El cuerpo humano todavía tiene secretos. Aunque a estas alturas es fácil pensar lo contrario, lo cierto es que nuestro organismo alberga, incluso, territorios no explorados. Y es que sus mecanismos de regulación orgánica y de preservación son hasta hoy materia de estudio para la ciencia médica, como lo son también algunos de sus más comunes padecimientos, como la migraña.

La migraña es un dolor de cabeza punzante muy superior a las jaquecas cotidianas, pues contrario a éstas, provoca una sensibilidad extrema a la luz y a los sonidos, lo que paraliza toda actividad durante el tiempo que dura el ataque. Pero aunque es un padecimiento universal, y tan sólo en México es recurrente en 20 millones de personas, la migraña como afección corporal sigue siendo un misterio.

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Imagen: Jaen Madrid para Ecoosfera

Hasta ahora, la ciencia médica no ha podido dar con la zona exacta donde se producen estos ataques y, por ende, tampoco con la manera de mitigar dicha condición craneal. Sólo existen dos hipótesis para explicar la aparición de la migraña: una es que algo ocasiona la obstrucción o reducción de los vasos sanguíneos, lo que provoca una falta de sangre en el cerebro; la otra es que hay una perturbación eléctrica en el cerebro, aún de causas desconocidas.

Pero ahora, una nueva investigación apunta a una dirección completamente distinta para explicar las migrañas.

Según esta nueva hipótesis, las migrañas podrían ser un mecanismo para proteger al cerebro del estrés oxidativo y, con ello, de la neurodegeneración.

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¿Qué es el estrés oxidativo? Es un desequilibrio entre la capacidad metabólica del cuerpo –por ejemplo, cuando se provee a sí mismo de oxígeno– y el sistema biológico, que normalmente debe encargarse de los efectos tóxicos que puede causar la producción de peróxidos y radicales libres –un subproducto de los procesos metabólicos–. 

Cuando este equilibrio falla, el estrés oxidativo puede ocasionar más de 100 enfermedades, entre ellas el Alzheimer.

La migraña, en este caso, sería un mecanismo de protección contra el estrés oxidativo, pues permitiría al cerebro protegerse y repararse, lo cual evita el declive funcional –la neurodegeneración– a largo plazo. ¿Y qué vincula a las migrañas con el estrés oxidativo? De acuerdo con la investigación realizada en la Universidad de Maine, la sensibilidad a la luz y los sonidos, así como la contaminación, son comunes tanto a la migraña como al estrés oxidativo.

Pero la teoría es que estas condiciones están presentes en la migraña precisamente porque existe ya un proceso de estrés oxidativo. Así, los ataques serían una reacción del cuerpo ante la paulatina degeneración cerebral, pues la migraña acarrea un aumento de antioxidantes y de serotonina, así como una reducción en la actividad eléctrica en el cerebro, lo que ayuda a proteger a las neuronas y estimular su crecimiento.

Esto podría conducir a soluciones contra la migraña, ya que el desequilibrio entre el metabolismo y el sistema biológico –el estrés oxidativo– se combate mediante los antioxidantes, los cuales neutralizan los radicales libres. Si faltan antioxidantes en el organismo –a causa de una dieta desequilibrada– es más probable que los radicales libres atenten contra las células sanas de nuestro cuerpo, lo que a su vez provocaría los ataques de migraña como el último recurso del cuerpo para proteger al cerebro.

Es probable, además, que este gran avance en la investigación ayude a generar nuevas tecnologías que simulen los mecanismos de protección de la migraña, lo que podría conducir a nuevos y originales tratamientos para crecer neuronas y evitar la neurodegeneración.

De esta manera, el cuerpo demuestra qué tanto es todavía un territorio indómito, y cuántos Marco Polos hacen falta para seguir explorando sus secretos y desentrañando sus maravillas.