Hackea tu memoria con esta sencilla técnica para recordar cualquier cosa

El “palacio de la memoria” te permite asociar listas de objetos a lugares mentales para recordarlos ordenadamente (es más sencillo de lo que suena).

La memoria es parte de nuestro cuerpo. Al menos esa es la premisa de Nelson Dellis, cuatro veces campeón del USA Memory Championship y entusiasta de la memoria.

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Angelica Alzona

Dellis  considera que su memoria no tiene nada de particular. Pero la memoria y las técnicas para mejorarla entraron en su vida trágicamente, luego de que su abuela fuera diagnosticada con la enfermedad de Alzheimer y comenzara a perder poco a poco los recuerdos. Entonces, Dellis decidió dedicar su vida a mejorar su memoria y educar a otros. En sus propias palabras:

Todos entendemos lo que significa estar sanos físicamente. Nos ejercitamos, comemos bien, dormimos bien, etc., para mejorar nuestra salud física. Pero nunca consideramos la salud de nuestro cerebro. Utilizar tu memoria y tu cerebro hace que tu cerebro esté… bueno, más agudo y en forma.

Nelson Dellis, memorizador extraordinario

La técnica que ha hecho que Dellis realice proezas como memorizar nueve mazos de cartas (en orden aleatorio) en 30 minutos, en realidad es una práctica tan vieja como el tiempo. Como él dice: no se requiere tener una memoria extraordinaria, simplemente un poco de disciplina e imaginación.

 

Recorriendo el palacio de la memoria

1.

Haz una lista de 10 o 20 palabras. Las palabras pueden ser aleatorias, o bien pueden ser nombres de presidentes, autores, una lista de objetos comunes, la lista de compras, etcétera.

2.

Ahora trata de memorizar las palabras, asociando cada objeto o nombre de tu lista con una imagen. Aquí es donde entra la imaginación: si el elemento que quieres memorizar es, digamos, una manzana, puedes asociarla a algo con lo que relaciones las manzanas en general. La imagen que puedes visualizar es la de Isaac Newton sosteniendo una manzana para probar su ley de gravitación universal, o la bruja de Blancanieves envenenando la manzana antes de ofrecérsela a la princesa, o incluso la serpiente del Paraíso bíblico ofreciéndosela a Eva. El punto es particularizar el objeto y vincularlo con algo vívido, y mientras más fantasioso, mejor.

3.

Cuando hayas relacionado cada objeto de tu lista con una imagen fantasiosa y estrafalaria, imagina que vas mentalmente a un lugar que conozcas bien, como tu casa. Dellis le llama a esto “el palacio de la memoria”, y para cada uno es diferente. Ahora viene lo más divertido: imagina que el primer objeto de tu lista se encuentra en tu sala de estar, el segundo en la cocina, el tercero en el baño, etcétera.

4.

Una vez que hayas asociado cada objeto con una imagen, y cada imagen con un lugar en tu palacio de la memoria, prueba a recorrer mentalmente tu lista un par de veces. Siguiendo con nuestro ejemplo, tal vez te encuentres a Newton sosteniendo una manzana en tu jardín, luego al dentista al que temías en tu infancia sosteniendo una pasta de dientes radioactiva en tu baño, y posteriormente al Hombre Araña en tu ventana, con unas cortinas nuevas en la mano.

Según Dellis, con la práctica aprenderás a utilizar tu palacio de la memoria con mucha más fluidez y destreza.

 

* Imagen principal: Eric Edelman



¿Sientes que el tiempo pasa más rápido a medida que envejeces? Este estudio te explica por qué

La percepción del paso del tiempo cambia según la novedad y variedad de las experiencias a lo largo de la vida.

¿Has tenido la sensación de que el tiempo pasa más rápido cuando te diviertes y más lento cuando estás haciendo algo que no disfrutas? A medida que crecemos, nuestra percepción del tiempo también se modifica –se acelera o se detiene–, lo que tiene interesantes implicaciones en la forma en la que nos contamos la propia vida.

Las vacaciones de nuestra infancia eran una lenta sucesión de eventos grabados en nuestra memoria emocional como de muy larga duración; sin embargo, a medida que crecemos y el ritmo de la vida adulta nos absorbe, los veranos pasan más rápido, las vacaciones son un parpadeo en la memoria y el tiempo en general parece transcurrir más rápido.

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Según una investigación de la universidad de Kansas, esta sensación incrementada del paso del tiempo en la adultez podría tener una causa científica.

La hipótesis es que cuando somos pequeños y experimentamos las cosas por primera vez, nuestra experiencia es mucho más vívida porque no tenemos una referencia previa al respecto. Eventos como el primer beso o el primer día de clases en una escuela nueva se graban en nuestra memoria con gran precisión porque son hechos inéditos en nuestra vida.

