Los millennials chinos tienen curiosidad por conocer su propia cultura: su educación ya no es completamente oriental, y Occidente es una marea que trae consigo el consumismo y los beneficios de la tecnología. Esto ha hecho que muchos millennials de China estén adoptando el estilo de vida ermitaño, ya sea con fines espirituales o simplemente para desintoxicarse de las ciudades.

En un video del canal Aeon podemos ver un pequeño documental titulado Invocando a los reclusos (Summoning the Recluse), dirigido por la cineasta Ellen Xu. El filme muestra una serie de entrevistas con jóvenes chinos que lo dejaron todo (al menos por un tiempo) para vivir en la cercanía de monasterios, en contacto con la tierra y alejados de todas las comodidades y tentaciones modernas. Uno de ellos, comenta:

Cuando mi mente descansa y mi corazón está en paz, es el mejor estado posible. El único zen que vas a encontrar en las montañas es el zen que tú traigas. Escapamos hacia las montañas porque nuestros corazones no estaban en paz, pero como pueden ver, tampoco es muy pacífico aquí arriba.

El filme sigue los caminos de diversos jóvenes chinos en sus distintas búsquedas espirituales, las cuales los han llevado por los caminos del budismo, el taoísmo y el confucianismo, para encontrarle un sentido trascendente a la vida más allá del consumismo y la competencia descarnada por los recursos en las grandes urbanizaciones en China.

 

La rutina del ermitaño

Cada país y cada cultura tienen su propio estilo de “vida retirada”. Para los occidentales, la religión católica puede llevar a los adeptos a claustros o eremitas donde la contemplación y el servicio son las principales tareas, y se cuenta la historia de santos que hicieron proezas extraordinarias a través del cultivo del silencio y la soledad.

En Oriente, prácticas como el vipassana (retiro del silencio) invitan a crear una pausa en el tren de los pensamientos intrusivos y sumergirse en el silencio para encontrar la fuente de la acción compasiva. Los días en la montaña, sin embargo, no son lo mismo que un retiro vacacional. Dependiendo del lugar al que lleguen, los jóvenes chinos se encuentran con mayores libertades o restricciones, muchas surgidas del estilo de vida tradicional de los monjes, tales como no ducharse o no matar animales para comerlos.

La alimentación consiste en distintas combinaciones de arroz, avena y pan; papas y lechuga redondean el festín. El agua se consigue en los manantiales, donde los jóvenes pueden lavar su ropa y bañarse, aunque sin calefacción y en ocasiones a temperaturas bajo cero.

En el pasado, los monjes o ermitaños que elegían este estilo de vida podían morir dentro de sus chozas, y pasaban años antes de que la gente supiera de sus decesos. Una chica cuenta la historia de cierto monje que cultivaba 365 papas al año, una para cada día. Diariamente, sacaba de la tierra una papa y la cocinaba para comerla. Si no había papas, no comía. Pero a pesar de los peligros, la vida del ermitaño sigue siendo el mismo tipo de búsqueda de sentido hoy como hace miles de años:

Si todos viven para el dinero, para casarse y transmitir sus genes, la vida no tiene mucho sentido. Vine a las montañas para encontrar el sentido de mi vida.