México tiene que pensar en el 2 de julio, más allá del miedo y la ignorancia

Reflexiones desde Oaxaca sobre las elecciones en México 2018, que se llevarán a cabo este 1 de julio.

Se dice que el próximo domingo 1 de julio será  la elección más grande en la historia de México –se van a elegir 3,400 cargos públicos, incluidos el presidente, gobernadores, senadores, diputados, presidentes municipales y alcaldes–. En los últimos meses los ciudadanos hemos sido bombardeados con información desde diferentes flancos: la radio, la televisión, la prensa escrita, los espectaculares, las bardas pintadas, las banderas, las playeras, las gorras, etc. Nuestras vidas han transcurrido en medio de este fuego cruzado que sucede entre el deseo de muchos políticos que buscan cargos públicos para seguir subiendo en el escalafón de poder, con todo lo que eso representa.

En el caso de Oaxaca, como en muchos otros estados, es interesante ver que diversos actores políticos tienen poco conocimiento sobre lo que significa ser un “servidor público” y más bien se sirven de ese puesto, que en teoría está diseñado para enfrentar problemas públicos y mejorar las condiciones de vida de la población. La congruencia es la gran ausente en la vida de estos personajes que sueltan palabras al aire, y sus acciones representan todo lo contrario. Vemos cómo brincan de partido en partido por el simple hecho de que no fueron los “elegidos”, sin importar lo que eso podría significar en términos de una supuesta congruencia. En muchas localidades de Oaxaca las personas están cansadas de los altos niveles de corrupción, la indiferencia de los políticos ante la situación que enfrentan día con día y el desconocimiento de la problemática real que viven. 

Pero más allá de los que buscan los distintos cargos públicos estamos los ciudadanos, comunes y corrientes, y de acuerdo a nuestro sistema electoral nosotros decidimos quiénes ocuparán dichos puestos. Muchos de estos ciudadanos están esperando el domingo para ejercer su voto y dar la confianza a quien llegue, para que “ahora sí” empiecen a cambiar las cosas en nuestro país. Esto es algo muy común que se repite cada vez que hay elecciones, y especialmente ahora que viene la presidencial.

Ha sido un proceso electoral donde la ignorancia y el miedo han sido dos factores que se han movido entre los ánimos y sentimientos de las personas. Es interesante que los propios partidos circulan información que pretende desviar la atención de los problemas reales que suceden en nuestro país, y muchas personas no se toman el tiempo de informarse bien sobre lo que vive el país en su cotidianidad; más bien, se enfocan en repetir y repetir lo que los propios políticos ponen literalmente en sus bocas, cerrando los ojos ante lo que sucede en su nariz. Más allá de la ignorancia que esto representa, es imposible tapar con un dedo que en México existen grandes problemas de desigualdad (concentración de riqueza e incremento de pobreza), corrupción, inseguridad, pérdida de identidad y muchos retos más que han sido generados por el propio sistema político, pero a su vez también por la misma ciudadanía, quienes hemos permitido que esto ocurra; se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad, y por tal razón el miedo al cambio es un arma muy poderosa que utilizan los grupos de poder…

Más allá de la decisión de tu voto este próximo domingo, te invito a pensar qué vas a hacer el 2 de julio cuando te despiertes y empieces a bajar de la euforia electoral. Si estás esperando a que las personas que lleguen a los distintos cargos públicos cambien tu realidad y, mientras tanto, tú seguir viviendo igual… será muy difícil un cambio; nuestra realidad va a cambiar cuando dejemos de esperar del sistema y desde nuestro espacio social hagamos algo para cambiarlo. Aquí comparto algunas ideas que podemos empezar a practicar, más allá de cualquier elección:

  • Actuemos de manera comunitaria y pensemos en lo colectivo, dejemos atrás el sentido de individualismo que este sistema nos impone.
  • Reconozcamos la riqueza cultural que tenemos como país y sintamos orgullo por lo que representa.
  • Respetemos y aprendamos de los pueblos originarios, que a lo largo de los siglos nos han mostrado el verdadero valor de las cosas y el sentido comunitario de la vida.
  • Informémonos sobre las diferentes problemáticas que enfrenta nuestro país, para contar con elementos que nos permitan cambiar las cosas.
  • Generemos cambios desde nuestros espacios sociales y seamos congruentes entre nuestro pensar y nuestro actuar.
  • Fortalezcamos nuestra soberanía alimentaria produciendo y comprando productos mexicanos que sean benéficos para nuestra salud, e impulsemos las economías locales.
  • Preocupémonos por la educación de nuestros hijos con el propósito de darles herramientas que les permitan enfrentar este mundo, que cada vez representa nuevos retos.
  • Revaloremos nuestras relaciones como seres humanos, enfoquemos nuestra energía en lo que realmente vale la pena en la vida y pongamos en un segundo plano nuestro ímpetu por generar “riqueza”.
  • Defendamos nuestros territorios y cuidemos nuestros recursos naturales, que son lo que nos permite contar con un espacio digno para vivir.
  • Exijamos a los que resulten electos que sean verdaderos servidores públicos, y unámonos como sociedad para señalar los actos de corrupción.

