10 películas fundamentales en lo que va del siglo XXI

Nuevo canon cinematográfico: 10 películas que se han impreso en el imaginario del siglo XXI y que dicen mucho de nuestra forma de entender hoy la realidad.

Hay películas que se han ganado un lugar en las preferencias de los cinéfilos de manera indiscutible, pero existe mucho más en la pantalla grande que Ciudadano Kane (1941) o Platoon (1986). No es que las películas del “canon” hayan dejado de ser buenas, sino que en el nuevo siglo, las producciones del séptimo arte han sabido reflejar los problemas y esperanzas de las nuevas audiencias.

¿Pero por dónde empezar? ¿Por qué género, por qué país, por qué director?

Este ejercicio no pretende ser exhaustivo, ni evaluar nuestras selecciones de acuerdo a un criterio cerrado. Se trata en su mayoría de películas que han gozado de aceptación crítica tanto en sus países de origen como en el extranjero, aunque se trata sin duda de una oferta dominada por Hollywood.

Además, la idea de “canon” suena a algo viejo y especializado: algo que tal vez le interese a los especialistas, pero no al público en general. Pero al hablar de canon queremos reapropiarnos de la palabra para pensar en películas que han sido influyentes en su género y en otros; que han marcado tendencias o que han tocado temas que luego otras películas han recuperado; que le han dado la vuelta a las premisas clásicas y que, en suma, han ofrecido una gran experiencia para los cinéfilos.

Son el tipo de películas que uno quiere compartir o ver otra vez; aquellas cuyos personajes reflejan aspectos de nosotros mismos, o aquellas que nos inspiran para asomarnos a problemas y realidades nuevas, propias de este nuevo siglo.

Sin más preámbulos, aquí algunas provocaciones cinematográficas para un nuevo canon fílmico:

 

El viaje de Chihiro (2001)

El director japonés Hayao Miyazaki aborda un cuento de hadas con elementos épicos y de terror. Un mundo de fantasía, poblado de criaturas extrañas y misteriosas que, no obstante, hablan de los conflictos que todos los niños sienten cuando la infancia llega a su fin.

 

 

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004)

Dirigida por Michel Gondry, todo en esta película fue un clásico inmediato. Mezcla de thriller psicológico y comedia romántica con elementos de ciencia ficción, este filme nos hace preguntarnos si seríamos capaces de olvidar selectivamente aquellos trozos dolorosos de nuestra historia, y nos habla de cómo al hacerlo también perderíamos buena parte de nosotros mismos.

 

 

Children of Men (2006)

La adaptación de Alfonso Cuarón de la novela de P. D. James presenta un futuro distópico en donde los niños han dejado de nacer. Puede parecer una simple película de ciencia ficción, pero la trama nos hace revalorar cada vida humana como si fuera única, y los devastadores efectos de la guerra y la ciencia en manos de fanáticos en el desarrollo futuro de la civilización.

 

 

El laberinto del fauno (2006)

Un clásico en la filmografía de Guillermo del Toro que es impresionante por donde se le vea: en el contexto de la guerra civil española, una niña descubre un misterioso mundo en el sótano de su casa. Una pieza de terror y fantasía, a la vez que una delicada alegoría del fascismo y las pesadillas.

 

 

I’m Not There (2007)

Una vuelta de tuerca a las biopics, este retrato del genial cantautor y Premio Nobel de Literatura, Bob Dylan, mezcla partes de verdad y ficción no sólo en la trama sino en la elección de seis actores distintos. Una pieza de culto para los fans de Dylan, pero también una obra que se sostiene a sí misma, y nos habla de la rebeldía y la no conformidad con las normas a las que todos estamos sujetos.

 

 

Melancholia (2011)

Dirigida por Lars von Trier, la historia nos lleva de los preparativos para una boda a una sensación apocalíptica, muy acorde a los tiempos actuales. Una metáfora de la depresión con elementos de astronomía, que toca los problemas inherentes a la sobrevivencia de la especie, así como de la cordura misma.

 

 

Boyhood (2014)

Una obra de Richard Linklater que fue un auténtico tour de force. Una película que tomó 12 años en filmarse, y que muestra el desarrollo de una historia familiar con los mismos actores en diferentes etapas de sus vidas. Una novela de formación en tiempo real, así como un conmovedor retrato de las transformaciones que sufrimos a lo largo de nuestras propias existencias.

 

 

Spotlight (2015)

El papel de los medios de comunicación en el panorama actual no puede dejarse de lado, y es justo lo que está en medio de esta película de Tom McCarthy, que sigue la historia de los reporteros de un diario que investigan sobre abusos sexuales cometidos en la Iglesia católica.

