Estas máquinas regalan microlecturas en varias ciudades del mundo

Y demuestran que, pese a lo vertiginoso de la vida urbana, aún puede haber resquicios para fantasear.

Las dinámicas urbanas actuales pueden ser muy absorbentes, al grado de no dejar tiempo para nada. Más aún: existen cientos de distracciones que nos pueden hacer muy difícil estimular la fantasía a través de la lectura, y nuestra sed de inmediatez nos suele llevar a buscar historias sólo en la pantalla, y ya no entre las hojas de un libro.

Pero una iniciativa de una empresa francesa llamada Short Édition promete cerrar esta brecha entre la literatura y los habitantes de diversas ciudades donde se han instalado “máquinas expendedoras” de microlecturas.

Se trata de cuentos que, en promedio, no toma más de 5 minutos leer.

Esto no significa que renunciemos a las lecturas largas y profundas. Pero inmersos ―como estamos― en el vértigo y la prisa, esta es una iniciativa que sin duda puede ayudar a estimular la fantasía y a incentivar la lectura, por lo menos entre semana, que es cuando más se dificulta. Y esto es sumamente importante, pues leer es una actividad fundamental para desarrollar importantes habilidades cognitivas ­―es decir, para evolucionar nuestro cerebro―.

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Las expendedoras, llamadas “Estaciones de cuentos”, contienen miles de historias escritas por autores como Virginia Woolf, Lewis Carroll y Charles Dickens, que son impresas en papel reciclado. Los lectores pueden elegir el género y la duración de los cuentos, pero la elección de la lectura es al azar.

Por ahora, estas máquinas se pueden encontrar en ciudades de Inglaterra, Canadá, China, Estados Unidos y, por supuesto, Francia. Pero esperemos que se hagan tan populares como las expendedoras de dulces o refrescos, y pronto podamos encontrarlas en más ciudades de más países.

 

* Imágenes: 1) CC; 2) VdG; 3) The Guardian



5 puntos para mejorar tus hábitos de lectura 📚

¿Quieres convertirte en un lector o lectora? No se trata de inteligencia, sino de aprovechar tu energía de la mejor manera.

Tal vez ya no lo notes, pero el mundo a tu alrededor está lleno de una enorme cantidad de palabras. Un estudio de 2009 afirma que una persona está expuesta hasta a 100,000 palabras cada día, entre publicidad, correos, redes sociales y mensajes de texto, además del tiempo que pasamos leyendo libros o artículos.

Las palabras buscan nuestra atención: esa es la razón de su existencia. Pero tal vez te sientas frustrado o cansado en ocasiones: quieres leer pero el libro no te interesa, o pierdes la atención al poco tiempo o te quedas dormido. Vamos a analizar algunas técnicas que pueden mejorar no sólo la velocidad con la que lees, sino también tu placer, mejorando en el camino tu comprensión lectora y tu memoria a largo plazo.

Leer en pantalla puede distraerte con más frecuencia

 

1. ¿En pantalla o en papel?

Las superficies y plataformas en las que leemos pueden actuar a nuestro favor o en nuestra contra. Hay a quienes les encanta la experiencia de los libros físicos y hacer notas en las páginas; otros prefieren usar un e-reader, como el Kindle o el Kobo, o bien transformar un iPad o teléfono móvil en archivo de libros. La aplicación Lithium es excelente para administrar distintos formatos de libros electrónicos, tanto en móviles como en computadora de escritorio.

Pero en realidad no es necesario elegir sólo una plataforma de lectura, sino establecer prioridades y ver cuál es la más idónea en cada momento. Por ejemplo, un libro impreso no necesita batería ni actualizaciones, lo puedes llevar siempre contigo y nunca te distraerá mostrándote notificaciones mientras te sumerges en las palabras.

Por otro lado, leer en pantalla tiene ventajas nuevas: puedes compartir y socializar tu lectura a través de apps como GoodReads, donde los usuarios seleccionan fragmentos que aman y le dan sus propias puntuaciones a los libros. Leer en pantalla también permite encontrar fragmentos de texto más fácilmente.

