Un rompecabezas infinito con distintas caras, piezas se agregan poco a poco y pese a que los lados están relacionados unos entre otros, no se miran frente a frente, así es la relación entre las ciencias y las filosofías. Por décadas se ha caído en una segregación totalitaria que rompe con el complemento del todo, ya sea por egoísmos absurdos o por ignorancia, se piensa que ciencias como la mecánica cuántica y filosofías como el budismo jamás podrían tener un diálogo cara a cara. No hay nada más absurdo en esta premisa.

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Ciencias y filosofías 

La ciencia y la filosofía están tan intrínsecamente relacionadas que, en su nacimiento se rozaban en una delgada línea. De hecho, el arte de filosofar sobre la realidad llevó a los primeros científicos a cuestionarse la existencia y el funcionamiento del mundo. La física, queramos o no, están plagadas de ideas y pensamientos filosóficos que comenzaron con los griegos. Los grandes pensadores antiguos se columpiaban entre la episteme y la razón ontológica.

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Evidentemente más tarde cada una tomó su camino y evolucionaron hasta donde se colocan ahora. No obstante, pese a que el Siglo de las Luces pasó del teocentrismo (incluyendo en él las filosofías) al antropocentrismo, sesgando por completo la filosofía con el llamado y mal aplicado Positivismo, hoy en día existe todavía un diálogo entre ambas esferas. Con frecuencia los científicos se cuestionan la realidad para encontrar nuevos caminos que los guíen en su travesía.

Budismo de frente a la mecánica cuántica

Pero de entre todas las ciencias y filosofías, existe una estrecha relación entre la mecánica cuántica y el budismo. Los milenios de discusiones filosóficas del budismo también abordaron la aprehensión de la realidad, cómo es que conocemos el entorno y qué incidencias tienen esto en la formación de la estructura mental. Preguntas que también se plantearon en Grecia, Europa y las demás tradiciones asiáticas.

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No obstante, el budismo tuvo un foco totalmente distinto de las demás filosofías y podría tener una relación con lo que los estudiosos de la mecánica cuántica llaman la Interpretación de Copenhague. Esta es una especie de entrelazamiento entre el observador y lo observado. Bajo esta perspectiva, lo que intentan dilucidar los copenhaguistas es más bien el conocimiento de cómo funciona el mundo, en vez de intentar estipular una realidad concreta y objetiva.

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Y es justamente aquí donde entra la relación con el budismo, que tiene un enfoque similar. Para la filosofía budista, el sujeto que conoce la realidad, no puede tener una perspectiva objetiva de la experiencia en sí misma. El mundo y nuestra perspectiva de él son inseparables para la estructura del que sujeto que a través de la experiencia aprehende su realidad. Es decir, no hay propiedades esenciales, atemporales y todo surge de manera interdependiente.

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De esta manera, quizá la indagación en los pensamientos filosóficos, sobre todo del budismo, genere una relación distinta con la mecánica cuántica y las ciencias. El diálogo entre ambos estudios del conocimiento no debería mantenerse sesgado, sobre todo cuando surgieron de un mismo nicho.

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