El futuro será sólo de las marcas sustentables: consume con conciencia

El futuro es de las marcas más responsables: cada vez más personas están eligiendo productos y servicios verdaderamente sustentables.

El verbo consumir tiene hoy una carga negativa. Es entendible porque hemos abusado de este acto, lo hemos practicado de forma insostenible y, a veces, absurda. Pero en realidad todos somos, y seremos, consumidores. Desde el vientre estas consumiendo nutrientes de tu madre, y apenas llegas al mundo, exiges recursos para mantenerte con vida, comenzando por el oxígeno, el agua y el alimento. 

Una vez aceptada nuestra naturaleza consumidora, entonces pasamos a lo importante. Un consumo sensible y responsable termina por ser más una especie de intercambio con el entorno y sus recursos que una búsqueda infinita de saciedad ilusoria. Sí, pareciera que la clave está en qué consumes, cómo lo consumes y de quién lo consumes. Y aquí entra una premisa decisiva: necesitamos convertirnos en consumidores, proveedores y productores sustentables (de hecho, tenemos que hacerlo ya). 

El rol de las marcas en el futuro del planeta y de la humanidad

La cantidad de recursos que mueven las grandes compañías productoras y proveedoras de servicios es inmensa. Nos referimos a recursos humanos, materiales, económicos y mentales –su incidencia en el imaginario–. Por eso resulta obvio que son un ingrediente esencial en la transformación; dicho de otra forma, si no contamos con ellas (que junto con gobiernos y sociedad civil son las tres grandes fuerzas en las que se ha materializado la humanidad), difícilmente lograremos corresponder a las exigencias actuales.

¿Qué es el greenwashing (o lavado verde) de las marcas? 

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Este término se refiere a prácticas decorativas pero no sustanciales y en algunos casos falsas o imprecisas, que algunas marcas presumen para “lavar” su imagen frente al público. El fenómeno surgió hace algunos años, conforme se hizo evidente la necesidad de industrias y mercados mucho más sustentables y así, más consumidores comenzaron a exigir que las marcas dejaran de ser un motor de destrucción y, en cambio, adoptaran políticas que beneficiaran al entorno, tanto social como medioambiental. Los primeros lavadores verdes fueron, como era de esperarse, dos de las compañías más contaminantes del planeta: la petrolera Chevron y la empresa de químicos DuPont. Los esfuerzos de ambas por publicitar, a finales de los 80 y principios de los 90, una responsabilidad social y medioambiental, se contradecían por completo con los efectos medibles de sus respectivas actividades. 

El greenwashing generalmente viene acompañado de recursos más destinados a delinear una falsa imagen verde que a ajustar su operación en sintonía con una genuina sustentabilidad. En el peor de los casos, tiene que ver sencillamente con un espíritu rapiñero; en muchos otros responde a una cierta torpeza o incapacidad de adoptar una nueva cultura en su filosofía y procedimientos. Algo similar ocurre, por cierto, entre las personas. A fin de cuentas no es fácil reimaginar tu cultura, sea individual o corporativa. Sin embargo, ya llegamos a un punto donde no tenemos opción: difícil darle sentido a tu existencia, o aspirar a preservar nuestra especie y su entorno si no cambiamos aceleradamente.

Las principales prácticas de greenwashing

Seguramente te has enfrentado a más prácticas de verdosa ficción de las que te imaginas. Por ejemplo, muchos productos que claman ser biodegradables pero no especifican en realidad cuánto tiempo toman en degradarse; otros presumen medidas ecoamigables pero jamás transparentan sus procesos operativos y, por ende, es imposible comprobar que realmente están haciéndolo. También hay productos o servicios ecológicos per se, pero cuyo proceso de producción, a diferencia del producto final, es profundamente nocivo, por ejemplo: un foco LED, cuyo proceso de producción contamina y además explota a los trabajadores. Pero sin duda, la predilecta de algunas marcas es la incursión en campañas de saneamiento o regeneración, incluso acciones masivas, pero cuyos beneficios son minúsculos en proporción al daño que producen sus actividades permanentes. ¿Te suena familiar?

 

¿Cómo acelerar la transición hacia un futuro de marcas sustentables y comprometidas?

