Un México resiliente: compromiso de todos

Hoy más que nunca, es indispensable que las ciudades se adapten a los desastres naturales con el fin de mitigar su impacto negativo a largo plazo.

*Por Gustavo Murillo

 

Los efectos del cambio climático han provocado daños irreversibles en el territorio mexicano y en sus habitantes. Hoy más que nunca, es indispensable que las ciudades se adapten a los desastres naturales con el fin de mitigar su impacto negativo a largo plazo. En lo particular, el Gobierno Federal de México ha tomado una serie de medidas que apuestan a la planificación urbana a largo plazo y al aumento de la resiliencia, definida en la Ley General de Protección Civil como la capacidad de un sistema, comunidad o sociedad potencialmente expuesta a un peligro para resistir, asimilar, adaptarse y recuperarse de sus efectos en un corto plazo y de manera eficiente (Ley General de Protección Civil, 2017, artículo 2°). Si bien estas medidas contemplan la participación de ciertos actores relevantes, la coordinación de éstos (incluidos los gubernamentales) aún presenta grandes áreas de oportunidad. 

Este artículo discute la importancia de dos tipos de coordinaciones esenciales para la efectividad de las políticas o acciones encaminadas a construir resiliencia urbana: la coordinación intersectorial dentro de la administración pública y la coordinación público-privada. 

 

La importancia de la coordinación para la resiliencia

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El concepto de resiliencia contiene tres características inherentes (Berkes et al, 2003): 

  1. Cantidad de cambio o transformaciones que un sistema complejo puede soportar manteniendo las mismas propiedades funcionales y estructurales. 
  2. Habilidad del sistema complejo para desarrollar e incrementar la capacidad de aprender, innovar y adaptarse.  
  3. Grado en el que el sistema complejo es capaz de autoorganizarse. 

La resiliencia urbana se entiende entonces como la capacidad de un gran número de actores pertenecientes a una ciudad no sólo para resistir y adaptarse a problemas socioambientales, sino también para innovar y transformarse. Por ello, este trabajo se propone visualizar cada problema socioambiental como un sistema complejo que requiere el involucramiento del gobierno, ciudadanos, empresas y otras partes interesadas. Dado el contexto anterior, la coordinación de todas estas partes se vuelve indispensable para llevar a cabo cualquier estrategia de sostenibilidad. De aquí en adelante, entenderemos coordinación como la articulación de esfuerzos y medios provenientes del sector público, privado, sociedad civil y academia, cuyo objetivo será el intercambio de información y la alineación de agendas para el logro de la resiliencia urbana en México.  

 

2 vías para la coordinación: intersectorial y público-privada

Recientemente, administraciones públicas de distintos países han transformado una gran parte de sus procesos internos, principalmente en la forma en que diseñan e implementan políticas públicas. Uno de los grandes cambios es la descentralización del gobierno y los esfuerzos para empoderar a actores que van más allá del sector público (Walsh y Stewart, 1992; Peters, 2004). Así, en el marco de la gobernanza se ha buscado la participación de organizaciones de la sociedad civil en la toma de decisiones gubernamentales, entendiendo los grandes aportes que éstas pueden realizar. Dentro de esta nueva lógica de la acción pública, dos tipos de cooperaciones cobran relevancia para el desarrollo de acciones en temas de sostenibilidad: la coordinación intersectorial de la administración pública y la coordinación público-privada.

 

Cooperación intersectorial de la administración pública

Según Eugene Zapata-Garesché, director regional de la iniciativa 100 Ciudades Resilientes, uno de los principales retos dentro de los gobiernos es dejar de ver los problemas de las ciudades con un enfoque sectorial. Históricamente, las Secretarías de Estado en México han desarrollado presupuestos y planes de trabajo independientes, aun cuando algunos temas, principalmente socioambientales, requieren de la participación y comunicación de más de una de ellas. Para ilustrar, la Ciudad de México presenta una grave escasez de agua, lo que ha provocado que una gran cantidad de personas no gocen de su derecho fundamental establecido en el artículo 4° constitucional, relativo al acceso, disposición y saneamiento de agua. Este problema no ha podido ser completamente atendido por la falta de coordinación entre los distintos organismos gubernamentales que de una manera u otra, con distintos mandatos, inciden en la materia (la Comisión Nacional del Agua, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, el Sistema de Aguas de la Ciudad de México, entre otros).

