Mucho tiempo se pensó que la hormiga Pseudomyrmex ferruginea y el árbol acacia vivían en una relación simbiótica. El árbol proporcionaba su dulce néctar y las hormigas lo protegían de hierbas y otros animales. Pero ahora sabemos que, más bien, la relación es totalmente unilateral.
Así, después de haber probado el dulce néctar del acacia, las hormigas dañadas sólo pueden vivir de él. El árbol las ha esclavizado para que lo protejan de sus enemigos, y a cambio les regala su néctar, sin el cual ellas sufrirían delirium tremens y después morirían.