Dado que la esencia de una marca tiene como fin primordial vender, el mejor aliciente que puede tener una compañía para hacerse responsable frente al entorno es la preferencia de los consumidores. Es decir, en la medida en que más personas privilegien aquellos productos y servicios que no depreden el ambiente y se preocupen por hacer las cosas bien, más compañías se verán inspiradas y de hecho obligadas a transformarse. Otro ingrediente, aunque más complejo por la cantidad de intereses implícitos, tiene que ver con políticas públicas (un ejemplo es la implementación obligada de un etiquetado transparente que revele al consumidor los componentes y efectos alrededor de un producto).

¿Qué es el consumo responsable?

Básicamente es cuando alguien decide qué consumir bajo un criterio que considere el impacto social, el medioambiental y la calidad de un producto o servicio. El requisito para practicarlo es informarte sobre lo que hay detrás de cada cosa que consumes y siempre privilegiar la calidad por sobre la cantidad (y cuando sea posible, también por sobre el precio). ¿Quién lo produce?, ¿en qué condiciones?, ¿es bueno para ti y para el entorno? Aquí hay que admitir que difícilmente existirá la marca o compañía perfecta. Tenemos que entender que tampoco podemos exigirles, como consumidores, medidas o plazos simplemente inviables. En cambio, tenemos que desarrollar la capacidad de discernir cuando una compañía realmente está apuntando a nuevas políticas.

¿Cómo practicarlo?

Al decidir qué consumirás y a quién se lo vas consumir, premias a quienes están haciéndolo bien. Estos son, obviamente, numerosos productores artesanales y locales, pero también grandes marcas que están sintonizándose con los valores fundamentales en estos tiempos. Para discernir quién lo está haciendo, lee las etiquetas, pero también dedica unos minutos a investigar sobre esa marca o línea. Consulta también información de organizaciones u organismos dedicados a monitorear el asunto. Considera que al consumir responsablemente promueves que otras marcas tengan que cambiar, reconoces a quien ya lo está haciendo y, en suma, alimentas una filosofía más sana y justa de relacionarnos con el entorno.

¿Y las marcas?

Pues tendrán que implementar, en caso de que no lo hayan hecho, un análisis crítico de su impacto integral. Luego, trazar una ruta estratégica, idealmente ambiciosa, para desintoxicar su operación y acercarse a la sustentabilidad. Finalmente, comunicarlo como lo que es: una cualidad adicional que cada vez irá teniendo mayor relevancia para más consumidores. ¿Sabías que más de la mitad del presupuesto de consumo millennial se gasta en productos y marcas sustentables, incluso cuando son más caros?

Las marcas tienen que reimaginar sus narrativas. No nos referimos a los recursos marketingueros, sino a la forma misma de insertarse en la realidad. No es indispensable sacar una “ecolínea” de sus productos, incrustar símbolos ecológicos en sus etiquetas o recurrir a eslóganes verdes. En cambio, se trata de materializar un compromiso y demostrar una sensibilidad frente a las nuevas exigencias. Las marcas deben asumir su responsabilidad y esforzarse por encontrar modelos más eficientes, y no descartemos más rentables, pero que no atenten contra el medioambiente o la salud pública, ni contra la sociedad en su conjunto. Si lo logran, hay millones de consumidores cada día más listos para aplaudirlo.



Johnson & Johnson sabía desde hace décadas que su talco para bebé era cancerígeno

Difícil imaginar algo más siniestro que un grupo de ejecutivos persiguiendo ventas a costa de vidas humanas.

Sicarios, terroristas, genocidas, asesinos seriales y psicópatas activos. Uno pensaría que este breve listado de “roles” englobaría a lo más nocivo de la fauna humana, pero ¿dónde quedan esos ejecutivos que a costa de millones de vidas humanas, del futuro del planeta y de la salud colectiva, persiguen obscenamente mayores ganancias?

El pasado 14 de diciembre se confirmó, vía un reporte publicado por Reuters (que puedes consultar aquí), que la monumental Johnson & Johnson supo durante décadas que su masivamente popular talco para bebé contenía asbesto, una sustancia potencialmente cancerígena, y que en lugar de enmendar su fórmula –suponemos que en detrimento de sus ganancias–, hizo todo lo posible por ocultarlo.