Muchas veces he escuchado decir a las personas que las “acciones cotidianas ciudadanas” no tienen impacto en un país; creo que esto es un gran error y muchos políticos quieren que pensemos de esa forma. Créanme que las “acciones cotidianas ciudadanas” SÍ tienen un impacto profundo,  justo porque son cotidianas; no sólo tienen que ver con la fecha de la votación sino con las acciones diarias que se repiten y se repiten hasta que se crean hábitos que impactan primero en nuestra familia, luego en nuestra colonia, después en nuestro municipio, pasando por nuestro estado, fortaleciendo nuestro país y construyendo un mundo más justo.

Por las generaciones que vienen detrás y merecen una vida digna…

Mauricio del Villar
Autor: Mauricio del Villar
Mauricio lleva más de una década compartiendo y construyendo la vida con comunidades indígenas y rurales de México.


El turismo de masas pintado de verde en Holbox

A un paso de la transición de gobierno, ahora más que nunca es necesario evitar estos errores al momento de modificar espacios naturales para el turismo.

* Por: Luis Damián McAnally Armijo

 

El turismo es una actividad que se ha visto como la alternativa no extractiva para el desarrollo en muchas partes del mundo. México no ha sido la excepción. Conforme la idea del desarrollo sostenible fue permeando en el discurso de la política mexicana, el ecoturismo o turismo de naturaleza ha ido ganando terreno dentro de las actividades económicas de distintas regiones. El estado de Quintana Roo es un claro ejemplo.

Conforme el turismo de masas o de enclaves como el impulsado en Cancún perdía atractivo, fue necesario encontrar nuevos espacios que atendieran a las nuevas tendencias turísticas globales. Turismo de aventura, turismo alternativo, turismo sustentable, ecoturismo… Muchas ideas sobre cómo debía ser el turismo fueron adoptadas y las Áreas Naturales Protegidas brindaban los espacios ideales para satisfacer esta nueva demanda (Durand, 2014; Eagles, McCool y Haynes, 2003; González-Luna y Vázquez-Toriz, 2016; Guzmán, Figueroa y Durand, 2013; López-Santillán, 2015a; Murray, 2005).

salvemos holbox

En los 1990 y principios de los 2000 muchas áreas protegidas en Quintana Roo comenzaron a turistificarse (como es el caso Xcalak) y algunas fueron incluso creadas en un intento de regular el turismo ya existente en la zona (como el caso de Puerto Morelos) (Murray, 2005). Este también fue el caso del Área de Protección de Flora y Fauna Yum  Balam (APFFYB). Esta área protegida decretada en 1994 se encuentra en un “hotspot” de biodiversidad. La zona es visitada por gran número de aves migratorias, es zona de anidación de varias especies de tortugas marinas, tiene importantes humedales y zonas de manglar, etc. Dentro del APFFYB se encuentran las poblaciones de Solferino, Chiquilá y Holbox, pertenecientes al municipio de Lázaro Cárdenas (Berlanga y Faust, 2007).

La isla de Holbox ha sido la zona turística dentro del APFFYB por excelencia y en los últimos años ha sido promocionada intensamente como destino turístico a nivel nacional e internacional. Los esfuerzos iniciales para el decreto involucraron a distintas organizaciones civiles e instituciones académicas, así como a las poblaciones. Originalmente, el decreto del APFFYB buscaba desarrollar el turismo de forma sostenible, con base en el manejo comunitario (Berlanga y Faust, 2007).

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Todo parecía indicar que esta nueva Área Natural Protegida tendría una gobernanza basada en ideas como la democracia deliberativa, tal como expone Cohen (2013), pero cuando el área fue decretada cualquier mención sobre el manejo comunitario fue omitida (Berlanga y Faust, 2007). El turismo creció en Holbox en los años subsecuentes al decreto con actividades como avistamiento de aves, tours a islas cercanas y el nado con tiburón ballena.

