No se trata de ideologías o rivalidades, y nada tiene que ver con celebrar o atacar a un gobierno. En realidad, estamos hablando simplemente del mayor reto que enfrenta hoy la humanidad. Por eso, las medidas efectivas contra el cambio climático, el uso sustentable de los recursos naturales, y el reconocimiento de que el medioambiente es indisociable del desarrollo y bienestar de las sociedades son, quizá más que cualquier otro, un asunto de todos.

Lamentablemente, el actual gobierno de México parece no estar enterado de lo anterior. No importa que el cambio climático ya sea considerado como la principal amenaza para nuestra especie –dicho por las Naciones Unidas–, y tampoco las evidencias que relacionan las condiciones medioambientales a la salud pública, el desarrollo económico y el bienestar social en general; menos aún, los innumerables indicadores que advierten una situación crítica, a nivel mundial y sin excepción geográfica, en materia de medioambiente. El menosprecio del gobierno mexicano frente a las exigencias y oportunidades implícitas en la agenda medioambiental ha sido, hasta ahora, rotundo.

Carbón y petróleo (el antifuturo)

Quizá México tenga algo parecido a una deuda pendiente con el petróleo. Sin duda, se antojaría haber aprovechado la enorme riqueza implícita en los yacimientos mexicanos. A la épica expropiación petrolera siguió una innegable secuencia de derroche, corrupción e ineptitud. Pero eso está lejos de justificar que en pleno 2019 el gobierno en turno tenga casi toda su apuesta energética en los hidrocarburos y el carbón –dos de las actividades que más contribuyen al calentamiento global–.

Un par de datos curiosos:

Según una reciente advertencia del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, los siguientes 11 años, hasta 2030, serán decisivos para definir la lucha mundial contra el cambio climático (y mientras tanto el gobierno de México pareciera atrapado en un malviaje hidrocarbúrico de hace 5 décadas).  

Petróleos Mexicanos (Pemex), la paraestatal que se ha convertido en una especie de lábaro patrio, se encuentra entre las 10 empresas más contaminantes del mundo.

El impacto ambiental como ficción protocolaria

Con apenas unos meses en activo, el gobierno actual ha vuelto una constante la activación de megaproyectos, por ejemplo el Tren Maya, el aeropuerto de Santa Lucía o el corredor industrial del istmo de Tehuantepec, sin realizar previamente estudios de impacto ambiental y su correspondiente manifestación –ni siquiera por ser una exigencia legal para este tipo de proyectos–. Otro caso, incluso peor, es el de la refinería Dos Bocas, en donde siendo ya presidente electo AMLO (aunque aún sin asumir oficialmente el mandato), se arrasó con 230 hectáreas de manglar, sin importar la amplia biodiversidad de este ecosistema y que ya en 2011 se advirtió, en una manifestación de impacto ambiental emitida entonces, la poca viabilidad de ubicar infraestructura en esa área.

Vale la pena aclararlo. La evaluación del impacto ambiental de un proyecto no es un simple instrumento para incomodar políticamente un desarrollo o avalar simbólicamente otro. En realidad se trata de un criterio fundamental para definir su viabilidad medioambiental y, con base en eso, permitir o prohibir su realización. Este es un requisito jurídico al cual las obras públicas y privadas deben someterse.

¿Y el presupuesto?

“Los presupuestos expresan visiones nacionales”, dicen Julia Carabias y Enrique Provencio en un artículo reciente publicado en la revista Este País. Difícil no estar de acuerdo, y por eso alarma confirmar, según datos citados en el mismo texto, que el actual gobierno continúa la tendencia que dominó en los últimos 3 años del sexenio anterior: el castigo presupuestal al medioambiente. De 2016 a 2019 se destinó 61% menos presupuesto a este rubro que en el mismo período anterior, y para 2019, ya con nuevo presidente, se contempla todavía un 20% menos de presupuesto que en 2018. 