 

2. Ten claro qué es lo que buscas al leer

No es lo mismo leer por obligación que leer por placer. Si en tu escuela o trabajo tienes que leer mucho texto en muy poco tiempo, puedes intentar el método de lectura diagonal. Éste consiste en imaginar una línea diagonal que va de la punta superior izquierda del texto a la esquina inferior derecha y, en lugar de leer palabra por palabra, intenta buscar palabras clave o ideas centrales.

Esta es la forma en la que leen muchos reclutadores de personal (por eso se aconseja que no envíes currículums mayores a dos páginas). Además, la lectura en diagonal permite descartar mucha información que no nos interesa en ese momento y concentrarnos en aprender o encontrar los conceptos más relevantes.

 

2.1 Recuperar el viejo hábito de la lectura en voz alta

En cambio, si estás leyendo un texto literario, como un poema o un cuento, no sólo es importante que lo leas palabra por palabra, sino que tal vez tu comprensión lectora se verá muy beneficiada por la lectura en voz alta. En este tipo de textos, lo importante no suele ser la información, sino el estilo de los autores y las palabras que eligen para contar su historia.

Leer en voz alta para alguien más fue una de las formas en que históricamente se transmitió el conocimiento, pues recordemos que los libros impresos tienen poco más de 500 años de existencia (lo que algunos autores llaman la “galaxia Gutenberg”), y que en un principio eran demasiado costosos, sin contar con que no toda la gente sabía leer.

Seguramente existen muchos otros objetivos de lectura. Por ejemplo, hay quien lee para ayudarse a dormir. Bajar un poco las luces, tomarse una taza de té caliente y bucear en la trama de una novela es una antesala excelente para el sueño. No hay nada de malo en utilizar los libros para lo que tú necesites.

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Todos leemos por razones distintas

3. Dedícale tiempo (ni siquiera necesitas mucho)

El estadounidense promedio pasa 2 horas al día en redes sociales. Con ese tiempo podrías leer unos 200 libros al año. Lo más difícil es romper el automatismo que se apodera de nosotros mientras navegamos en Instagram o Twitter.

Una manera de hackearte para leer más es hacer que tus plataformas elegidas (ver punto 1) para leer estén disponibles siempre que lo necesites. Puedes dejar libros en tu baño, en tu mesa de noche, en tu mochila o bolso e incluso en tu automóvil, si es que usas. Utiliza los tiempos muertos de trayectos o las salas de espera para leer aunque sea algunos minutos.

Incluso puedes utilizar algún celular viejo con conexión a Internet como dispositivo de lectura. Pocket es una app que te permite sincronizar un anaquel de artículos en varios dispositivos, almacenar el texto sin conexión para leerlo en una interfaz sin distracciones y acceder a ellos cuando los necesites.

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Puedes enseñarle a los bebés a tener familiaridad con los libros (incluso si no saben hablar aún) a través del tacto, la vista y el oído

4. Comienza desde pequeño

El amor por los libros y la lectura no comienza cuando aprendemos a leer. Bebés de menos de 1 año pueden recibir estimulación temprana a través de libros y objetos diseñados para estimular la atención, la coordinación psicomotriz y la memoria. Leer es más que procesar palabras: es un acto de generosidad, imaginación, creatividad y diversión, por lo que puede sostenerse que, hasta cierto punto, los bebés leen aunque no sepan el alfabeto.

Hoy en día los niños pasan entre 4 y 8 horas en línea. Una manera de equilibrar el tiempo de ocio con la lectura es, nuevamente, la lectura en voz alta. Leerle a los niños y niñas (aunque no sean tus hijes) no sólo es un excelente plan para divertirse y aprender, sino que compartir con ellos de esta forma incrementa la retención y la comprensión lectora.

 

5. Leer modifica tu cerebro (literalmente)

Las palabras tienen efectos físicos sobre nuestras neuronas. Un estudio de la revista NeuroImage mostró que las palabras asociadas a olores (como “café” o “perfume”) activan las mismas zonas de la corteza primaria encargadas de procesar los estímulos olfativos.

