Como nosotros, los microorganismos se unen por un bien común

Los microorganismos de nuestro cuerpo dan pauta para pensar lo inevitable: nacimos para generar comunidad.

Gracias al descubrimiento de la simbiosis, ahora sabemos que los organismos cooperan para beneficiarse mutuamente. Esta visión biológica contribuyó a reafirmar una idea que tanto la filosofía como la ciencia llevaban madurando durante bastante tiempo: la vida es una unidad y todo está conectado.

Así como los ecosistemas sirven de hogar y sustento para una infinidad de especies, incluida la nuestra, el ser humano es también morada de diversos organismos. Desde nuestro nacimiento adquirimos bacterias que benefician nuestra salud de distintas formas, pues ayudan a regular la digestión y protegen el sistema inmunológico. Así, el cúmulo de lo que nos conforma como seres vivos no se reduce sólo a nuestro cuerpo, sino que incluye a las especies que lo habitan y que han evolucionado junto con él durante miles de años.

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Hechos como este han propiciado un debate dentro de la ciencia que bien podría aplicarse a las sociedades humanas: ¿los organismos se unen por un bien común o explotan las contribuciones de otros para beneficio propio? La evidencia parece inclinarse más por la primera opción. Como apunta el profesor Chris Thompson, del University College de Londres:

La cooperación es fundamental para el éxito de la mayoría de los organismos del planeta, desde microbios hasta humanos.

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En efecto, la tendencia a unirse en comunidad existe en la naturaleza hasta el grado más insospechado. Por ejemplo, la ameba conocida como Dictyostelium discoideum habita el fango como una entidad unicelular, pero al quedarse sin comida decide unirse a otras para formar un cuerpo fructífero que produce esporas para perpetuar la especie.

Sin duda estamos conectados a los seres que comparten este planeta, pero también al planeta mismo. Nuestros cuerpos responden a lo que ocurre en nuestro entorno: basta con recordar la sincronía natural que existe entre el ritmo biológico que regula naturalmente nuestros ciclos de sueño y los días que transcurren en el exterior. Bajo esta concepción, la idea de que todos evolucionamos en conjunto con la naturaleza no resulta descabellada.

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Así como la naturaleza se reinventa en constantes relaciones de unión, también las barreras entre los seres humanos pueden difuminarse cuando nos enfocamos en el espacio-tiempo que nos acoge como especie. La reconfiguración de las sociedades en el marco de la globalización es un claro ejemplo de que las divisiones rígidas (como las fronteras que dividen a los países) son cada vez menos relevantes. El geógrafo Peter Merriman propone cuestionar la separación entre los humanos y el espacio en el que existen. El movimiento, las sensaciones, la energía y el ritmo que envuelven a ambos en un constante devenir son cruciales para comprender el funcionamiento de la vida. 

Más allá de las particularidades que pueden llegar a fragmentarnos, la formación de comunidades es un ejercicio que hemos practicado desde tiempos remotos. Ya sea que se trate de cuidar el medioambiente, combatir injusticias o construir un lugar para intercambiar ideas, la necesidad de generar espacios para la unión es una característica vital que está codificada en toda la naturaleza. Así como los organismos evolucionan en conjunto, la cooperación constante es aquello que permite aumentar nuestra fuerza de obrar y transformarnos en aras de un bien mayor. 

 

* Imágenes: 1) A Cabinet of Curiosities; 2) Sarah Schönfeld; 3-4) Daily Overview



El origen de la vida es poesía pura y demuestra que todo está conectado

Un experimento demostró cómo la vida se originó en el fondo del mar (a partir de moléculas provenientes del espacio).

Tenemos cuentas pendientes con nuestro pasado más remoto. La idea de encontrar nuestros orígenes nos sigue fascinando, quizá porque simbólicamente sería como un regreso a lo natural. Y vaya que nos hace falta reconectarnos con todo eso que fuimos hace mucho, mucho tiempo. Porque además, en nuestros orígenes está la prueba de que todo está conectado.

Pero, ¿cómo empezó todo?
No sólo la vida humana, sino la vida en la Tierra.

Al parecer, la respuesta está en el fondo del mar. Un estudio publicado en la revista Proceedings imitó las condiciones del océano para observar cómo las moléculas inertes cobraban vida.

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El agua caliente que generaban estos respiraderos hidrotermales en el océano antiguo crearon condiciones químicas que permitieron la formación de aminoácidos. Estos fueron los componentes básicos de las proteínas, encargadas de las primeras funciones metabólicas. Tales condiciones, así como la composición del océano, es lo que los investigadores de la Universidad del Sur de Dinamarca imitaron.

Su maqueta era una mezcla de agua alcalinizada, calentada a 70 y que constaba de minerales y moléculas como el piruvato y el amoníaco, que fueron precursores de los aminoácidos y abundaban en la Tierra primitiva. También agregaron “óxido verde”, el término común para el hidróxido de hierro.

El equipo pudo observar la formación de un par de aminoácidos tan pronto como se introdujeron pequeñas cantidades de oxígeno en el agua, un elemento escaso en aquel entonces.

Así, podemos saber de qué tipo de entornos específicos surgió la vida.

Si el océano tuvo tanto que ver con la formación de primigenias moléculas orgánicas, estaríamos ante un fenómeno por demás poético y casi mitológico. Una correlación de sucesos que demostraría cómo todo ha estado conectado desde el origen.

Y es que tanto el cielo –la atmósfera– como lo más profundo de la Tierra –el océano– hubieron de trabajar en conjunto para que surgiera la vida. Incluso el universo conspiró para crear vida en nuestro planeta, ya que más de la mitad de los átomos que conforman nuestro cuerpo podrían provenir de galaxias más allá de la Vía Láctea. En eso están de acuerdo la mayoría de los astrónomos. Asimismo, es probable que el origen del agua sea cósmico. De hecho, este líquido vital es más antiguo que el sol y la luna, y podría tener más de 4,000 millones de años en caso de que esta teoría esté en lo correcto.

Es así que la vida no puede pensarse sino como un auténtico milagro natural, cuyos orígenes nos hacen pensar que si todo nació conectado, el futuro depende de que todo siga en sintonía.

 

* Imágenes: 1) Un modelo de protocélula, NSF (edición Ecoosfera); 2) Richard Bizley/SPL



Mira a esta célula convertirse en un organismo (video 📽️)

Admira las maravillas de la diferenciación celular.

Los misterios que esconde la biología son infinitos, y su explicación nunca dejará de ser fascinante. ¿Cómo es que una simple célula puede convertirse en un organismo entero? ¿Cuántos microorganismos no habitan ahora el cambiante universo de nuestro cuerpo? Hay veces en las que la naturaleza tiene todas las respuestas, sólo basta con prestar atención. 

Este video muestra, en tan sólo 6 minutos, el nacimiento de una larva a partir de un cigoto. Más allá del resultado final, lo más bello del cortometraje de Jan van Ijken es su énfasis en el proceso de diferenciación celular, capturado en microscópico detalle. El título del corto es Becoming, gerundio que en inglés describe el estado permanente de convertirse en algo. Incluso su final es el anuncio de un devenir más largo. Esa larva se transformará en un tritón, un organismo que, como nosotros, no dejará de cambiar hasta el día en que deje de serlo.

Esa es, finalmente, la naturaleza de todos los seres, animales y humanos: el cambio. Tómate unos minutos para apreciar este milagro en movimiento y deja que fluyan tus propias reflexiones.