Ante casos como el citado, los gobiernos de algunos países han adoptado medidas para obligar a sus secretarías a unir esfuerzos para el cumplimiento de los objetivos nacionales. Por ejemplo, en Estados Unidos se creó la Ley de Eficacia y Rendimiento del Gobierno (GPRAMA por sus siglas en inglés) para promover la colaboración entre Secretarías de Estado, permitiéndoles consultar y compartir información para operar y crear políticas públicas en conjunto. Lo anterior muestra cuán importante se ha vuelto establecer instituciones flexibles que cuenten con un sistema de generación de información útil y que sean capaces de autoorganizarse. 

 

Cooperación público-privada

El objetivo final de la resiliencia urbana es mejorar el bienestar de los ciudadanos dentro de una localidad o región específica. Por lo anterior, es indispensable fortalecer la cooperación público-privada (relación entre gobierno, sector privado y sociedad civil) para incentivar a la sociedad civil a tomar un rol activo en el fortalecimiento de las ciudades. Por ende, los espacios de participación ciudadana se vuelven fundamentales, a fin de lograr un esquema de gobernanza más horizontal que dé voz a todos los actores interesados y que al mismo tiempo resuelva una de las principales restricciones que enfrenta el diseño de políticas públicas: la falta de información relevante (Merino, 2008).

Dentro de este tipo de cooperación, es necesario resaltar la importancia de la llamada gestión en la frontera (boundary management) propuesta por Cash (2003), haciendo alusión a la correcta gestión del conocimiento científico ligado a temas de sostenibilidad. Lo anterior es sumamente relevante dentro de los espacios de participación ciudadana, principalmente en cuanto a intercambio de información se refiere. Dicha gestión se caracteriza por tener una buena comunicación, traducción y mediación.

En el caso de México, existen Consejos Consultivos Nacionales en materia agropecuaria y ambiental, un espacio de participación ciudadana creado en 1995 con el objetivo de cumplir con el compromiso asumido en 1992, en el marco de la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro. Los consejos promueven la interacción entre actores provenientes de diferentes sectores, con gran interés en la política y gestión ambiental gubernamental. Sin embargo, hasta el momento su difusión y funcionamiento han pasado desapercibidos.

Por último, es indispensable que el Gobierno Federal continúe adoptando un pensamiento resiliente, consciente de que los problemas socioambientales son realmente complejos y de que sus soluciones requieren del trabajo en equipo de un gran número de actores. Fortalecer las cooperaciones mencionadas a lo largo de este trabajo permitirá, entre otras cosas, tomar decisiones más legítimas, mejorar la comunicación entre expertos y tomadores de decisiones, y por supuesto, mejorar la calidad de vida de los mexicanos. Incluso, se recomendaría la creación de una oficina de coordinación multisectorial que cree conciencia, difunda conocimiento en temas socioambientales y articule agendas entre las partes interesadas. Es compromiso de todos lograr implementar satisfactoriamente las estrategias propuestas para construir un México resiliente. 

 

* Referencias: 
Berkes. F., J. Colding y C. Folke. (2003). Navigating social–ecological systems: building resilience
for complexity and change. Cambridge University Press, Cambridge.
Cash, D. (2003). “Knowledge systems for sustainable development”. Proceedings of the National
Academy of Sciences, 100(14), 8086-8091.
Hevia, Felipe, Vergara-Lope, Samana y Ávila Landa, Homero. (2011). “Participación ciudadana en
México: consejos consultivos e instancias públicas de deliberación en el gobierno federal”. Perfiles
Latinoamericanos, 19(38), 65-88. Recuperado el 07 de agosto del 2017, de
www.scielo.org.mx.
Merino, Mauricio. (2008). “La importancia de la ética en el análisis de las políticas públicas”. Revista
del CLAD Reforma y Democracia, Junio-Sin mes, 5-32. 
Pollock, J, Torres, B y Ramos, S. (2017). “Resiliencia urbana en América Latina: Una guía breve para
autoridades locales”. Fundación Idea. Recuperado el 07 de agosto del 2017, de
http://fundacionidea.org.mx/UrbanResilience_PolicyBrief_170417_Esp.pdf.

