Hospitales de Noruega construyen cabañas para sanar pacientes con naturaleza

¿Te imaginas poder sanar rodeado de árboles, y no entre los muros mortecinos de un hospital?

Desde el año pasado, los médicos en Escocia pueden recetar un poco de naturaleza a sus pacientes. Ahora, Noruega lleva más allá esta práctica orgánica.

En los dos hospitales más grandes de este país nórdico se han construido idílicas cabañas de retiro. En ellas, los pacientes puedan recuperarse de enfermedades, traumas o accidentes rodeados de naturaleza.

Las cabañas fueron construidas por el Hospital de la Universidad de Oslo y el Hospital Sørlandet. Aunque se encuentran en los derredores de ambos hospitales, las cabañas brindan la sensación de estar alejadas, en un lugar tranquilo y apartado. Ahí, los pacientes pueden estar solos o recibir visitas y, lo que es más importante, recobrar energías y recuperar la salud. Es algo muy similar a los ya famosos “baños de bosque” japoneses.

En los países nórdicos tienen otra concepción de las cosas…

Sobre todo, de la salud y la naturaleza.

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Ivar Kvaal

Países como Noruega están muy adelantados a su tiempo en muchos ámbitos, y al mismo tiempo conservan nociones antiguas que les siguen prodigando bienestar.

El término friluftssykehuset, con el que se define a estos hospitales al aire libre, está construido a partir del concepto friluftsliv, mismo que se usa para expresar la importancia que los nórdicos le dan a la naturaleza, y que se traduce literalmente como “vida al aire libre”. Este peculiar concepto se combinó con la palabra para “hospital”, sykehaus, formando el término friluftssykehuset, u “hospital al aire libre”.

El término friluftsliv demuestra que, como señaló el filósofo Wittgenstein, el lenguaje puede transformar el mundo. Este concepto ha dotado a los habitantes de Noruega de una conciencia permanente sobre la necesidad de siempre regresar a la naturaleza: de salir afuera, a los entornos naturales, y no dejar que las grandes ciudades nos escindan de ellos.

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Y es que en dicho país se valora a la naturaleza como la gran curandera y amiga: como una gran e infalible guía, abierta para todo el que quiera sumergirse en ella para aprender. Porque los noruegos saben que la naturaleza es siempre coherente, y que a ella debemos volver permanentemente. Se trata de algo que a nosotros nos hace falta reflexionar para saber cómo reorganizar nuestra vida en colectividad, y para evitar que el abismo que nos separa de la naturaleza se haga cada vez más grande.

En lo que concierne a la salud, pocas cosas hay más nocivas que estar lejos de la naturaleza. El aire tóxico de las ciudades nos está enfermando, mientras que las dinámicas contemporáneas de trabajo provocan niveles inauditos de estrés, y la mala alimentación nos está destruyendo desde dentro. Por eso, no habría nada más realista que detenernos en seco y pensar en cómo revitalizar la medicina para restablecer la salud global. En ese sentido, los hospitales al aire libre son una propuesta que en todo el mundo podría –y debería– ser adoptada.

Porque Noruega nos está mostrando el camino. La pregunta es: ¿cambiaremos nuestros ya gastados paradigmas para voltear a una realidad más natural?



“El libro de la madera”, un manual sensible para el amante de la leña

Literatura y naturaleza: el arte de contar la historia de la leña en Noruega.

A veces son personajes inspirados en la vida diaria, a veces son animales –como en el caso de El viejo y el mar, Moby Dick o El lobo estepario–. También hay escritores obsesionados con elementos del paisaje, un río, árboles, que reviven nuestra comunicación con la naturaleza. La literatura da voz a lo inimaginable, especialmente a aquello que está a punto de perderla.

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Algo así le ocurrió a Lars Mytting, un autor noruego que se adentró en el bosque de la escritura para hablar de la leña. En pleno siglo XXI, este autor contemporáneo le rinde homenaje a la naturaleza y, como él dice, a su “laborioso acto de amor”, con su texto El libro de la madera.