El reporte de Reuters se basa en cientos de documentos internos de esta compañía, además de otros obtenidos a lo largo de juicios contra esta corporación y otros recopilados por periodistas y organizaciones. Todos estos documentos también fueron hechos públicos y puedes consultarlos aquí.

 

La pulverización de la ética y la moral

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¿Qué nos ha ocurrido como sociedad, incluso como especie, para llegar a escenarios como el que dibuja el caso Johnson & Johnson? ¿En qué momento permitimos el cultivo de grupos que privilegian el margen de rentabilidad de sus respectivas compañías por encima de la vida humana? ¿Cómo vamos a frenar a estos grupos e intereses para erradicarlos a la mayor brevedad posible? ¿Cómo pueden vivir, dormir y reproducirse personas que practican o solapan este tipo de políticas corporativas ? 

 

Un cambio de paradigma

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Más allá de clamar por un castigo proporcional al daño cometido –si es que existe una pena de esas dimensiones– y de condenar categóricamente el antiespíritu que reina detrás de acciones como las de Johnson & Johnson, valdría la pena hacer de este funesto precedente un parteaguas en el papel que juegan las marcas y las compañías en el destino de nuestra especie y en la forma de relacionarnos con el planeta.

Si los consumidores, es decir todos nosotros, castigamos a las marcas y compañías que atentan contra nuestra salud y la de nuestro entorno, que explotan a sus empleados y recurren a procesos productivos absolutamente irresponsables, que ponen su patológica búsqueda de ganancias por encima de cualquier otro factor y repercusión, entonces estarán irremediablemente condenadas a la extinción. Además, si en cambio premiamos a aquellas marcas y productos que abiertamente están esforzándose por cambiar el paradigma de ganancia a toda costa –aun cuando tengan una historia poco loable pero, hasta cierto punto, “entendible” por la falta de conciencia de momentos anteriores en la historia–, y sobre todo a aquellas iniciativas que desde su misma esencia están orientadas a ser sustentables, entonces este proceso podría acelerarse.   

No se trata necesariamente de inaugurar una cacería de brujas, aunque sí de exigir legislaciones que impidan que estas prácticas sigan ocurriendo y castiguen, con toda severidad, a los infractores. En realidad se trata de hacerles entender a las grandes transnacionales, y a las marcas en general, que si quieren aspirar al privilegio de nuestro consumo, entonces tienen que asegurarnos que el bienestar de todos los involucrados –empleados, consumidores, medioambiente– es prioritario en su operación. 

Esperamos pues que Johnson & Johnson, y muchos otros, paguen por el daño, por cierto irreversible, que le han ocasionado a la sociedad en su persecución de más jugosas ganancias; pero sobre todo, deseamos que casos como este alimenten sustancialmente los nuevos y urgentes paradigmas de consumo responsable, ética corporativa y humanización del mercado.   

Si quieres saber cómo convertirte en un consumidor responsable, y por lo tanto en un agente evolutivo, haz clic aquí.



¿Cuáles son los productos ecológicos que están impactando Internet?

Estas invenciones te ayudarán a volverte verde (o a seguir siéndolo con mucho estilo).

Si lo sustentable alguna vez fue sinónimo de aburrido, ahora es imposible pensar tal cosa. Hoy en día, cada vez más productos ecológicos desbordan creatividad y son de una estética exquisita, y superan por mucho a los productos convencionales.

Muchos de los más innovadores productos ecológicos son el fruto de largas investigaciones y del trabajo colectivo de cientos de personas comprometidas con el medioambiente. Casi siempre, todo empieza con una pertinente y simple pregunta: ¿cómo hacer un producto más sustentable? Y así surgen cientos de ecoinventos, como granjas océanicas o drones que polinizan.

Pero también surgen productos ecológicos cotidianos, muy prácticos y que reencantan la existencia de todos los que nos responsabilizamos y llevamos vidas sustentables. De paso, estos productos ecológicos reactivarán tu fe en la humanidad, pues demuestran que la lucha contra la contaminación masiva aún no está perdida, y que podemos contribuir a ella con mucho estilo.

