Una red de coincidencias y aspectos en común fueron entretejiendo poco a poco la amistad que unió a las dos personalidades más grandes de la ciencia del siglo XX. En medio de los conflictos de guerra y un círculo de genios, Marie Curie y Albert Einstein cimentaron “durante 20 años una sublime y perenne amistad”.

congreso Solvay

La primera mitad del siglo XX estuvo llena de descubrimientos destacables en el área científica gracias a los cuales ahora comprendemos un poco más el mundo. Marx Planck, Henri Becquerel, Erwin Schrödinger, Niels Bohr y muchas mentes brillantes más formaron una generación de pensadores que cambiaría para siempre la ciencia. Entre sus filas estaban desde luego Pierre y Marie Curie, quienes ya habían ganado el Nobel de Física en 1903 y un joven Albert Einstein, en ascensión de su carrera.

Un amigo en común

Según Stanley Pycior, profesor emérito de historia y autor de Marie Sklodowska Curie y Albert Einstein: una relación profesional y personal, cuya revisión estuvo a manos de Eve Curie hija de la pareja ganadora del Nobel, Einstein y Marie se conocieron en 1909 cuando asistieron a un evento en la Universidad de Ginebra. Se conocieron gracias a un amigo en común, el físico holandés Hendrik Lorentz, ganador del Nobel de Física un año antes que los Curie.

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Lorentz conoció a Marie nueve años atrás, en 1900, en un congreso de Física en París. Por su parte, Einstein también llevaba años de conocer a Hendrik. Así que, en su asistencia a Ginebra en 1909, Lorentz se encargó de presentar a la ya famosa Marie, con un joven Einstein que acababa de publicar su Teoría de la Relatividad Especial.

Marie curie Albert Einstein amistad
Primer Congreso Solvay

En este primer encuentro surgió el chispazo de entendimiento entre la genialidad de ambos científicos. Pero no fue hasta 2011 cuando realmente comenzó la amistad entre Marie Curie y Albert Einstein, un evento científico y una desavenencia personal los acercaría hasta forjar lazos más fraternales. Ese año, ambos asistieron al primer congreso que quedaría marcado para la posterioridad como Conferencia de Solvay. Misma que es famosa por reunir a científicos de la talla de Max Planck y Henri Poincré, que más tarde se celebraría anualmente. En esta primera conferencia, el tema central se enfocó en el problema cuántico, por lo que Einstein de tan sólo 32 años, hizo una presentación especial sobre el tópico.

Albert Einstein

Marie Curie que para aquel entonces tenía 44 años, era la única mujer de entre un círculo de destacados científicos. No obstante, su renombre ya era bien conocido entre la comunidad, pero esto y haber ganado el Nobel de Física, no le impidieron prestar atención al joven Einstein del cual más tarde diría: “En Bruselas, donde asistía a una conferencia científica en la que el señor Einstein también participó, fui capaz de admirar la claridad de su intelecto, la amplitud de su información y la profundidad de su conocimiento”.

La desavenencia personal 

Ese mismo año, sucedió una desavenencia personal en la vida de Marie, quien ya había perdido a su esposo Pierre cinco años atrás. En 1911 Marie sostenía un romance con el también científico Paul Lengevin, que aunque era casado, vivía separado de su esposa. Pero en aquel entonces las cuestiones sociales se tomaban muy a pecho, así que tres días antes de que Curie volviera a ganar el Nobel esta vez en Química, la esposa de Lengevin hizo pública su relación.

Marie Curie

La prensa francesa criticó duramente a la científica y la catalogaron de agnóstica y destructora de matrimonios. Multitudes enfurecidas se dieron cita a las afueras de la casa de Marie, gritando consignas amenazantes contra ella. Esto despertó el desacuerdo de Einstein que se enteró de lo ocurrido desde tierras lejanas. Albert escribió entonces una carta muy emotiva a Curie para mostrar su empatía con la situación.

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“No se ría de mi por escribirle sin tener nada sensato que decir. Pero estoy tan enfadado por el modo vil en que actualmente la opinión pública se atreve a meterse con usted, que necesito absolutamente airear este sentimiento. Me siento obligado a decirle cuánto he llegado a admirar su intelecto, su energía y su honradez. Me considero afortunado por haberla conocido en Bruselas (…). Si la chusma sigue ocupándose de usted, deje sencillamente de leer esas tonterías. Que se queden para las víboras para las que han sido fabricadas”.

Las bases de una perenne amistad

Esta carta sentó las bases para una amistad que perduraría durante 20 años y traspasaría los límites generacionales. (Más tarde Einstein también enraizó una buena amistad con Irene Curie, hija de los Curie). Y si bien es cierto que las barreras ocasionadas por la Primera Guerra Mundial, pusieron una pausa a su amistad, Einstein y Marie lograron después una conexión sinérgica inigualable. Eve, la hija más pequeña de los Curie, comentó en alguna ocasión que su amistad estaba llena de admiración:

“Se admiraban el uno al otro; su amistad era franca y leal y les encantaba mantener interminables charlas sobre física teórica, algunas veces en francés, otras en alemán”.

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Irene Curie y Albert Einstein

El complemento sinérgico 

Funcionaban como un complemento sinérgico. Einstein era un físico teórico, cuyo trabajo era idear situaciones hipotéticas en su mente que le ayudaran a comprender las leyes de la física. Por su parte Marie vivía del laboratorio y la física experimental. Las ideas de ambos en su conjunto, sólo pudieron surgir de esta dupla mental, nadie más hubiese sido capaz de comprender su genialidad. Además, ambos vivieron episodios de exclusión que los llevaron a sentirse comprendidos el uno con el otro.

Einstein era un judío alemán en épocas donde su religión y ascendencia eran mal vistas. Y Curie era una mujer que escapó de Polonia para perseguir su sueño de estudiar la universidad, quizá ella no lo sabía, pero logró convertirse en la mujer más destacada de la historia de la ciencia. Esta sensación de ser extranjeros en sus propias naciones natales, los unió aún más.

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Y tal como lo describió el propio Albert Einstein en una carta donde le rindió homenaje a Marie Curie y su amistad, tras su muerte por exposición a la radiación:

“Fue una gran suerte para mí poder relacionarme con la señora Curie durante 20 años de sublime y perenne amistad. Llegué a admirar su grandeza humana cada vez más…
Si la fuerza de carácter y la devoción de la señora Curie estuviesen vivas en los intelectuales europeos, aunque sólo fuese en una pequeña proporción, Europa tendría ante sí un futuro más brillante”.

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