muy rápidos. Además de la sostenibilidad, los millennials valoran su tiempo y atención.

A pesar de que adoran las causas con sentido, es necesario preguntarse:

¿ser verde es un comportamiento o una actitud?

Esa pregunta implica una aparente contradicción y es una espada de doble filo. Esto significa que las compañías necesitan ser sostenibles, pero no puede pedirse a los consumidores, en aras de la sostenibilidad, que inviertan más tiempo del que están dispuestos a dar.

A los millennials les gusta la transparencia y detectarán una empresa que no respalda una causa que tenga sentido; en cambio, respetan a las empresas que tienen causas que realmente les importan, y que no sólo las utilizan como una estrategia de marketing ‘ecológica’.

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De clientes a empleados: la decepción

A partir de la última encuesta millennial hecha por Deloitte se puede concluir que la generación está decepcionada, no está conforme con lo que la economía les ofrece.

Las opiniones positivas de los millennials sobre las motivaciones y la ética de los negocios, que habían crecido como tendencia en los últimos 2 años, retrocedieron dramáticamente, al igual que su sentido de lealtad.

Actualmente, sólo una minoría de la generación cree que las empresas se comportan éticamente (48% frente a 65% en el 2017) y que los líderes empresariales se comprometen realmente a ayudar a mejorar la sociedad (47% vs 62% en el 2017).

Aunque la millennial sea una generación polémica y quizás incomprendida, vale la pena profundizar en sus determinaciones y hacer una crítica de ciertos hábitos -como el uso de la tecnología, que puede contaminar o aislar socialmente-, sin dejar de lado las posibilidades que ofrece para mejorar el mundo y a sus habitantes.