La propiedad de la tierra en Holbox es ejidal. Hasta antes del decreto del Área Protegida la relación de la comunidad con su tierra había sido determinada por la actividad pesquera, las fiestas locales y las costumbres propias de la comunidad. Debido a la llegada del turismo, aunado a la reforma del artículo 27 constitucional en 1992, la comunidad holboxeña sufrió un cambio radical en su relación con la isla (López-Santillán, 2015a). Las tierras se parcelaron y la playa se volvió una mina de oro. Diversos hoteles comenzaron a aparecer en las costas de Holbox. El mercado de tierras en la isla ha causado controversia dentro de la comunidad y ha erosionado fuertemente el tejido social, ha individualizado la colectividad que previamente dominaba el hacer y sentir de los holboxeños.  

La historia del APFFYB ha estado llena de omisiones gubernamentales y hoy en día, 23 años después del decreto, el APFFYB permanece sin un plan de manejo. La isla es manejada para satisfacer el mercado turístico y el gobierno estatal y municipal se han convertido en facilitadores de este fenómeno, cosa común en el turismo (González-Luna y Vázquez-Toriz, 2016). Se ha optado por una estrategia de conservación neoliberal en donde el dinero rige lo que se hace y lo que no, y la tierra debe venderse para ser conservada (Durand, 2014; Guzmán et al., 2013; López-Santillán, 2015b).

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Milenio

El dilema social que expone Cárdenas (2009) es evidente en Holbox: los intereses individuales se encuentran alienados de los intereses colectivos. El beneficio a corto plazo de la venta de tierras ha cegado a muchos y puesto en riesgo la estabilidad económica de otros, formando élites que han acaparado los beneficios económicos del turismo. La cohesión social tan importante para la organización colectiva (Kieffer, 2016) se encuentra debilitada debido a esto, por lo que la actividad colectiva hoy en día es difícil.

Otros problemas sociales típicos del turismo (Cañada, 2016; Eagles et al., 2003; Palafox-Muñoz, 2016) también se han hecho presentes: cada día el robo de bicicletas, cámaras y celulares es más frecuente, la pesca se ha ido abandonando poco a poco a favor de las actividades turísticas, algunas fiestas locales se han mercantilizado y comienzan a perderse, los empleos creados a los que pueden acceder las comunidades de la zona son precarios y la comunidad original de holboxeños se encuentra dividida. La idea de una gobernanza ambiental comunitaria parece ahora lejana.

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El Universal

Los problemas ambientales que acarrea el turismo de masas (Cañada y Gascón, 2006; Eagles et al., 2003) no tardaron en llegar. Las playas que en Internet se venden como un destino virgen se encuentran llenas de basura. Las aves cada vez se ubican en zonas más alejadas. Las calles de arena que tanto encanto le daban a Holbox están ahora compactadas y llenas de charcos en donde la lluvia se mezcla con aguas negras. Los lancheros turísticos tienen que ir año con año más lejos para encontrar tiburón ballena. Se ha perdido gran extensión de manglar que ha sido sustituido por hoteles y casas lujosas y el cielo estrellado que dominaba las noches de Holbox ha sido invisibilizado por las luces del pueblo.

En conclusión, sin un cambio en la forma de gobernanza en esta Área Natural Protegida pronto los motivos que incentivaron su creación podrían desaparecer, y con ellos la pequeña gran mina de oro. Hasta ahora, parece sólo otra playa bonita a punto de convertirse en el nuevo Cancún, con toda la desigualdad y destrucción que eso conlleva. El pasado 27 de septiembre el Twitter de la CONANP se llenó de propaganda del Día Mundial del Turismo. Fotografías de escenarios prístinos y actividades como paseos en kayak alimentan el imaginario de que el turismo sostenible es posible; no obstante, ejemplos como el de Holbox son desalentadores.

 

Bibliografía:

Berlanga, M. y Faust, B. B. (2007). We Thought We Wanted a Reserve: One Community’s Disillusionment with Government Conservation Management. Conservation and Society, 5(4): 450–477.

Cañada, E. (2016). Implicaciones socioambientales de la construcción del espacio turístico. Ecología Política: Cuadernos de Debate Internacional, 2016(52): 12–16.

Cañada, E. y Gascón, J. (2006). Turismo y Desarrollo: Herramientas para una mirada crítica (1ra Ed.). Managua, Nicaragua: Enlace.