 

* Fotografía principal: Santiago Arau

México Sostenible
Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


Los retos ambientales del próximo sexenio para México

Necesitamos un gobierno que vea en cada mexicano a un guardián de la naturaleza.

Actualmente, el sector ambiental en México se encuentra en una profunda crisis. A nivel mundial, estamos catalogados como el cuarto país más peligroso para los activistas ambientales. Tan sólo el año pasado ocurrieron 17 asesinatos de defensores ambientales. Uno de los casos más sonados fue el de Isidro Baldenegro, a quien lo acribillaron por defender durante 30 años los bosques del pueblo rarámuri en Chihuahua. Otro caso fue el de Manuel Gaspar Rodríguez, quien luchó contra la imposición de una subestación eléctrica en Cuetzalan. Una investigación reciente de la UNAM señala que hoy en día existen más de 500 conflictos socioambientales en todo el país. El diagnóstico es claro: las cosas no cambiarán si seguimos aplicando las mismas recetas. 

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La vaquita marina fue otra víctima de la mala gestión ambiental porque, hay que decirlo sin rodeos, es una especie extinta. Aunque una decena de individuos sobrevivirá, la especie desaparecerá por la falta de variabilidad genética. Resulta oportuno hacer un análisis para explicar las causas de esta tragedia ambiental, ya que la vaquita no es un caso aislado, sino uno de muchos. Otras especies se encuentran en peligro a lo largo y ancho del territorio. El axolote de Xochimilco no tarda en seguir el camino del cetáceo. Los arrecifes del Caribe mexicano han perdido el 80% de su cobertura de corales. No hace mucho, el presidente aprobó el decreto de la Reserva de la Biosfera Gran Caribe, pero 1 año antes recortó el presupuesto para la Comisión de Áreas Naturales Protegidas, y así es el nivel de simulación que impregna al sector. 

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Río Sonora/Foto: Expansión

El caso de los 40 mil metros cúbicos de lixiviados de sulfato de cobre que se vertieron en el arroyo Tinajas en Sonora y afectaron al río Bacanuchi y al río Sonora, será otra de las situaciones que conformarán nuestra tragedia ambiental. El derrame afectó a 22 mil personas de los municipios colindantes con los ríos. Los afectados siguen sin recibir todas las compensaciones correspondientes para subsanar este desastre, que afectó su salud y sus formas de vida. Vale la pena recordar que Grupo México fue el responsable del suceso, y que Germán Larrea (presidente del consorcio) es considerado el segundo hombre más rico del país. El caso de la minería requiere una reflexión seria por parte de los legisladores y de la sociedad. Un estudio reciente de Fundar detectó que en la mayor parte de los municipios donde se extrae oro y plata, el nivel de pobreza de las personas es mayor al promedio nacional. En otras palabras, los beneficios de la minería son inexistentes para los mexicanos, pero debemos asumir los impactos ambientales a corto y largo plazo.

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El último caso, y el más reciente, es el de la cervecera en Mexicali. La empresa americana Constellation Brands quiere instalar una fábrica en ese municipio, para lo cual va a requerir 20 millones de metros cúbicos de agua anuales para poder funcionar. Los ciudadanos siguen luchando para que las autoridades hagan efectivo su derecho humano al agua. No obstante, el gobierno local ha optado por la represión para disolver las quejas de los ciudadanos. Según la Conagua, el acuífero del valle de Mexicali esta sobreexplotado, lo cual debió ser un criterio suficiente para impedir la instalación del consorcio. Los problemas parecen no terminar, y podría seguirme, porque la lista no termina, pero la pregunta a todo esto es: ¿cómo renovar el sector ambiental para hacer frente a los retos que tiene México? 