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Leemos historias para vivir y revivir otros tiempos y lugares lejanos y desconocidos, o reconocibles y cercanos. Leer es un acto íntimo y a la vez, colectivo. A veces lo pasamos por alto, pero aun en las tareas más rutinarias, leemos porque queremos entender, porque no queremos dejar de buscar, porque deseamos encontrar el camino a casa o porque queremos conquistar otros países.

Al leer, ponemos otro ritmo a nuestras reflexiones y somos muchos personajes. También, leer nos seduce por la empatía hacia los héroes y heroínas, porque durante el tiempo que transcurre cada página, los lectores dejan de ser anónimos para convertirse en testigos de algo universal.

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Mytting escogió hablar de leña y bosques en tiempos críticos de cambio climático. Nos deja una lección: revalorar el fuego, las cosas que hacen que una casa sea un hogar. Los mismos libros hacen más habitables y más hogareños los lugares que habitamos.

En los detalles se reencuentra el sentido que une a la humanidad, como lo expresa un poeta, también noruego, cuando escribe versos sobre el aroma de la leña para decirnos que, “aún hay en el mundo algo digno de confianza”.

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Naturaleza y libros, ¿no es eso lo que hace a la humanidad digna de confianza? En tiempos de descubrimientos, aceleración y multitecnologías seguimos conviviendo con la fauna y la flora, seguimos siendo unas células sociales agrupadas en torno a la fogata. Necesitamos de herramientas sofisticadas, pero igualmente, del hacha para mantenernos calientes. Las ciudades masivas también pueden hacernos sentir a la intemperie, también pueden ser inhóspitas, como antaño lo fueron las tundras, las selvas, los bosques.

Asimismo, los libros pueden ser una metáfora de las hachas: nos acompañan para salir de la ignorancia, para encontrar las chispas de la sabiduría.



Y tú, ¿cuántos “baños de bosque” tomas a la semana? Conoce aquí por qué es importante hacerlo

Actualmente un grupo de investigadores de la isla de Yakushima, en Japón, se encuentra realizando estudios sobre un fenómeno que bautizaron como shinrin-yoku o “baños de bosque”.

Numerosos científicos han tratado de calcular los precisos beneficios de abrazar un árbol; entre ellos se encuentra Matthew Silverstone, quien comprobó que la energía vibracional de los árboles y las plantas brindan una serie de beneficios a la salud de los humanos. Sin embargo, ¿qué pasa si la energía del grounding alcanzara otros niveles, quizá más profundos?

Actualmente un grupo de investigadores de la isla de Yakushima, en Japón, se encuentra realizando estudios sobre un fenómeno que bautizaron como shinrin-yoku o “baños de bosque”. De acuerdo con sus resultados, las personas que toman baños de bosque adquieren sustancias benéficas al respirar el aire de un bosque. Esto se debe a que el ecosistema es tan variado que brinda una mayor diversidad microbiótica tanto alrededor como dentro de nosotros.

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La investigación ha identificado tres factores principales que nos vuelven más saludables: bacteria, aceites esenciales derivados de las plantas e iones con carga negativa. Parece ser que desde nuestro nacimiento hasta la muerte, las bacterias que viven en el ambiente –y que respiramos del aire–, nos ayuda a mejorar los procesos de digestión y a producir sustancias que proveen estabilidad tanto física como mental.  En otras palabras, estar en el bosque permite sentirnos más felices y poseer mayor salud física.

Entre los aceites esenciales que desprenden las plantas y las bacterias, se encuentran los fitoncidos, los cuales son exterminadores derivados de las plantas que combaten microorganismos tóxicos.

En palabras de Goethe, “La naturaleza no es un núcleo ni una cáscara; es todo al mismo tiempo.” Por lo que al sentirnos conectados con ella, somos capaces de entender los mecanismos innatos del amor de la naturaleza para cuidarnos –desde los procesos digestivos con la mejora en la flora bacteriana en el estómago, como la generación de neurotransmisores del bienestar psicológico.