 

 

El abrazo de la serpiente (2015)

Dirigida por el colombiano Ciro Guerra, esta película sigue al médico-brujo Karamakate a través de dos líneas temporales, así como sus encuentros con investigadores occidentales que buscan en el Amazonas una misteriosa planta curativa.

 

 

Mad Max Fury Road (2015)

Un viraje rotundo al género de acción, esta película de George Miller aborda la distopía de un futuro sin agua, donde el combustible es más abundante y valioso que los alimentos. A pesar de contar con todos los elementos de una superproducción, el carácter humano de la historia sobresale entre los elementos de ciberpunk predominantes.

 

¿Cuáles son tus favoritas? ¿Cuáles añadirías tú, y cuáles dejarías fuera? Nos encantaría leer tus comentarios.

 

* Imagen principal: Boyhood



¿No estás de acuerdo? Demuéstralo con buenos argumentos

Hay 7 maneras de argumentar tus ideas, aprende a usarlas y luce tu retórica.

La retórica es un arma de doble filo. Sin duda es necesaria en toda posición que sostengamos hacia una cuestión dada: desde una afirmación política hasta las diferentes perspectivas que cada quien tenga sobre un problema tan polarizado como, por ejemplo, las corridas de toros. Pero es que saber argumentar, teniendio un debate sin polarizarlo, es algo crucial que debemos aprender a hacer, y que incluso nos puede ayudar a evolucionar sociedad.

Por eso, saber argumentar sin caer en trampas es importante. A no ser que se aspire a ser como los sofistas griegos, quienes según Aristóteles usaban argumentos que parecían válidos pero que no lo eran. Pero si no es el caso, y queremos poder argumentar sin causar disputas innecesarias, ¿qué debemos saber?

saber-argumentar-como-refutar-discusion-debate

Paul Graham, un programador de computadoras y doctor en Harvard, que es también una de las mente detrás de la incubadora digital Y Combinator –creadora de Dropbox, Airbnb, Reddit y muchos otros servicios–, tiene algunos hakcs para argumentar correctamente. No por nada ha sido apodado como el “filósofo hacker”.

Graham escribió en 2008 un ensayo llamado How to disagree, “Cómo estar desacuerdo”,
el cual es una excelente herramienta para saber argumentar.

La principal inquietud de Graham era la manera como internet ha posibilitado el debate a nivel mundial entre todo tipo de personas. El problema es que la tendencia, en todo tipo de redes sociales, es la de no estar de acuerdo con el otro. Esto no es malo per se; sólo lo es cuando no permite una discusión fluida ni libre de disputas, lo que conduce a su vez a una falta generalizada de consensos. Esto no es muy bueno, tomando en cuenta que una civilización libre depende en gran medida de los consensos.

Así que Graham invento una pirámide con 7 niveles de desacuerdo, hecha para saber argumentar:

Nivel de desacuerdo 0: Poner nombres

Esto es, cuando sólo decimos cosas hirientes o crueles, llamando a alguien de cierta manera. Por ejemplo, “eres un tonto”.

Nivel de desacuerdo 1: Ad hominem

Cuando nos limitamos a decir cosas presuntuosas o insultantes directamente hacia el otro. Es decir: atacamos a la persona y no a sus argumentos

Nivel de desacuerdo 2: Responder al tono

Hay poca distancia entre atacar a la persona directamente y comenzar a concentrarnos en el tono que utiliza, sea de enojo, burla o del tipo “no me importa”. El problema es que esto es muy subjetivo, y dirige la discusión hacia lugares inciertos y más viscerales.

Nivel de desacuerdo 3: Contradecir

Cuando se logra contradecir el argumento es cuando la discusión está sobrepasando lo subjetivo y pasa más a los argumentos. No obstante, sólo contradecir indica una terquedad: lo que se dice tiene que ser cierto, en contraste a lo que dice el otro.

Nivel de desacuerdo 4: Contraargumentar

Más allá de sólo contradecir, mostrar que se tiene un contraargumento demuestra que se está dispuesto a avanzar en la discusión, que ésta es mucho más seria y que no sólo se busca “ganarla”, sino convencer al otro. El problema viene cuando la discusión no puede avanzar más allá de dos apasionados argumentos, lo que termina diluyendo el punto inicial que dio inicio al debate.

Nivel de desacuerdo 5: Refutar

Según Graham, esta es la forma más convincente de estar en desacuerdo. No es sólo un contraargumento; consiste, más bien, en ser capaz de tomar al vuelo lo dicho por el otro y poder refutarlo. Pero no con la viscera, sino con datos duros y astucia –que no implique mentir.

