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MEDIO AMBIENTE

La naturaleza es arte por sí misma (y el desierto, una suerte de profundidad)

El desierto es natural; cuando estás allí, puedes estar a tono con tu entorno, algo que pierdes cuando vives en la ciudad.


Robyn Davidson




Entre las apologías a la naturaleza más distinguidas del Land Art (el arte de la construcción del paisaje), figura un peculiar laberinto que invita a disfrutar lo infinito en el desierto, en el aquí y el ahora... su nombre es Desert Breath.

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La obra, una instalación diseñada en medio del desierto del Sahara, cerca del mar Rojo, en Egipto, invita a todo aquel que la observa a disfrutar de la inmensidad del territorio, de la figura-metáfora del desierto y lo que ésta invoca en cada una de las mentes... Ideas como que el desierto es un lugar donde uno puede experimentar el infinito en una suerte de profundidad, de estado de ánimo, o de paisaje a lo largo y ancho del inconsciente.



Desert Breath fue un proyecto realizado en 1997, pero hasta la fecha no se ha desintegrado, pues se trata de una instalación creada con materiales del entorno (no más que arena y agua). De ahí que sea considerado arte y un instrumento para medir el paso del tiempo.

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Fue creado por D.A.ST. Arteam, formado por Danae Stratou (artista de la instalación), Alexandra Stratou (diseñadora industrial y arquitecta) y Stella Konstantinidis (arquitecta). En su página web, estas artistas explican que eligieron un punto clave del paisaje donde hubiese agua y un cuerpo de montañas, por lo que, escriben, es un punto "donde la inmensidad del mar se encuentra con la inmensidad del desierto".



Desert Breath se expande en un área de 100,000 metros cuadrados. A gran escala es un laberinto, pero cuando el espectador está en el lugar puede caminar dentro de la espiral, entre sugerentes volúmenes cónicos de rigurosa belleza geométrica. Su realización fue posible gracias al desplazamiento de 8,000 metros cúbicos de arena para crear los conos. Dichas figuras forman dos espirales entrelazados que se desdoblan en el paisaje desde un mismo centro: un estanque artificial de 30 metros de diámetro.

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La obra funciona en dos niveles diferentes en términos de punto de vista: desde arriba como una imagen visual, y desde el suelo, caminando la espiral, como una experiencia física.


El hecho de que esta instalación haya tomado como referencia al desierto sugiere un montón de alegorías. La más clara, la profundidad del territorio indomable que no se limita a las transformaciones de la civilización humana sino que, en su calidad de salvaje, incluso peligroso, guarda enseñanzas para aquellas mentes que deseen encontrar en las figuras de la infinidad un reflejo. Por otro lado, la inmensidad del territorio donde fue creada esta obra sugiere poesía encontrada en su profundidad natural, o lo que tal vez sea igual, poesía que emana de la creatividad de los artistas.

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El Land Art, o la hermosa práctica de alterar desde una perspectiva inspiradora el paisaje, permite reaccionar ante este tipo de metáforas, pues ahí, en la naturaleza, con los recursos posibles del entorno y sin el uso de lo artificial, el ingenio despierta.










* Twitter de la autora: @surrealindeath

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* Fotografías: Danae Stratou

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