Si algo nos recordó recientemente el polémico comercial de Gillette, es que urge repensar la masculinidad. Su arriesgado enfoque nos hizo plantearnos preguntas que, seguramente, sólo tendrán solución en nuestra práctica cotidiana. Por ejemplo: ¿Qué ve un hombre al mirarse al espejo? ¿Cómo ha cambiado nuestra visión de lo que es “ser hombre”? ¿Cuáles serán los modelos masculinos del futuro?

Lo que es un hecho es que los cambios se están produciendo. La Asociación Estadounidense de Psicología (APA, por sus siglas en inglés) aprobó recientemente un conjunto de lineamientos oficiales para que los psicólogos trabajen con niños y hombres en terapia.

Y es que las ideas también tienen un impacto en la salud física y mental,
según los psicólogos de la APA.

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En el documento de la APA quedan expuestas las razones que los llevaron a formular estos lineamientos, aunque anticipan que no son propuestas estrictamente de corte científico, sino que también incluyen un análisis sociológico, algo que probablemente inauguró el mismísimo Carl Jung al analizar la personalidad.

Los psicólogos de esta asociación reconocen que navegan en el ámbito de las ideas, pero aseguran que éstas tienen serias repercusiones para la salud física y mental, lo que significa una transformación sin precedentes en el campo de la psicología.

Y aunque los estereotipos masculinos varían entre culturas, grupos de edad y etnias, los psicólogos señalan algunos que forman parte del imaginario colectivo. Entre ellos, la feminidad y la debilidad, que son vistos como elementos negativos, y la competencia y la violencia, que son vistos como elementos positivos desde un enfoque masculino tradicional.

Las investigaciones también demuestran que muchos hombres no buscan ayuda cuando la necesitan y muchos oponen resistencia a recibir tratamientos psicológicos para sensibilizarse en materia de género.

Aunque en Twitter los lineamientos no gozaron de mucha popularidad…

Algunas respuestas son realmente desalentadoras:

Mientras más se alienta a los hombres a feminizarse, más miserables son. @apa: no puedes ni reconocer eso. #verguenza

¡¡¡Haha!!! ¡Voy a continuar comiendo carne, bebiendo cerveza, disparando pistolas y dándole nalgadas a mi esposa cuando pase junto a mí, sólo para hacer enojar a quienes escribieron este artículo!

Estos tweets demuestran
lo mucho que necesitamos evolucionar…

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Pero, ¿qué tanto se deben estas reacciones al miedo? Porque más allá de que el género no defina todo, es parte esencial de cualquier individuo. Ser hombre, mujer, o decidir no ser nada, es algo que nos da un sentido de pertenencia, y que conduce muchas de nuestras acciones. Pero no todas son buenas. Y las masculinidades tóxicas, en especial, tienen que transformarse.

No obstante, muchos hombres ya se están cuestionando lo que la masculinidad tóxica puede ocasionarles, y están cuestionando los privilegios de los que por tanto tiempo han gozado. Por eso existen muchos estudiosos en el campo de las nuevas masculinidades.

 

¿Por qué es verdad que la masculinidad tradicional sí afecta la salud?

Como señaló Fredric Rabinowitz, uno de los autores del documento, para el New York Times:

Vemos que los hombres tienen tasas más altas de suicidio, más enfermedades cardiovasculares y se encuentran más solos cuanto más envejecen. (…) Estamos tratando de ayudarlos a ampliar su repertorio emocional, no estamos tratando de quitarles las fortalezas que puedan tener.

Los estereotipos masculinos no sólo pueden ser un impedimento para acceder a una mayor inteligencia emocional, sino que pueden provocar que los hombres no admitan –o no busquen tratamiento para– algunos problemas de salud que podrían ser vistos exclusivamente como femeninos; por ejemplo, el de las hormonas –aunque la testosterona haya bajado en los últimos 30 años–, o el de la depresión posparto, que afecta a uno de cada 20 padres, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Cambridge.

Además, socialmente es clave lo que la APA propone, pues la misoginia, la homofobia y otras conductas que despierta la idea tradicional de masculinidad, son elementos psíquicos que provocan violencia. Pero al ser “aceptados” todavía por amplios grupos –y a veces hasta justificados científicamente–, estos comportamientos no son juzgados ni mucho menos tratados clínicamente.

Así que el paso dado por la APA es para nosotros una buena noticia y esperamos que funcione, en el futuro, como una hoja de ruta para otros psicólogos del mundo.

 

* Imagen principal: Getty Images, edición Ecoosfera