Cayó un meteorito en Michoacán (y así se vio)

La caída del meteorito en Uruapan causó un sismo leve y una falla generalizada en las telecomunicaciones.

Muchos meteoritos suelen desintegrarse en la atmósfera, antes de llegar a la Tierra. Pero el domingo a las 21:00 horas, un meteorito aterrizó intempestivamente en Uruapan, en territorio mexicano. Esto provocó temor no sólo en los habitantes de Michoacán, sino incluso en los de otros estados, como Jalisco y Guerrero, en cuyos cielos se pudo apreciar el brillo azul del insospechado cuerpo celeste. 

La caída del meteorito en Uruapan causó un sismo leve y una falla generalizada en las telecomunicaciones. No obstante, tras el susto y el pormenor, vale la pena observar las fotografías y videos que que se pudieron tomar de este acontecimiento único. Y es que pocos son los meteoritos cuya caída ha quedado registrada: hasta 2006, se contaban apenas 1,050.

Pero además de este romanticismo cósmico habría que agregar algo sobre este acontecimiento, y es que ocurrió en una zona del país donde, en los últimos días, han sucedido una gran cantidad de incendios forestales. Lamentablemente éstos han sido provocados por la disputa en torno a las tierras de cultivo del aguacate, por lo cual muchos usuarios en redes sociales, así como activistas, han pedido que se decrete emergencia ambiental en la región.

Parece que el cosmos nos quiere decir algo…

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¿Qué son las recientes bolas de fuego que han aparecido en los cielos de Australia y México?

Últimamente se han visto varios brillos en el cielo alrededor del mundo. ¿Por qué?

El cielo de Australia se iluminó dos veces durante este mes, y más de uno se preguntó a qué se debieron tales relampagueos nocturnos. La primera bola de fuego fue captada en la madrugada del lunes 20 de mayo en el norte, mientras que la segunda se presentó el miércoles en el sur del país.

En México también se pudo ver una bola de fuego en el cielo, en la zona donde se encuentra la ciudad de Uruapan, en el estado de Michoacán, la noche del 26 de mayo.

Lo cierto es que, la mayoría de las veces, estos brillos no son sino meteoritos impactando en la atmósfera de la Tierra. De hecho, se trata del preciso momento de su desintegración. Algo por demás poético, ¿no crees?

El relampagueo previo a la desintegración de un meteoro es producido por la presión del choque en la atmósfera, lo cual hace que aumente la temperatura alrededor del objeto estelar, calor que después se transfiere a éste. Como esto ocurre generalmente a más de 100 kilómetros sobre la superficie de la Tierra, y ya que los meteoros suelen ser demasiado pequeños, es difícil poder percibir bolas de fuego como las que se vieron en Australia y en México este mes.

Hasta 2006 sólo había quedado registrada la caída de 1,050 meteoros.

Así que ver una bola de fuego es algo relativamente raro.

En ocasiones, las bolas de fuego pueden ser producidas por el mismo fenómeno de presión atmosférica; sólo que no sobre un meteoro, sino sobre restos de basura espacial, conformada por restos de satélites –algo que, por cierto, es señal de que también hemos contaminado el espacio–. Tal podría ser el caso de la bola de fuego que se apreció en Uruapan, según investigadores de la UNAM, aunque creen que pudo tratarse de un auténtico meteoro, desprendido de un asteroide.

Estos sucesos nos recuerdan que nuestro planeta es parte de un gran todo: del universo, un lugar del que aún sabemos muy poco y donde cada segundo pasan muchas cosas. No obstante, los meteoritos no implican un riesgo para el planeta ni para la civilización. Impactos que pudiesen poner en peligro a la Tierra tendrían que venir por parte de asteroides masivos, lo que puede pasar mañana, en millones de años o nunca.

Por ahora parece más probable que otras cosas –como nosotros mismos– ocasionen la extinción de la vida. Así que puedes disfrutar tranquilamente de estos poéticos y brillantes fenómenos que son las caídas de meteoros en la Tierra.



Poesía cósmica: hallan meteoro en la Antártida que contenía un cometa en su interior

Pero, ¿cómo llegó ahí?

La Antártida es un territorio colonizado por el espacio. Ahí, la NASA y otras agencias espaciales han encontrado más de 20,000 meteoros. Y es que las condiciones de ecosistemas gélidos o desérticos funcionan como una caja, que preserva intactos los cuerpos celestes que caen desde el espacio.

 

Una antropología del universo

Fue en este continente helado donde se encontró un meteoro que guardaba un secreto en su interior: el fragmento de un cometa.  Tras minuciosas observaciones, un equipo internacional de científicos, dirigidos por investigadores españoles de la Universitat Politècnica de Catalunya, encontraron el diminuto fósil en este meteoro, que ha sido atesorado por la NASA durante años y cuyo nombre es La Paz 02342.

El núcleo de los cometas está constituido por materia estelar y hielo.
Su estela es una atmósfera formada de gas y polvo.

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CSIC-IEEC/NASA

El fósil estelar encontrado en el meteoro antártico es tan pequeño –de apenas 100 micras– que fue necesario usar tecnología que permite realizar sondeos electrónicos a escala nanométrica. Pero queda una pregunta…

 

¿Cómo llegó ahí?

El meteoro está compuesto por una mezcla inusual de materiales orgánicos, incluidos granos presolares sintetizados en estrellas, los cuales enriquecieron los materiales primigenios de nuestra galaxia. Esto hace de todos estos cuerpos estelares una especie de “cápsula del tiempo”, misma que permite conservar muchos de los elementos presentes en el universo, incluidos los volátiles cometas.

Los asteroides, que son el material del que proviene la mayoría de los meteoros, también tuvieron un proceso de desarrollo. Según los científicos, La Paz 02342 viene de un asteroide que aún se encontraba en crecimiento hace más de 3 millones de años. Dicho asteroide capturó al pequeño cometa y lo alojó en una zona que posteriormente se desprendería, convirtiéndose en un meteoro.

Así que no estamos sólo ante un trozo de poesía cósmica pura, sino también ante la posibilidad de conocer más de la química del universo temprano, época en la cual este cometa se paseaba antes de ser absorbido por un asteroide –imagen que, por lo demás, tiene su parte lúgubre–. Nos encontramos ante una emocionante antropología del universo que nos hace preguntarnos…

¿Será que algún día terminaremos de desentrañar los secretos del cosmos?

 

* Imagen principal: María del Sol Hernández-Bernal, edición Ecoosfera