Después de que Japón aprobara la liberación de agua radiactiva de Fukushima al océano, el mundo se volcó en explorar las consecuencias de esta acción. De acuerdo con el gobierno, el agua se utilizó en su momento para enfriar los reactores de Fukushima y ahora se liberará por falta de espacio para almacenarla.

Según el operador de la planta Tokyo Electric Power Go, el agua supera la cantidad necesaria como para llenar 500 piscinas olímpicas. A pesar de que el agua representa un gran peligro para el ecosistema marino, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón sostiene que el agua radiactiva de Fukushima será tratada antes de su liberación para reducir la peligrosidad al mínimo alcance.

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Ante ello, expertos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) anunciaron una visita a Japón del 9 al 12 de noviembre. El objetivo es extraer muestra de agua, sedimento y peces en la zona de la central nuclear japonesa de Fukushima I. Las siguientes acciones serán determinar el estado del agua y su entorno.

Una liberación inminente de agua radiactiva de Fukushima al océano

Desde ningún sentido suena natural y ecológico liberar agua contaminada al océano. Así como hay organizaciones preocupadas por el impacto a los ecosistemas, los agricultores de la zona temen que esta acción dañe la siembra y productos que ofrecen a la población.

El agua que Japón pretende liberar contiene tritio, un subproducto considerado como el menos tóxico de la energía atómica. Pero prestemos atención, que sea el menos tóxico no quiere decir que no sea tóxico.

Mientras extranjeros y locales apoyan la cancelación de esta liberación, el gobierno anunció que el plan sigue en marcha. La planta liberará el agua radiactiva de Fukushima al océano a partir de la primavera de 2023 y su liberación podría durar cerca de una década.

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Jung Yeon-je/AFP

Muchos expresan su descontentó, pero internacionalmente no se ha hecho mucho para detener el plan. El ministro de Relaciones Exteriores de China, Zhao Lijian, instó a Japón a revocar su decisión y actuar de forma responsable. “El océano no es el basurero de Japón, el océano Pacífico no son las alcantarillas de Japón”, expresó.

Más allá de los mensajes que animan a detener el plan, no se sabe de alguna otra acción para prohibir su realización. Sin embargo, tendremos que estar pendientes si podemos actuar de alguna manera para evitar el deterioro de otro ecosistema en manos de los humanos.