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Flickr: Lon&Queta/CC

Existen dos acciones clave para mejorar el sector ambiental del país: la primera es aumentar el presupuesto a la dependencia encargada de atender el tema, y la segunda es reconocer a la sociedad civil como uno de los aliados más fuertes para promover una mejor toma de decisiones. El cambio de régimen que se aproxima representa una oportunidad para empezar a probar esquemas de colaboración diferentes entre el gobierno y la sociedad, que permitan una mejor gobernabilidad del territorio. De forma paralela, es momento de cambiar el estilo reactivo del sector a uno preventivo. Social y ambientalmente hablando, es más económico prevenir que remediar. La ausencia de una coordinación intersecretarial es uno de los detonantes de problemas socioambientales más recurrentes. Es absurdo que en 63 de las 177 Áreas Naturales Protegidas existan concesiones de minería. WTF? 

Es momento de que la Semarnat se quite el antifaz de la conservación pura que le fue asignado desde su nacimiento. Necesitamos una Semarnat más social: una secretaría que entienda a los pescadores de las áreas marinas protegidas, a los ejidatarios que desean aprovechar sus bosques y a los ganaderos (dueños de la selva) que necesitan mejorar su productividad para no deforestar. Necesitamos una Semarnat que vea en cada mexicano a un guardián de la naturaleza: llegó el momento de socializar el ambiente.

 

*Autor

Erick Alberto Rodríguez  

@erkrodriguez_

Estudia el Posgrado en Ciencias de la Sostenibilidad en la UNAM y es Director General de México Sostenible A.C.: www.mexicosostenible.org.mx

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Autor: México Sostenible
Somos una organización de jóvenes comprometidos con la conservación de la riqueza natural y cultural del país. Integramos un equipo interdisciplinario capaz de analizar diferentes temas de la agenda ambiental, con el fin de generar acciones para fortalecer la capacidad de adaptación de las sociedades frente al cambio climático e incentivar su desarrollo sostenible.


Qué es la resiliencia (y por qué hoy más que nunca importa que lo entiendas)

Este concepto puede hacerte redefinir tu vida.

La resiliencia es la gran prosa que cuenta la historia de la vida en la Tierra. Es una historia que aún no ve su fin: un proceso de desarrollo ininterrumpido. Se trata, a grandes rasgos, del proceso por excelencia de la vida y las posibilidades de su evolución a partir de la adaptación a todo cambio.

La resiliencia es una categoría científica y un concepto vivo (literalmente) hoy día, pues se encuentra asociada a la autorregulación, la supervivencia, la evolución y el equilibrio, palabras que acaso resuenan en el proceso de desarrollo de todo ser vivo.

 

Es decir que en cualquier forma de vida existe resiliencia, sólo que ésta puede variar en su magnitud y velocidad. No todos los organismos son iguales (por ejemplo una ciudad o una comunidad), pero todos tienen un cierto grado de resiliencia. 

Ejemplos de resiliencia en la naturaleza los tenemos también en:

  • La tierra, la cual vive procesos de erosión natural de los cuales se recupera.

Pero sólo el paso de la actividad humana la deja infértil para siempre.

  • Los manglares que proveen un flujo de recursos que sostienen la integridad del hábitat costero.

No obstante, su adaptación al agua y sus sales no será posible si el nivel del mar sigue creciendo como está creciendo.

  • La genética, que hace posible la diversidad faunística mediante la evolución.

Pero la caza de animales para confección de ropa y producción de alimentos, así como la invasión a sus hábitat, está promoviendo la extinción de muchos de ellos. 

¿De qué nos sirve saber esto?