En cambio, la Secretaría de Energía dispondrá de un presupuesto casi 1,000% superior respecto a 2018, con 27,229.8 millones de pesos, de los cuales, por cierto, el 91% fueron asignados a la Coordinación de la política energética en hidrocarburos. 

Lo medioambiental es completamente social

Hasta hace unos años podría haber parecido frívolo priorizar en el impacto ambiental de proyectos que “darán miles de empleos”, en un país donde al menos 60 millones de personas viven en franca pobreza. Pero eso era antes de que, por un lado, se evidenciara la relación directa entre medioambiente y desarrollo social; y, por otro, antes de que finalmente entendiéramos que nos encontramos en una situación crítica, a más de 1 siglo de castigar intensamente nuestro entorno y recursos naturales.     

Economía social

En muchos casos, las políticas medioambientales privilegian la economía de los grupos menos favorecidos. Por ejemplo, en México más de la mitad de la superficie forestal es de propiedad social (tierras comunales y ejidatarias), y se ha comprobado que promover el manejo sustentable de dicho territorio –por encima de los grandes intereses privados que se depositan en sus recursos–, resulta en prácticas económicas que permiten a las comunidades rurales vivir de forma digna. Además, este es probadamente uno de los mejores instrumentos de conservación de bosques, selvas, manglares y otros.

Así que si en lugar de priorizar en megaproyectos que responden a paradigmas caducos, se priorizara en esquemas de este tipo, el cuidado del medioambiente y el desarrollo de la población menos favorecida se potenciarían mutuamente.

Salud pública

Otro punto es la salud pública. Las deficiencias en el sistema de salud pública amenazan mayormente a los sectores más vulnerables de la población. Pero está plenamente advertido que existe una relación significativa entre la degradación ambiental y un amplio espectro de la salud humana. En pocas palabras, despreciar el medioambiente tiene repercusiones directas en la salud pública –y esto es peor noticia para quien menos tiene–.

Ecosnob

Considerando lo anterior resulta aún más frustrante percibir que al presidente de México le parezca snob poner el foco en el medioambiente, y en cambio evidencie su falta de visión en este rubro. Ojalá alguien le haga ver que las agendas social y medioambiental no sólo no son excluyentes, sino que pueden, y debieran, ser poderosas aliadas.  

Finalmente, tras entender que lo medioambiental es plenamente social, no podemos dejar de referir el derecho a la consulta previa, libre e informada, de las comunidades indígenas del país, ante proyectos que puedan afectar sus grupos y territorio. Este es otro de los requisitos jurídicos, tanto en el marco nacional como internacional, que la “Cuarta Transformación” ha decidido ignorar o ha utilizado, con aires caricaturescos y que nada tienen que ver con el derecho de las comunidades a opinar, para justificar sus arrojos infraestructurales. Este, por cierto, es uno de los ingredientes que forman parte de una actitud gubernamental acusada de “indigenismo simulado”

Un gobierno realmente consciente

Se antojarían decisiones más informadas y menos ideológicas, más sensatas y menos viscerales, abiertas y vigentes, no anacrónicas y soberbias. Se antojaría una estrategia más consciente y responsable, menos petróleo y más conservación del territorio, más presupuesto para la investigación, vigilancia, evaluación y fortalecimiento de los programas y actividades relacionadas al medioambiente. 

Se antojaría un “nuevo” México que destaque por su inteligencia y sensibilidad medioambiental frente al mundo. Pero, por ahora, las refinerías, la deforestación, los performances neoétnicos y, en resumen, la ignorancia, aparentemente sobrevivirían a la prometida transformación del país. 

* Nota del autor:

Desde las elecciones que se llevaron a cabo en 2018 notamos que ninguno de los candidatos ni partidos daba al medioambiente un lugar prioritario. ¿Por qué? Pues es muy probable que algo tenga que ver con la poca importancia que los electores dimos a esos temas. Si como sociedad priorizamos realmente la sustentabilidad y el cuidado del medioambiente, tarde o temprano el gobierno en turno, y los que le sigan, tendrán que hacerlo. Ellos aún no, ¿pero tú ya empezaste?