Cárdenas-Campo, J. C. (2009). Dilemas de lo colectivo: Instituciones, pobreza y cooperación en el manejo local de los recursos de uso común (1ra ed.). Bogotá, Colombia: Ediciones Uniandes.

Cohen, M. A. (2013). Democracia deliberativa y gobernanza ambiental: ¿conceptos transversales de una nueva democracia ecológica? Sociológica, 28(80): 73–122.

Durand, L. (2014). ¿Todos ganan? Neoliberalismo, naturaleza y conservación en México. Sociológica, 29(82): 183–223.

Eagles, P. F. J., McCool, S. F. y Haynes, C. D. (2003). Turismo sostenible en áreas protegidas: Directrices de planificación y gestión. Madrid, España: Organización Mundial del Turismo, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y IUCN.

González-Luna, L. A. y Vázquez-Toriz, R. (2016). Megaproyectos turísticos y ecoturísticos: Del despojo al cercamiento de bienes comunes de comunidades rurales en México. Ecología Política: Cuadernos de Debate Internacional, 2016(52): 57–61.

Guzmán, M. G., Figueroa, F. y Durand, L. (2013). Ecología política y ecoturismo en México: reflexiones desde la huasteca potosina y la selva lacandona. En: Guzmán Mauricio y Diego Juárez (eds.) En busca del ecoturismo. Casos y experiencias del turismo sustentable en México, Costa Rica, Brasil y Australia. México: EÓN-El Colegio de San Luis, A.C.

Kieffer, M. (2016). La cohesión social: Elementos de análisis comparativo de dos iniciativas de Turismo Rural Comunitario en Chiapas, México. Ecología Política: Cuadernos de Debate Internacional, 2016(52): 69–72.

López-Santillán, Á. A. (2015a). Desarrollo sustentable y turismo de naturaleza: reevaluación y acción colectiva en torno a recursos comunes en Holbox, México. Otra Economía, 9(17): 187–198. https://doi.org/10.4013/otra.2015.917.07.

López-Santillán, Á. A. (2015b). Turismo y desarrollo sustentable en áreas protegidas o sobre los “nuevos”contrasentidos para la producción y el marasmo en el ámbito rural. Desacatos, 47(2015): 36–57.

Murray, G. D. (2005). Multifaceted measures of success in two mexican marine protected areas. Society & Natural Resources, 18, 889–905. https://doi.org/10.1080/08941920500248814.

Palafox-Muñoz, A. (2016). Turismo e imperialismo ecológico: El capital y su dinámica de expansión. Ecología Política: Cuadernos de Debate Internacional, 2016(52): 18–25.

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


¿Las elecciones en México te están infectando de dogmatismo?

¿Piensas que tu criterio político es puro e irrefutable? Tal vez hayas pescado el virus del dogma.

No hay nada más preciso en esta época digitalizada que hablar del dogmatismo como un virus o malware, de esos que hacen fallar el software de las computadoras. Y precisamente, una de las prácticas más propensas a convertirse en un virus es opinar sobre política.

Las elecciones en cualquier país suelen crear pandemias de dogmatismo; es decir, olas de personas que creen tener la verdad sobre el desempeño de los actores políticos y, como por acto de fe, sus opiniones son irrevocables. Es el caso de las elecciones en México, donde este virus ha infectado de dogmatismo a gran parte de la población, especialmente por medio de las fake news, que aunque en buena medida son información no verificada, se viralizan (¿o será que viralizan el dogmatismo?).

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Meme: ASCO

En fin. Retomando la analogía, si una computadora se actualiza para evitar fallas o contagios, ¿por qué no actualizar, o mejor aún, reconfigurar nuestra opinión política a partir de la información verificada? ¿Acaso somos mentalmente incapaces de revisitar nuestras opiniones y/o cambiarlas? Visto de esta forma, nuestras mentes serían como una computadora sin antivirus.

Lo anterior es el equivalente, en esta metáfora digital, a que nuestra mente se aferrara a funcionar como esta computadora pese a los avances tecnológicos:

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Basar nuestra opinión política en creencias y certezas personales suele crear personas soberbias, tercas, cerradas, pero sobre todo, con una alta carga de ignorancia para compartir en redes sociales. Así, el virus del dogma enferma la mente y en vez de informar, desinforma.

Tampoco es que aporte nada al mundo, como bien apuntó en su momento Terry Eagleton:

Si es verdad que necesitamos un cierto grado de certeza para conducirnos, también es cierto que mucho de ello puede ser letal.