En otras palabras, nuestro cerebro “traduce” las palabras a impulsos eléctricos que nos hacen sentir las palabras como si fueran acciones. Por si fuera poco, leer aumenta la cantidad y calidad de la materia blanca del cerebro, el tejido que permite establecer nuevas conexiones neuronales y aprender más rápido. 

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Diviértete leyendo, sin importar lo que digan los demás

Bonus Track

Fíjate metas pequeñas y aumenta poco a poco

Asumiendo que un lector no profesional puede leer unas 350 palabras por minuto, le llevaría sólo 20 minutos al día leer un libro por semana. Sin embargo, como vimos en el punto número 2, no todos los libros se leen igual ni por las mismas razones.

Aun así, dedicarle apenas 20 minutos de tu día a la lectura puede favorecer este hábito. Algunos lectores se dedican a un solo libro hasta terminarlo (incluso llegan a comprarlo en versión física y digital, para aprovechar cualquier espacio disponible en su día para leer); otros lectores, en cambio, leen sólo unos fragmentos de varios libros cada día, según sus propios intereses.

Lo importante es que sepas que leer tiene beneficios muy concretos para ti y que leer por obligación es una receta para el fracaso. Entender que a veces leemos por trabajo y a veces por placer es una diferencia fundamental que cada uno debe tener clara.

¿Consideras que hace falta algo? ¿Cómo te convertiste en lector, o qué le sugerirías a alguien que desea leer más? Nos encantaría leerte en los comentarios.



Una pequeña biblioteca doméstica puede cambiarte la vida

Tener libros en casa contribuye a un ambiente que promueve el aprendizaje temprano, y su impacto positivo puede medirse en la lectura y las matemáticas.

La lectura es un acto voluntario, por lo que nadie se vuelve lector por arte de magia… ¿o sí?

Según los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Competencias en Adultos, la disponibilidad de una pequeña colección de libros en el entorno doméstico se correlaciona con mejores niveles de instrucción alfabética y matemática en la adultez.

El estudio midió la cultura educativa y el impacto de vivir con libros en la adolescencia y adultez en 31 sociedades alrededor del mundo. Para ello, evaluaron a 160,000 adultos en competencias de lecto-escritura, matemáticas y uso de tecnologías de la información, de 2011 a 2015. 

Las conclusiones apuntan a que “crecer en hogares con libros estimula las habilidades de adultos en estas áreas más allá de los beneficios generados de la educación de los padres, o de su propia educación o logro ocupacional”.

En otras palabras, una casa con libros hace que los niños que crecen ahí tengan un nivel de aprendizaje mayor al de su nivel escolar. Y no se trata de tener toda una biblioteca: según el informe, bastan unos 80 libros para producir este “mágico” efecto.

De acuerdo con el estudio, una biblioteca doméstica de entre 80 y 350 libros es suficiente. Las familias de países nórdicos, como Suecia o Noruega, tienen más de 500 libros en promedio, como parte de su acervo familiar; mientras que países como Chile, Grecia, Italia, Singapur y Turquía tienen menos de 80 libros en promedio. Pero recalquemos esto: no se trata de leerlos ni de “devorarlos”, sino que la cercanía y familiaridad con los libros estimulan la facilidad innata para aprender e investigar, lo que tiene positivas consecuencias en la vida adulta.

 

¿Aprendizaje por ósmosis?

Tener libros en casa no es la panacea del aprendizaje. Sin embargo, hacer y nutrir una biblioteca doméstica, aunque sea pequeña, favorece un ambiente de aprendizaje que conlleva beneficios para toda la vida. Una explicación podría ser que construir cierta familiaridad con los libros a una edad temprana, hace que los niños investiguen y busquen información por sí mismos a medida que crecen.

De hecho, los investigadores creen que la cercanía con libros impresos se asocia con mayor familiaridad con libros digitales, pues los adultos de la prueba también fueron evaluados en cuanto a su uso de tecnologías de la información.

Ser capaces de buscar información en línea o leer en plataformas digitales es consecuencia de frecuentar libros en la infancia, y no parece que ambas tecnologías de lectura sean mutuamente excluyentes.