La Antártida es un territorio colonizado por el espacio. Ahí, la NASA y otras agencias espaciales han encontrado más de 20,000 meteoros. Y es que las condiciones de ecosistemas gélidos o desérticos funcionan como una caja, que preserva intactos los cuerpos celestes que caen desde el espacio.

 

Una antropología del universo

Fue en este continente helado donde se encontró un meteoro que guardaba un secreto en su interior: el fragmento de un cometa.  Tras minuciosas observaciones, un equipo internacional de científicos, dirigidos por investigadores españoles de la Universitat Politècnica de Catalunya, encontraron el diminuto fósil en este meteoro, que ha sido atesorado por la NASA durante años y cuyo nombre es La Paz 02342.

El núcleo de los cometas está constituido por materia estelar y hielo.
Su estela es una atmósfera formada de gas y polvo.

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CSIC-IEEC/NASA

El fósil estelar encontrado en el meteoro antártico es tan pequeño –de apenas 100 micras– que fue necesario usar tecnología que permite realizar sondeos electrónicos a escala nanométrica. Pero queda una pregunta…

 

¿Cómo llegó ahí?

El meteoro está compuesto por una mezcla inusual de materiales orgánicos, incluidos granos presolares sintetizados en estrellas, los cuales enriquecieron los materiales primigenios de nuestra galaxia. Esto hace de todos estos cuerpos estelares una especie de “cápsula del tiempo”, misma que permite conservar muchos de los elementos presentes en el universo, incluidos los volátiles cometas.

Los asteroides, que son el material del que proviene la mayoría de los meteoros, también tuvieron un proceso de desarrollo. Según los científicos, La Paz 02342 viene de un asteroide que aún se encontraba en crecimiento hace más de 3 millones de años. Dicho asteroide capturó al pequeño cometa y lo alojó en una zona que posteriormente se desprendería, convirtiéndose en un meteoro.

Así que no estamos sólo ante un trozo de poesía cósmica pura, sino también ante la posibilidad de conocer más de la química del universo temprano, época en la cual este cometa se paseaba antes de ser absorbido por un asteroide –imagen que, por lo demás, tiene su parte lúgubre–. Nos encontramos ante una emocionante antropología del universo que nos hace preguntarnos…

¿Será que algún día terminaremos de desentrañar los secretos del cosmos?

 

* Imagen principal: María del Sol Hernández-Bernal, edición Ecoosfera