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El dogma no permite la actualización de la mente, sino que comprime toda nueva información para que quepa en nuestras creencias absolutas. Es una especie de miedo a lo desconocido, pero con consecuencias graves en la psique colectiva y por supuesto, en el rumbo de una civilización. 

¿Por qué? 

Porque todas estas opiniones –la mayoría falsas o carentes de lógica política– las compartimos en redes sociales, y así alimentamos las mentes de otros con información de la que no estamos seguros (si bien va la cosa). Por otro lado, puede ocurrir que te topes con otro dogmático que te elimine de Facebook porque no das crédito a su opinión, y entonces la polarización se vuelve un tema nacional.

 

Síntomas de dogmatismo

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Detectar si alguien (o tú mismo) padece el virus del dogma es sencillo y puede regalarnos algunas carcajadas. De paso, ubicar a los infectados puede ayudarnos a purgar, de entre la ola de opiniones, las que realmente son relevantes. Y seamos honestos: si queremos avanzar como una sociedad plural y democrática, hay que aprender a escuchar.

Estos son algunos síntomas de los dogmáticos:

 

1. No argumentan bien y evaden conclusiones

Este es el clásico síntoma de quien defiende sus creencias porque en realidad defiende su ego. Probablemente debatir con alguien así no sea muy buena idea, pues sus posiciones serán monolíticas y casi siempre muy abstractas.

Por ejemplo, si les preguntas ¿Por qué votar por un independiente?, el dogmático responderá algo como Porque no es parte de lo mismo. Y si te atreves a preguntar ¿Pero cuáles son tus argumentos?, dirá algo como Porque no son parte de los mismos que siempre hacen lo mismo.

Ah. Ok.

Eso cuando bien te va. Porque podría sólo darle “compartir” a la fuente de otro amigo en Facebook sin revisar las fuentes, y argumentar que es ateo de los partidos políticos y por eso no vota. Entonces, todos somos parte del mismo país, ¿pero cuando es tiempo de defenderlo nadie vota?

 

2. Jamás dicen que no saben

Imposible admitir que algo no se sabe: eso es una cosa que sólo las personas dispuestas a aprender harán. Quien padece un virus de dogmatismo no está dispuesto a verse “inferior” ni, mucho menos, a dejar ver que puede aprender algo nuevo del otro.

Por ejemplo, se puede negar insistentemente que los fraudes ocurren, en vez de discutir cuáles podrían ser las razones de que sucedieran o las consecuencias. Ante los argumentos, el dogmático sólo negará.

 

3. Polarizan todo el tiempo

La forma favorita del infectado dogmático para afrontar un debate es polarizar.

Podemos estar hablando tranquilamente sobre qué proponen los candidatos en México para el medioambiente, o incluso sobre si han estado acercándose a gente de poco fiar. Pero de pronto, el dogmático hablará sobre aquellos que quieren implantar algún modelo de sociedad indeseable (aunque ello implique hacer comparaciones un tanto graciosas).

Y no importa qué argumentos les presentes, los dogmáticos seguirán polarizando para no “perder”.

 

4. Tratan la afiliación partidista como algo sagrado

Un dogmático jamás te dirá cosas malas o que no le gusten de su afiliación política. Quizá todo gire, más bien, sobre las mentiras que dicen los otros (no sólo los oponentes políticos, sino la gente “de a pie” con buenos argumentos). El punto es que nada será cierto y nadie tendrá razón en nada.

Incluso si la “alternancia” falló, será más importante concentrarse en el peligro que representa lo demás.

 

5. Apatía política: “todos son lo mismo”

Los que hablan de “todos son lo mismo” o “nada va a cambiar”, en el fondo son igual o incluso más dogmáticos que los demás. Defienden esta postura férreamente, y nada los convencerá de la posibilidad de hacer algo (ya no digamos sólo votar).

Quienes tratan así el problema, no se convencerían de lo contrario ni siquiera si en su país hubiera cambios significativos gracias a un giro en la política. 

Entonces, ¿qué?

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¿Qué hacer si has contraído el virus?

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Protégete. Instala un antivirus en tu cerebro y ocúpate de actualizarte lo más pronto posible. Haz caso omiso a las fake news, lee muchos tipos de fuentes asegurándote de que sean confiables y, sobre todo, investiga conceptos y bases ideológicas, políticas y económicas para que nadie te acuse de dogmático. 

Jamás, pero jamás, dejes de escuchar a los otros ni de ser capaz de cambiar de opinión y nunca olvides que como tú hay millones de dogmáticos que, juntos, mutan en otro bicho: el virus de la desinformación