Nivel de desacuerdo 6: Refutar el punto central

Esta es ya una cuestión de táctica, y no sólo de estrategia. La refutación debe ser capaz de indagar en el punto central al que está llegando el otro, y anteponer un argumento sólido que demuestre su invalidez. Esto no sólo servirá para un solo argumento, sino que podría desmontar toda la idea detrás que el otro sostiene.

Ahora sí, a debatir con sentido…

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Esto es lo que te puede permitir estar en desacuerdo sin tener que falsear ninguna información, ni tener que acudir a viles insultos. Lo bueno es que también te puede conducir a darte cuenta de que eres tú quien no está en lo correcto si es el caso, lo que es algo que rara vez sucede en cualquier debate, ¿verdad? Pero que sin duda es síntoma de civilidad y empatía.

¿Te imaginas qué pasaría si pudiéramos decir más seguido “está bien, tienes razón”? No sólo estaríamos ganando nosotros como individuos, siendo más abiertos a las ideas del otro y nutriéndonos de éstas. Sería también una forma como la sociedad entera podría avanzar.

Saber debatir sin polarizar, al tiempo que no regalamos nuestras ideas ni nos dejamos influenciar, es una forma de construir nuevos grados civilidad… de la cual últimamente estamos muy necesitados.

*Imágenes: Ana Tellez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



“Cold Skin”, una isla de monstruos y una batalla con el yo interno

Esta película nos ofrece una oportunidad única para enfrentarnos con nosotros mismos a través de la otredad.

Los seres humanos nos buscamos en otros: queremos ver nuestro reflejo en lo diferente. A veces, en algo tan diferente como puede serlo una criatura fantástica, quizá de rasgos humanoides, pero cuya esencia es casi diametralmente opuesta a la nuestra.

Acaso sea la manera más paradójica de intentar comprender la condición humana: a través de aquello que nos horroriza. Pero es que un elemento presente en la arquitectura humana son los miedos, arraigados profundamente en nuestras almas y que necesitan de la experiencia del terror para salir a flote.

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Es quizá por tal razón que nos gusta embarcarnos en odiseas de terror; y más todavía, de terror fantástico, como el que ofrece la historia de Cold Skin (La piel fría), la película del director francés Xavier Gens que se estrenará este 2 de agosto en todas las salas Cinépolis.

Podríamos hablar de la narrativa de esta película, basada en el libro del mismo nombre del escritor catalán Albert Sánchez Piñol, y que sigue el viaje de un hombre al Atlántico sur donde, por azar (o quizá conducido por un magnetismo inconsciente), se encontrará con todo tipo de monstruosos anfibios que traerán a flote sus más oscuros temores. Pero vale la pena pensar que somos nosotros, como espectadores, los que realizamos también un viaje introspectivo con una historia como la que nos presenta Cold Skin.

Interactuar con personajes e instantes tan profundos como los que esta película nos ofrece es una oportunidad de sondear nuestros propios miedos: de conocer los terrores que habitan en todos nosotros. Pero sobre todo, es aprender que la batalla con el yo interno se libra adentro, pero también –y esencialmente– afuera: viéndonos reflejados en la otredad, aunque sea una otredad humanoide, más anfibia que humana.

Mientras que el escenario de esta película, una isla aparentemente despoblada, es la metáfora ideal donde podemos situarnos. Representa quizá la génesis del terror que albergamos, y de ese miedo a lo desconocido al que nos sentimos tan atraídos.

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Pero la pregunta sería: ¿en dónde está esa isla de monstruos, alejada de toda ruta marítima o terráquea y sin pájaros en el cielo? Y, si la encontrásemos, ¿libraríamos en ese gélido territorio una batalla con nuestro yo interno? ¿Nos atreveríamos a enfrentar lo desconocido? ¿O nos esconderíamos en un faro por tiempo indefinido?

Si nuestros antepasados se hubieran atrevido a enfrentar un escenario como el que nos presenta Cold Skin –y que sin duda está inspirado en la historia de los primeros arribos europeos a América– es probable que nuestra realidad fuese muy distinta: quizá seríamos colectivamente más empáticos y estaríamos emocionalmente más evolucionados. Sin duda, nos habríamos ahorrado muchas guerras y sufrimiento.

Por eso es importante que nosotros nos planteemos la necesidad de enfrentar nuestros miedos, lo que implica tender puentes de comunicación con lo diferente y no aislarnos en el silencio de la nada. Y qué mejor que hacerlo a través de una herramienta tan poderosa como el cine y las historias de ciencia ficción, como la que nos ofrece Cold Skin: una película que te recomendamos no dejar de ver si quieres desatar una batalla en tu interior y alimentar tu conciencia desde ahí.