Mascarillas naturales esenciales

Reconecta con la naturaleza desde los poros y devela orgánicamente tu belleza.

La belleza natural esta infravalorada en nuestros tiempos. Pero una forma de redescubrirla es realizando algunos rituales: por ejemplo, haciendo mascarillas caseras para exfoliar e hidratar la piel de nuestro rostro.

Con algunos ingredientes naturales, podemos hacer
mascarillas caseras orgánicas exquisitas.

No sólo para resaltar nuestra belleza externa, sino para irradiar bienestar y frescura. Lo mejor es que hacerlas no toma más de 1 minuto, y untarlas sobre el rostro es una experiencia realmente relajante que puedes acompañar con una sesión de música y automasaje, para renovar tu piel y tu psique en un mismo instante.

De paso puedes reconectar con la naturaleza desde los poros, usando ingredientes naturales en lugar de los químicos sintéticos –y muchas veces tóxicos– que suelen contener los productos de belleza. Si te parece algo extraño untarte comida en el rostro, te invitamos a probar aunque sea una vez una de estas mascarillas caseras. Verás que querrás usarlas cada semana como un ritual de purificación.

10 mascarillas caseras orgánicas:

hazlas en 1 minuto, déjalas actuar por 15 ¡y listo!

1. Mascarilla casera de canela / piel mixta, con grasa o acné

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  • Canela molida
  • Miel

Mezcla 1 cucharada de canela molida con 1 cucharada de miel.

 

2. Mascarilla casera de aguacate /piel normal a mixta; exfoliante

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  • Aguacate
  • Yogurt
  • Miel

Revuelve medio aguacate con 1 cucharada de yogurt y un poco de miel.

 

3. Mascarilla casera de aceite de coco / piel seca; hidratante

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  • Aceite de coco
  • Cacao puro en polvo

Mezcla 1 cucharada de aceite de coco previamente derretido (pero no caliente) con 1 cucharada de cacao.

 

4. Mascarilla casera de cúrcuma / piel seca; abrillanta y rejuvenece

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  • Polvo de cúrcuma
  • Miel
  • Leche

Revuelve 3 cucharadas de polvo de cúrcuma, 1 cucharada de leche y 2 de miel.

 

5. Mascarilla casera de papaya / piel normal; exfoliante

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  1. Papaya
  2. Jugo de piña

Corta ¼ de papaya y hazla puré. Mézclala con algunas cucharadas de jugo de piña, sin que se diluya demasiado. Puedes agregar un poco de miel.

 

6. Mascarilla casera de huevo / piel normal; calmante

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  • Huevo
  • Limón

Mezcla un huevo con un poquito de jugo de limón.

 

7. Mascarilla casera de pepino / piel mixta; hidratante y calmante

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  • Pepino
  • Gel de aloe vera

Mezcla la mitad de un pepino molido con un poco de gel de aloe vera. Usa un poco de avena y miel si quieres quitar el exceso de grasa.

 

8. Mascarilla casera de alga espirulina / piel normal; hidratante

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  • Alga espirulina en polvo
  • Agua

Mezcla 1 cucharada de alga espirulina en polvo (la consigues en farmacias y tiendas naturistas) con un poco de agua.

 

9. Mascarilla casera de azúcar morena / piel mixta; exfoliante

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  • Azúcar morena
  • Aceite de coco

Mezcla 2 cucharadas de azúcar morena con 1 cucharada de aceite de coco previamente derretido (pero que no esté caliente).

 

10. Mascarilla casera de avena / piel seca; hidratante

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  • Avena
  • Yogurt
  • Miel

Mezcla 1 cucharada de avena con 1 cucharada de yogurt y un poco de miel.



La realidad no existe a nivel cuántico (¿alguna duda de que todo es una creación colectiva?)

Una investigación reciente comprobó que no hay tal cosa como “hechos objetivos”, ni en la ciencia ni en la vida.