La resiliencia es parte intrínseca de la vida y su desarrollo. Es también cuna de la biosidversidad y de sus ciclos:

 

Pero el concepto de resiliencia debe ser adaptado a las condiciones actuales. Hoy en día no se puede comprender el mundo sin entender sus alteraciones. La más grande de esas alteraciones… nosotros mismos. Los ecosistemas ya son, en gran medida, organismos socioecológicos, y viceversa: la sociedad es primigeniamente una suerte de ecosistema hiper-modificado.

Esta interacción entre humanos y ecosistemas es una relación compleja repleta de lazos, cual si fuera un tejido compacto. En ella, lo que predominan son los impactos humanos a factores muy sensibles de la naturaleza, es decir: a su resiliencia.

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Si la resiliencia es la posibilidad de aprender a vivir con el cambio y la incertidumbre, y es algo innato en todas las formas de vida, significa que nosotros también lo debemos poner en práctica, de manera consciente. Si lo hacemos, podemos evitar las principales consecuencias que tiene nuestro paso por la Tierra:

  • Reducción de la biodiversidad

  • Extinción de la fauna

  • Secamiento de lagunas

  • Erosión de la tierra

  • Cambio climático

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Debemos concentrar nuestros esfuerzos, entonces, a generar una vida lo más sustentable posible. Las actividades económicas son sostenibles solamente si los ecosistemas que soporten la vida (y de los cuales somos dependientes), tienen un adecuado nivel de resiliencia y no los perturbamos. Por eso, la resiliencia, la sustentabilidad y la vida van de la mano.

 

¿Por qué es importante?

Ser resilientes es volver a los principios de autorregulación y evolución naturales de la biósfera. Debemos entender que hay recursos finitos, o que pueden ser fácilmente perturbados, y que por ende debemos mimetizarnos con los patrones de la naturaleza, de otro modo. Nuestras sociedades deben ser más cercanas a los ecosistemas en su regulación, y menos disruptivos de la armonía de la Tierra; deben ser capaces de volcar su atención a las capacidades, valores y atributos positivos que como ser humano o sociedad poseen, y dejar las debilidades solo como objeto de estudio. 

Por eso el concepto de resiliencia es aplicable también en la psique; a los procesos a través de los cuales afrontamos los eventos traumáticos, como la muerte de un cercano. Esa resiliencia espiritual es difícil de obtener: puede llegarse a ella, por ejemplo, a través de la meditación. Pero también debe ir acompañada de un enfoque resiliente ecológico, pues de éste depende nuestra supervivencia. Ya que, si seguimos tomando de la naturaleza lo que no podemos restituir, será imposible llegar a cualquier grado de resiliencia, llámese espiritual o material.

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Es urgente comprender este concepto tan orgánico como vital, y sobre todo aplicarlo en nuestra praxis cotidiana. De ello depende la supervivencia de todas las especies del mundo, incluidos nosotros. Aprender algunas lecciones desde quienes se enfrentan constantemente a situaciones adversas, incluso a riesgos de extinción podría ser una buena forma de contribuir a fortalecernos como seres resilientes.

Es el caso de las comunidades indígenas, cuyas prácticas y forma de organización comunitaria son esencialmente resilientes y han logrado introducir su cultura primigenia en la vida contemporánea, que cada vez se aleja de esta riqueza y se acerca a una suerte de cultura global de poca profundidad, donde los valores y los hábitos esenciales para la supervivencia se ven diluidos por la capacidad de poder, y en suma se obtienen organismos sociales que desconocen su origen y el cómo se ha ido construyendo, teniendo por resultado que su capacidad de sobrevivir se reduzca al mínimo. 

Los seres resilientes deben tomar en cuenta a toda costa lo anterior: establecer sus propias reglas para no diluir los ingredientes que están reforzando su pervivencia (por ejemplo la cultura y la tradición para una sociedad), y entender que esta necesidad, la de entablar una conexión con el origen, debe obedecer a las necesidades mismas de la naturaleza, a sus ritmos. 

 

*Referencias: Al mal tiempo, buena resiliencia