Durante mucho tiempo la meditación ha sido una forma de sanar el alma o al ser, dependiendo de la perspectiva. Para los monjes tibetanos ha ayudado a aliviar el sufrimiento de un genocidio cultural y para otros ayuda liberar el estrés u otros malestares, pero ¿cuál es la diferencia entre sanar o no?

La realidad es que la meditación se ha transformado a lo largo del tiempo. Los rituales tradicionales se centraban en nutrir mente y cuerpo para sanar los lazos sociales. Sin embargo, algunos consideran que la técnica actual para meditar tiene una orientación distinta y que incluso puede funcionar en nuestra contra.

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Tanto los enfoques tradicionales como los modernos de la meditación están regidos por diferentes visiones. Los más antiguos consideran al arte de meditar una técnica que ayuda a que las personas reconstruyan su relación con otros. Esto significa que a través de la meditación tradicional las personas aprenden a experimentarse a sí mismos apoyadas del cuidado, la sabiduría y la compasión de su comunidad y ancestros. El “yo” a través de un sentido colectivo.

Por otro lado, la meditación moderna reconoce a las personas como seres individuales. Antes de existir en comunidad, los individuos son atomistas, no entablan relaciones y se guían en completa independencia. Esta diferencia de concepciones tiene importantes efectos en el proceso de sanar. Por ejemplo, la meditación moderna se constituye como un proyecto de autoayuda. A través de sus propios esfuerzos las personas fomentan estados mentales beneficiosos, y depende de ellos la sanación.

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¿Sanando con meditación moderna o tradicional?

Para la meditación budista tradicional, ningún proceso comienza con un “yo” atomista. En el intento de generar una mentalidad positiva desde cero, los practicantes comienzan una meditación con rituales que les recuerdan que son parte de una comunidad conectada. Recordando el linaje de ancestros espirituales, las técnicas del budismo, confucianismo, hinduismo, judaísmo, islam, cristianismo, etc., exploran a los maestros espirituales a su alrededor.

El fin es reconocer que la meditación es parte de un aprendizaje en el que uno se convierte en una extensión de amor y compasión. El progreso en la meditación tradicional está marcado por el reconocimiento de los demás y nuestra unión hacia ellos. Es aquí, en su conexión con el entorno (es decir, en cómo servimos a los demás), donde el ser encuentra su verdadero espacio y tranquilidad.

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Miki Takahashi

Depende de cada persona encontrar la meditación que se adecue a sus propósitos. No obstante, consideramos que, en cierto sentido, en tiempos complejos siempre es mejor recordar la comunidad a la que pertenecemos.

Algunos juzgarán a las cosmologías de la meditación antigua como primitivas. Sin embargo, hoy más que nunca se ha hecho presente la falta de la unión humana, natural y cósmica en todo sentido. Tal vez la meditación moderna sea útil para descubrir la belleza de la soledad espiritual, pero cuando los enfoques se extienden a sanar a una comunidad, meditar tradicionalmente es un excelente apoyo.

Lo que debemos reconocer es que el ser humano viene anclado a una compasión natural. Lo que hace falta es desarrollar este sentido de comunidad. Debemos recordar que el punto de partida relacional promueve la resiliencia y la conectividad, lo cual nos ayudaría a reconstruir las sociedades en beneficio de todos.

 

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