Pero a medida que crecemos y tenemos más experiencia (besamos a más personas, asistimos a más escuelas, etc.), nuestra memoria “comprime” las experiencias semejantes en grandes trozos, lo cual les resta novedad, al menos para la percepción. Esto da como resultado que el tiempo se “acelere” en la vida adulta, la cual experimentamos más y más como una repetición de hechos similares.

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Nuestra percepción del tiempo depende de la percepción de novedad de los eventos

Para probar esta hipótesis, los investigadores le pidieron a 107 voluntarios que compararan eventos del año anterior con sucesos de años pasados. La tendencia a “comprimir” eventos recientes fue mayor que la de comprimir eventos que ocurrieron hace años. Un segundo grupo de 115 voluntarios hizo una prueba similar con hechos del día anterior y eventos del año pasado. Los investigadores descubrieron que comprimir eventos resulta en la sensación de que el tiempo pasa más rápido (aunque, objetivamente, nuestra medida del tiempo no cambie).

De acuerdo con los resultados del estudio, una consecuencia de esta compresión de los sucesos es que “percibir la vida como si se deslizara rápidamente es psicológicamente dañino: incómodo, desmotivador, y posiblemente hostil a la idea de que la vida tiene sentido”.

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Esto se traduce en una sensación de nostalgia incrementada por el tiempo pasado, esa sensación de que, como dice el refrán, “todo tiempo pasado fue mejor”.

¿Qué podemos hacer para revertir esta tendencia en nuestra vida diaria? En la investigación se sugiere la práctica del mindfulness, la práctica consciente del aquí y el ahora. Otro tipo de prácticas creativas y espirituales, como el arte o la meditación, también pueden darnos un sentido de conexión con el presente y revertir la tendencia automática de la memoria a agrupar las experiencias en grandes trozos.

¿Qué vas a hacer hoy para aprovechar el instante antes de que escape?

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* Imagen 3) Enrico Ferrarini // Fotografía: Alberto Polo Iañez



¿Y si los recuerdos que tienes de la infancia no fueran reales?

Los recuerdos sobre esta idílica etapa podrían ser falsos.

La memoria es adaptación: un elemento fundamental de nuestra psique que nos permite conocer el mundo más allá del instinto y el instante. En ese sentido, también es un mecanismo de supervivencia; pero uno bastante peculiar.

Nuestro cerebro adultera nuestro pasado. Falsifica nuestras memorias o las complementa con fantasías y confabulaciones.

¿Para qué? Para generar certezas sobre el mundo y la seguridad de pertenencia a una comunidad, en la cual logramos encajar en parte gracias a los recuerdos ficticios que genera el cerebro. Se trata de algo que asegura nuestra inserción en la sociedad, y que nos permite navegar la existencia con la tranquilidad de que nuestra realidad es tan fiable como –en teoría– lo es nuestra memoria.

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En el caso de las memorias de la infancia este mecanismo resulta fundamental, pues ninguna otra cosa podría explicar por qué el 40% de las personas dicen recordar cuando dieron sus primeros pasos –antes de los 2 años–, aunque está comprobado que las primeras memorias que podemos recordar como adultos no se forman sino hasta los 3 o 4 años.

Sucede que la memoria no es sólo una especie de grabadora o cámara fotográfica; su función es en realidad la de relatarnos el mundo, creando una coherencia entre la experiencia de nuestro mundo psíquico por un lado, y la del mundo exterior por el otro.

Cuando somos niños, esto es más importante que nunca, pues estamos desarrollándonos como seres. Es nuestra identidad la que está en juego.

Por ello, nuestro cerebro considera más importante contarnos una historia consistente que una real. Tener un recuerdo que evocar, aunque sea ficticio o exagerado, es en realidad algo vital para nuestra supervivencia.

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A la vez, ese mecanismo del cerebro podría ser señal de una psique inquieta, más creativa y tendiente a la imaginación.

En los niños suele ocurrir que el asombro empapa su imaginación, lo que hace que su psique adopte historias ajenas para hacerlas parte de sus memorias.

En su autobiografía, el neurólogo Oliver Sacks describió dos recuerdos que tenía sobre bombas explotando en Londres durante la segunda guerra mundial, cuando él tenía 6 años. La primera de esas memorias se la describió a uno de sus hermanos, y era real.

Pero la segunda memoria, sobre bombas cayendo en el jardín de su casa, era falsa; Sacks jamás vio bombas cayendo en el jardín, pero estaba influenciado por la descripción de un suceso similar, narrado en una carta de otro de sus hermanos. Así, su memoria generó lo que Sacks creyó por años que era un auténtico recuerdo, cuando no fue sino un engaño de su inquieto cerebro.

Todo esto demuestra que la memoria humana es más que una llave al pasado. Es, en realidad, el mecanismo psíquico que nos da identidad y que nos permite formar parte –como individuos– de la gran comunidad humana. La memoria es, en suma, un puente entre la realidad y nuestro inconsciente, no exento de falsas percepciones.


* Referencias:
Entrevista a Oliver Sacks, Redes 2005

 

* Imágenes: Amy Friend