Hace no mucho tiempo, una adolescente llamada Hillary Diane Andales ganó un premio por la manera en la que explicó, en una cátedra virtual de sólo 3 minutos, la teoría de la relatividad. La cuestión no sólo sorprende porque una jóven sea capaz de entender y dar a entender a otros algo tan complejo, sino porque su explicación parte de algo muy sencillo: la empatía.

Para entender la teoría de la relatividad, así como la mecánica cuántica, quizá no haya nada más eficaz que ser empático y saber ver a través de la mirada ajena. Eso es lo que hace la joven Andales cuando muestra cómo un 6 puede ser un 9 visto desde otra perspectiva. Pero si siguiéramos estrictamente esta línea, entonces la conclusión inevitable sería que la ciencia no descansa tanto sobre hechos irrefutables como sobre diversas alternativas.

Así, podríamos pensar que un científico jamás puede comprobar un hecho objetivo en la soledad de su laboratorio. Más bien, la ciencia es una creación colectiva –en el más amplio sentido en que podamos concebir tal aseveración–, porque la realidad es un complejo sistema del que todo observador es parte.

…Y cada observador tendrá una visión diferente de aquello que percibe.

Entonces, ¿todos somos científicos? No exactamente. La cuestión está en que nadie –ni siquiera un científico– puede ostentar la verdad absoluta sobre ningún “hecho objetivo”, porque esa realidad que los científicos estudian es una creación colectiva que todos percibimos y modificamos constantemente. Esto ocurre también a nivel cuántico, lo que ha hecho a los físicos cuestionar la realidad en todos sus niveles.

También en Ecoosfera: Científicos y filósofos están de acuerdo en algo: la conciencia humana es una alucinación colectiva

Los hechos alternativos de la física cuántica

Físicos de la Universidad Heriot-Watt realizaron un estudio a nivel cuántico para demostrar que en la cuántica no hay hechos objetivos. Utilizando cuatro máquinas con sofisticadas habilidades de interpretación, así como partículas cuánticas de luz –fotones–, demostraron que la realidad no existe como tal, y que la forma que ésta adopta depende de cómo son percibidos los hechos por cada observador.

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La prueba consistió en que dos de las máquinas, llamadas Alice y Bob, recibían un fotón desde una central externa. Después debían interpretar el mensaje y enviar un fotón idéntico a las otras dos máquinas, Amy y Brian. Lo sorprendente fue que éstos últimos interpretaron el fotón de manera distinta que Alice y Bob, incluso pese a ser máquinas con un alto grado de precisión. A este estudio se suman otros, que han demostrado cómo los átomos sólo cumplen su conducta al ser observados. Así que esto va más allá de nosotros y de las máquinas: es una cuestión nanométrica que no puede sino llevarnos a cuestionar la realidad.

Pero entonces, ¿vivimos un mundo irreal y de posverdades?

Algunos neurocientíficos coinciden en que la realidad es una construcción de nuestro cerebro, es decir, de nuestra percepción y capacidades cognitivas que modelan el mundo. Pero filósofos contemporáneos han cuestionado tales aseveraciones, ya que esto nos llevaría a basar nuestra existencia en una vieja –y ya superada– premisa cartesiana: la de “pienso luego existo”. El filósofo Alva Noë, por ejemplo, cree más bien que la percepción es una dialéctica entre nuestro cerebro y nuestro entorno: una relación que transforma aquello que concebimos como real.

Quizá la cuántica se vea también regida por esta dialéctica, en cuyo caso no estaríamos atrapados en las “posverdades” contemporáneas, sino que estaríamos pensando el mundo –y la ciencia– desde un principio de empatía: de intersecciones, intercalaciones e imbricaciones invisibles, presentes en cada nanométrico movimiento vital tanto como en nuestra realidad aparente. Un mundo construido por cada visión y cada acción, pero en el cual si rigen algunas leyes –aunque jamás absolutas–. 

Que la realidad no existiese podría convertirse en una verdad universal, aunque tan frágil como cualquier hecho objetivo puede llegar a serlo en un mundo de múltiples verdades, donde los hechos no pueden disociarse de los procesos individuales y colectivos (o visibles y cuánticos).

 

*Imágenes: James R. Eads