Estos son 8 preciosos e innovadores productos ecológicos:

 

 Air-Ink, Singapur – Contaminación convertida en tinta

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Esta tinta es hecha a partir de un artefacto que permite transformar la contaminación del aire en tinta. Fue creada por estudiantes y científicos del MIT y su mecanismo absorbe los contaminantes, remueve los metales que incluyen y deja sólo un pigmento de carbón purificado, que luego es llevado a otro proceso químico para hacer distintos tipos de tintas y pinturas.

Air-Ink es, sin duda, una bocanada de aire limpio: la tecnología al servicio de la reutilización de todo (porque todo es reutilizable, nada tiene que desperdiciarse).

 

Who Gives a Crap, Australia – Papel higiénico realmente ecológico

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Muchos papeles higiénicos se venden como ecológicos pero realmente no lo son, excepto, si acaso, en el reciclaje de algunos de sus componentes. Who Gives a Crap es realmente ecológico, pues no sólo no se utilizan árboles en su elaboración sino que está envuelto en papel y para su envoltura no se usan pegamentos, tintas ni esencias artificiales llenas de químicos nocivos.

Además, la empresa dona el 50% de sus ganancias para mejorar las condiciones sanitarias en países que lo necesitan –ya que existen 2.3 billones de personas que no tienen acceso a un toilet–.

 

Bakeys, India – Cubiertos deliciosos

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Este proyecto, que arrancó en el 2010, tiene su base en la India. Además de evitar la contaminación que provocan los cubiertos desechables de plástico, da un toque de sabor vegano a cualquier comida. Estos cubiertos están elaborados a base de sorgo, arroz y trigo, y hay en sabores tanto dulces como salados. En su elaboración no se usan conservadores, químicos ni aditivos de ningún tipo.

Y si no te los comes, no importa: son 100% biodegradables. Maravilloso.

 

Skleník Glasshouse, República Checa – Miniinvernadero para cultivar en la cocina

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Algo más que un bellísimo adorno: esta bolita de cristal es un miniinvernadero para la cocina, con el cual podrás cultivar tus propias hierbas sin necesidad de lámparas. Además obtendrás un producto orgánico, libre de pesticidas y que no involucra otros gastos, como el que implica el transporte o los empaques que a veces tienen estas hierbas en el mercado.

Son hechos por la artista Kristýny Markvartov.

 

Tunster’s, Holanda – Botanas elaboradas con restos de cerveza

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Los granos son una parte fundamental en la producción de cerveza. Pero a éstos sólo se les extraen los azúcares; lo demás es descartado del proceso, aun cuando todavía puede ser útil.

Tunster’s es una línea de botanas hechas a partir de esos granos descartados en la producción de cerveza. Eso los hace no sólo sustentables, sino muy saludables y deliciosos.

 

Piñatex, Filipinas – Cuero vegetal hecho de fibra de piña (tu ropa no será la misma)

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Los residuos de hoja de piña suelen ser desechados durante el cultivo de esta fruta, y se dejan pudrir. Piñatex propone usarlos para crear un hermoso material que es como un cuero vegetal, lo cual lo hace ecológico y libre de toda crueldad animal.

Como tal no se puede comprar directamente, pero es un material que Puma, Camper y otras marcas ya han utilizado.

 

Spiky, Londres – Cortina de baño para ahorrar agua

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La artista londinense Elisabeth Buecher puso al servicio del planeta toda su creatividad para hacer esta original cortina de baño. Su diseño de picos está hecho para activarse una vez que ha pasado el tiempo justo para ducharse, lo que evita que te quedes tiempo de más y desperdicies agua.

Es una gran y divertida idea para un problema muy grave. Lo malo es que aún no ha sido desarrollado de manera comercial, pero seguramente no tardará en ocurrir, pues la artista le dijo al HuffPost que le encantaría llevar este diseño más allá.

 

WaterDrop, España – Bolsa recolectora de agua

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Algunos productos ecológicos son innovadores por su sencillez. Esta bolsa, de precioso diseño artesanal y de material resistente, está hecha para reutilizar toda el agua que se va en esos segundos que dejamos la llave abierta para que se caliente el agua de la regadera.

Lo mejor es que tiene una forma de regadera que facilita la reutilización del agua para el toilet, para regar las plantas o para cualquier otro uso doméstico. Increíble, ¿cierto?