En el hemisferio occidental, Finlandia se encuentra a la cabeza de los mejores programas educativos. Pero, comparados a los del resto del mundo, sus métodos podrían parecer contradictorios. Menos horas de clase, mínimas tareas fuera de la escuela, mucho tiempo libre para jugar y explorar. Entonces, ¿cómo es que este pequeño país, que alcanzó su independencia apenas en 1917, está hoy a la cabeza de las superpotencias educativas?

En los años 60 del siglo pasado, sólo el 10% de la población finesa tenía educación secundaria y apenas un 7% alcanzaba la formación universitaria, la cual se veía como un lujo. Pero en la década de los 70 y a partir de los 90, Finlandia emprendió una serie de reformas que podrían considerarse extremas. Según Pasi Sahlberg, uno de los educadores más reconocidos del país, el gran “secreto” de la educación finlandesa es muy sencillo: educación pública de excelencia, de la mano con programas sociales sumamente inclusivos.

Almuerzo de escuelas públicas en Finlandia vs Estados Unidos

Si bien es cierto que la población total del país apenas roza los 5 millones y medio de habitantes, su tasa de alfabetización (para hombres y mujeres) es del 100%. Los programas sociales protegen a los individuos desde antes de nacer y hasta bien entrada la edad adulta, con un sistema de guarderías gratuito o sumamente económico, amplios permisos de maternidad y paternidad (aderezados con un ingreso básico de unos $500 USD al mes para los padres que decidan quedarse en casa a cuidar a sus hijos) y un programa escolar flexible y demandante.

¿Pero qué pasa exactamente en las escuelas?

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Estas son algunas razones que hicieron de Finlandia un referente de calidad educativa a nivel mundial:

1. Igualdad en el reparto del presupuesto educativo

Algunos países destinan gran parte del presupuesto público a educación, pero en el caso de México, éste se va en gasto corriente o se diluye en la corrupción. En cambio, en Finlandia se reparte de acuerdo a las necesidades de las escuelas, lo que significa que las escuelas con más carencias reciben mayor apoyo. Lo que se pretende es que cualquier escuela sea igualmente buena que el resto. Es cierto: los fineses tienen una de las cargas tributarias más grandes del mundo, alrededor del 51.6% de impuestos, pero así se garantiza que todos los estudiantes reciban la misma educación.

 

2. La educación es gratuita y accesible a todos

Entre los 7 y los 16 años, la educación es gratuita y obligatoria para todos los niños y niñas, y debe impartirse en escuelas públicas. Las familias no pagan por libros ni materiales escolares; además, las escuelas tienen comedores donde los alumnos reciben alimentos balanceados y sanos. Una cosa más: si un estudiante vive a más de 5 kilómetros de una escuela, es deber del gobierno pagar por su transporte al centro educativo más cercano.

 

3. Los estudiantes no compiten por sacar “dieces”

Los estudiantes no tienen el estrés de presentar exámenes, pues los programas educativos están dirigidos a que los alumnos encuentren aquello que los hace felices y que son buenos haciendo. Por la misma razón, los exámenes estandarizados y las pruebas de opción múltiple no se aplican. A partir de los 11 años los estudiantes comienzan a recibir calificaciones, pero se trata de informes descriptivos y personalizados del rendimiento del alumno que el profesor discute con los padres de familia, sin un equivalente numérico.

 

4. Alto valor a la docencia

Los maestros son el pilar de este modelo. La profesión docente es prestigiosa y bien remunerada. Cualquier profesor, desde jardín de niños hasta universidad, debe tener un grado de maestría obligatorio, y dedicarse a la docencia es un trabajo exigente, lo que garantiza la vocación de los maestros y su compromiso con la educación.

 

5. Mínimas horas de clase

La asistencia escolar comprende entre 3 y 4 horas al día. Como consecuencia, los maestros no pasan tanto tiempo frente a grupos, sino que tienen mucho tiempo para investigar, preparar sus clases y trabajar junto a otros docentes en programas de estudio altamente personalizados.

 

6. Educación personalizada

Los alumnos no cursan un currículo de materias estandarizadas. Desde el 2016 se trabaja sobre proyectos o temas específicos, donde el alumno tiene una gran participación. Se respeta el ritmo de aprendizaje de cada niño, y por lo regular tienen un mismo profesor a cargo de los 7 a los 12 años, lo que crea un vínculo único entre profesor y alumno.

 

7. Cada escuela establece sus propios objetivos

A pesar de que se cuenta con un currículo y marcos generales comunes a todas las escuelas, cada una es libre de planificar y establecer sus propios objetivos según las necesidades de su población escolar. Esto significa que todas las escuelas son de calidad, pues están amparadas por el mismo modelo educativo y los mismos recursos financieros, pero cada escuela es única, pues los docentes y alumnos crean sus propios programas de estudio y evaluación.

 

8. No se memoriza nada

En la era de la información, es más importante saber buscar que almacenar datos en el propio cerebro. Más que la memoria, lo que se fomenta es la curiosidad, la imaginación y la independencia de los alumnos. La creatividad, la colaboración entre alumnos y la personalidad crítica para con lo que se enseña son altamente valorados.

 

9. La comunidad se involucra

El hecho de que los padres reciban un estipendio económico del Estado durante los primeros años de los niños está pensado para que éstos puedan conciliar mejor la vida laboral y familiar. Los padres participan activamente en la educación de sus hijos, y no sólo se vuelven clientes de la escuela. El trabajo de los padres, como el de los profesores, es educar individuos sanos y felices.

 

10. Alto valor al tiempo libre

Los horarios de clases no están basados en la competencia ni en la competitividad, sino en los ritmos del cerebro. Las 3 o 4 clases al día que tienen en primaria se intercalan con descansos de 15 minutos entre cada una, más el horario de comida. Además, los niños ingresan hasta los 7 años a la escuela, pues es cuando se considera que el cerebro está listo para aprender. Las tareas fuera de la escuela son mínimas, y a menudo es posible hacerlas durante los horarios escolares. Se pretende que el tiempo restante sea aprovechado con la familia, aprendiendo por sí mismos o simplemente jugando.