Recientemente México ha tomado un camino que va a contracorriente de la crisis climática. Distintas acciones demuestran que poco a poco el país se aleja del Acuerdo de París. El gobierno está haciendo lo que considera justo, pero el planeta nos reclama reorganizar la vida colectiva porque ésta va más allá de las decisiones de un solo individuo. 

Es cierto: un país democrático elige a su representante con miras a que éste sepa representar la voz de la sociedad. Los ámbitos son diversos: economía, política nacional e internacional, salubridad, educación y el que ahora se ha convertido en el más importante: el medioambiente.

Esta puede ser una afirmación arriesgada, pero la única razón por la cual se coloca al medioambiente en primer lugar de importancia es porque sin él lo demás no existiría. El propósito no es caer en el fatalismo, sino considerar la importancia de la cadena. No somos seres particulares, provenimos de una conexión con millones de organismos, partículas, bacterias y polvo cósmico que se caracteriza por ser especialmente frágil.

Tiene que importarnos este equilibrio. No obstante, México sigue virando hacia el camino equivocado. La economía sigue tomando el lugar principal en la agenda nacional, arriesgando todo a su paso y reduciendo las posibilidades de generar cambios sustentables.

 

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México frente a la crisis climática 

México pende de un hilo para continuar en la carrera por enfrentar la emergencia climática. En primer lugar, una propuesta energética dependiente de los hidrocarburos y el carbón. En segundo lugar, las dudas sobre las licitaciones de energías limpias. En tercero, los proyectos de refinerías, trenes e infraestructura que aseguran un resurgirmiento de la economía mexicana a costa del medioambiente.

Ahora, una modificación de los Certificados de Energía Limpia (CELs) sepulta el desarrollo de las energías renovables y una posibilidad de sustentabilidad.

Hoy en día, el 24% de la producción total de energía proviene de energías limpias. La meta planteada por México para los próximos años es elevar esta cifra a un 35% y disminuir un 22% las emisiones de CO2 para cumplir con su compromiso en el Acuerdo de París, en el cual se establecieron medidas en torno a la resiliencia y adaptación de los países frente a la crisis climática.

El interés en producir un cambio apunta hacia una producción de energía libre de la inversión privada. Hasta ahora, el 55% de la energía la produce la CFE y el resto proviene de fuentes privadas. El director de la CFE, Manuel Bartlett, anunció que “la electricidad es un derecho humano que no puede estar en las manos de privados”.

En esto estamos totalmente de acuerdo: crear un equilibrio en la producción de energía es importante para que el recurso no sea de unos cuantos. La idea surge con un propósito bueno; sin embargo, se desvía cuando intenta sostener un panorama de hidrocarburos que equivale a ponerse una soga al cuello en estos tiempos de crisis climática.

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El reto de México hacia la sostenibilidad

Este es el verdadero reto de la evolución hacia una sostenibilidad: crear un equilibrio entre los propósitos económicos y el bienestar del lugar que nos presta los recursos. El único objetivo que se toma en cuenta son los beneficios económicos, y claro que es algo que no podemos menospreciar, pero explotar recursos con fines económicos sin tomar en cuenta las futuras consecuencias podría ser contraproducente. 

No debemos olvidar el riesgo real que acarrea el crecimiento de una industria que amenaza directamente la estabilidad de la vida. De acuerdo con la ONU, la inversión en energías renovables en México cayó 38% en 2018 y para 2020 no hay buenos augurios. 

En 2020 México tendrá que presentar un plan para aspirar a un “aprobado” en el Acuerdo de París. No obstante, la responsabilidad climática trasciende la política nacional e internacional. Hacer que el camino hacia la sostenibilidad no se quede en un mero compromiso es un tema colectivo, no sólo de unos cuantos. 

Las aprobaciones de organizaciones y acuerdos internacionales son un recordatorio constante de lo que está en riesgo. No se debe cumplir por quedar bien internacionalmente, sino porque la estabilidad del lugar que habitamos se balancea en la cuerda floja. No hay forma de hacer crecer una industria de producción de petróleo sin orillar al planeta a un abismo, eso es un hecho.

México está buscando rescatar la industria petrolera nacional y fortalecer a Pemex. Este, en un principio, puede ser el medio adecuado para plantear un camino hacia las energías renovables, pero lo más adecuado sería encontrar otro mecanismo de reorganización social que no dependa de un sistema de energía fósil.

 

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