Se dice que el próximo domingo 1 de julio será  la elección más grande en la historia de México –se van a elegir 3,400 cargos públicos, incluidos el presidente, gobernadores, senadores, diputados, presidentes municipales y alcaldes–. En los últimos meses los ciudadanos hemos sido bombardeados con información desde diferentes flancos: la radio, la televisión, la prensa escrita, los espectaculares, las bardas pintadas, las banderas, las playeras, las gorras, etc. Nuestras vidas han transcurrido en medio de este fuego cruzado que sucede entre el deseo de muchos políticos que buscan cargos públicos para seguir subiendo en el escalafón de poder, con todo lo que eso representa.

En el caso de Oaxaca, como en muchos otros estados, es interesante ver que diversos actores políticos tienen poco conocimiento sobre lo que significa ser un “servidor público” y más bien se sirven de ese puesto, que en teoría está diseñado para enfrentar problemas públicos y mejorar las condiciones de vida de la población. La congruencia es la gran ausente en la vida de estos personajes que sueltan palabras al aire, y sus acciones representan todo lo contrario. Vemos cómo brincan de partido en partido por el simple hecho de que no fueron los “elegidos”, sin importar lo que eso podría significar en términos de una supuesta congruencia. En muchas localidades de Oaxaca las personas están cansadas de los altos niveles de corrupción, la indiferencia de los políticos ante la situación que enfrentan día con día y el desconocimiento de la problemática real que viven. 

Pero más allá de los que buscan los distintos cargos públicos estamos los ciudadanos, comunes y corrientes, y de acuerdo a nuestro sistema electoral nosotros decidimos quiénes ocuparán dichos puestos. Muchos de estos ciudadanos están esperando el domingo para ejercer su voto y dar la confianza a quien llegue, para que “ahora sí” empiecen a cambiar las cosas en nuestro país. Esto es algo muy común que se repite cada vez que hay elecciones, y especialmente ahora que viene la presidencial.

Ha sido un proceso electoral donde la ignorancia y el miedo han sido dos factores que se han movido entre los ánimos y sentimientos de las personas. Es interesante que los propios partidos circulan información que pretende desviar la atención de los problemas reales que suceden en nuestro país, y muchas personas no se toman el tiempo de informarse bien sobre lo que vive el país en su cotidianidad; más bien, se enfocan en repetir y repetir lo que los propios políticos ponen literalmente en sus bocas, cerrando los ojos ante lo que sucede en su nariz. Más allá de la ignorancia que esto representa, es imposible tapar con un dedo que en México existen grandes problemas de desigualdad (concentración de riqueza e incremento de pobreza), corrupción, inseguridad, pérdida de identidad y muchos retos más que han sido generados por el propio sistema político, pero a su vez también por la misma ciudadanía, quienes hemos permitido que esto ocurra; se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad, y por tal razón el miedo al cambio es un arma muy poderosa que utilizan los grupos de poder…

Más allá de la decisión de tu voto este próximo domingo, te invito a pensar qué vas a hacer el 2 de julio cuando te despiertes y empieces a bajar de la euforia electoral. Si estás esperando a que las personas que lleguen a los distintos cargos públicos cambien tu realidad y, mientras tanto, tú seguir viviendo igual… será muy difícil un cambio; nuestra realidad va a cambiar cuando dejemos de esperar del sistema y desde nuestro espacio social hagamos algo para cambiarlo. Aquí comparto algunas ideas que podemos empezar a practicar, más allá de cualquier elección:

  • Actuemos de manera comunitaria y pensemos en lo colectivo, dejemos atrás el sentido de individualismo que este sistema nos impone.
  • Reconozcamos la riqueza cultural que tenemos como país y sintamos orgullo por lo que representa.
  • Respetemos y aprendamos de los pueblos originarios, que a lo largo de los siglos nos han mostrado el verdadero valor de las cosas y el sentido comunitario de la vida.
  • Informémonos sobre las diferentes problemáticas que enfrenta nuestro país, para contar con elementos que nos permitan cambiar las cosas.
  • Generemos cambios desde nuestros espacios sociales y seamos congruentes entre nuestro pensar y nuestro actuar.
  • Fortalezcamos nuestra soberanía alimentaria produciendo y comprando productos mexicanos que sean benéficos para nuestra salud, e impulsemos las economías locales.
  • Preocupémonos por la educación de nuestros hijos con el propósito de darles herramientas que les permitan enfrentar este mundo, que cada vez representa nuevos retos.
  • Revaloremos nuestras relaciones como seres humanos, enfoquemos nuestra energía en lo que realmente vale la pena en la vida y pongamos en un segundo plano nuestro ímpetu por generar “riqueza”.
  • Defendamos nuestros territorios y cuidemos nuestros recursos naturales, que son lo que nos permite contar con un espacio digno para vivir.
  • Exijamos a los que resulten electos que sean verdaderos servidores públicos, y unámonos como sociedad para señalar los actos de corrupción.

Muchas veces he escuchado decir a las personas que las “acciones cotidianas ciudadanas” no tienen impacto en un país; creo que esto es un gran error y muchos políticos quieren que pensemos de esa forma. Créanme que las “acciones cotidianas ciudadanas” SÍ tienen un impacto profundo,  justo porque son cotidianas; no sólo tienen que ver con la fecha de la votación sino con las acciones diarias que se repiten y se repiten hasta que se crean hábitos que impactan primero en nuestra familia, luego en nuestra colonia, después en nuestro municipio, pasando por nuestro estado, fortaleciendo nuestro país y construyendo un mundo más justo.

Por las generaciones que vienen detrás y merecen una vida digna…