Medita en movimiento haciendo manualidades o artesanías

Tejer, bordar y modelar son sólo algunas de las actividades que verdaderamente conectan mente y cuerpo.

Las manualidades son algo que hacemos desde muy pequeños, cuando nos dan libros para colorear y tijeras sin filo para recortar; pero eso que empieza siendo una inocente recreación para estimular la psique infantil es algo que deberíamos seguir practicando toda la vida.

Para muchos, sin embargo, puede que las manualidades no sean sino una actividad para niños, o incluso –y no sin un toque de machismo encubierto– “cosas de mujeres”.

No obstante, los mundos de las manualidades, y en específico las artesanías, están ahí para quien quiere verlos y conocerlos. Y no sólo se pueden hacer infinidad de objetos útiles y personalizados, sino que podemos mejorar nuestra salud al realizar estas actividades.

Al hacer manualidades o artesanías obtenemos un estado psíquico único, llamado flujo.

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El Observador

En psicología se conoce como flujo a un momento inmersivo, donde la mente logra concentrarse 100% en la actividad que se ejecuta. Tal concepto fue acuñado por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en 1975, y desde entonces se le ha prestado atención a las actividades donde se presentan experiencias de flujo y se han estudiado a profundidad sus beneficios.

Manualidades como tejer, bordar, el modelado, el origami o la confección son algunas de las actividades que nos permiten experimentar el estado psíquico y físico del flujo.

Por ser una manera de experimentar el flujo y, por ende, de conectar cuerpo y mente, las manualidades constituyen una forma de meditación en movimiento. La clave en este tipo de meditación no es borrar todo pensamiento, sino encontrar equilibrio y paz mental a través de la actividad corporal.

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El caso del tejido ejemplifica perfectamente esta intensa conexión mente-cuerpo y los estados a los que se puede llegar practicando manualidades.

Por eso es que tejer es una de las manualidades cuyos beneficios para la salud mental han despertado más interés en la comunidad científica. Diversas investigaciones recientes destacan que, para quienes tejen, el alivio de la ansiedad y el estrés se halla en poder hacer una actividad que los desconecta de los asuntos personales.

Beneficios adicionales

  • Relajación rápida y prolongada
  • Felicidad –se libera dopamina y serotonina–
  • Sentido de logro
  • Mayor confianza y autoestima
  • Mejoramiento de habilidades cognitivas
  • Mejoramiento de habilidades manuales

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Además de estos beneficios –comprobados en decenas de investigaciones–, también se ha demostrado, científica y empíricamente, que hacer manualidades ayuda a disminuir síntomas de estrés postraumático, e incluso trastornos tan complejos como la anorexia.

La confección, por ejemplo, ha ayudado en el tratamiento de la fatiga crónica, al ser una actividad más diversificada que otras, mientras que los colores usados en el quilting –que además es una de las manualidades menos conocidas y más hermosas– tienen un impacto emocional sumamente positivo.

Si quieres meditar en movimiento, ¡suma las manualidades a tu rutina! Y si eres hombre, aprovecha para romper estereotipos y ejercitar tus capacidades de autotransformación atreviéndote a hacer manualidades –como los hombres tejedores de Chile–.

Pon manos a la obra. Conecta mente y cuerpo.

 

* Imagen de portada: Wassermoth, edición Ecoosfera



Cómo hacer caminatas con mindfulness: consejos de un maestro zen

Una guía para meditar paso a paso (sin tropezar en el camino).

La práctica mindfulness es un camino en sí. Por eso podemos adecuar esta forma de meditación a decenas de actividades, como las rutinas de ejercicio o nuestras caminatas diarias.

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Aunque muchos toman el mindfulness como una moda pasajera, en realidad se trata de una práctica milenaria, cuyos pioneros son los monjes zen. Para estos maestros, el mindfulness trasciende el instante para convertirse en el eje sobre el que gira su vida. Es debido a ello que los monjes zen, antes de meditar, ordenan su espacio vital, ya que dicha actividad es considerada análoga a la limpieza de la mente y necesaria para empezar las sesiones de meditación.

Si bien tanto el mindfulness como el zen son ideas y prácticas que han cobrado popularidad hasta el punto de lo mainstream, ello no significa que hayan perdido valor. Lo más importante es que indaguemos en sus orígenes: que aprendamos de la sabiduría zen y sus prácticas de primera mano, y en que pongamos en práctica lo aprendido de manera que podamos trastocar radicalmente nuestro ser interior y nuestra cotidianidad, combatiendo el estrés y la ansiedad con ayuda del zen y otros remedios naturales.

Un nuevo material que será de mucha ayuda para esto es el libro Walking Meditation: Easy Steps to Mindfulness, del maestro budista zen Thich Nhat Hanh, quien además es un consagrado activista vietnamita por la paz. En su libro, Hanh insiste en que las caminatas con mindfulness pueden realizarse en cualquier lugar, porque meditar no es sólo cuestión de encontrar un nicho en paz y en completo silencio. Este maestro zen nos pone el ejemplo, meditando hasta en aeropuertos. Según dice en su libro, las caminatas con mindfulness pueden realizarse incluso caminando del estacionamiento a la tienda.

Thich Nhat Hanh en Vietnam

Además, el maestro Hanh hace una recopilación de poemas y reflexiones de maestros zen que no sólo sirven como guía para nuestro recorrido mindfulness, sino que incluso llegan a ser divertidos –porque no todo en el zen es solemnidad y pureza–. Una de las intervenciones que retoma es por demás práctica:

Cuando practique una caminata con mindfulness en lugares públicos, siempre respire normal. Camine lento, pero no demasiado lento, porque no querrá que otros piensen que usted es demasiado anormal. Camine un poco más lento que su paso regular, un poco más rápido que su paso en interiores. De esta manera podrá disfrutar de paz y serenidad mientras camina, sin hacer pensar a la gente a su alrededor que está incómodo.

Recomendamos la lectura íntegra de este libro, el cual asegura que “mediante la práctica mindfulness de la respiración y la caminata, tanto tu mente como tu cuerpo se volverán naturalmente más ligeros, calmados y claros”. Mientras te haces de esta útil guía, aquí te dejamos algunos hacks para hacer caminatas con mindfulness.

4 pasos para hacer camintas mindfulness

Siéntete cómodo contigo mismo

Es decir, con todo: con tu velocidad, tu respiración, tus pasos, tu postura, y busca un estado psíquico de paz.

 

No apures el paso ni el proceso

Sin duda, aprender a hacer caminatas relajadas, en un mundo que va de prisa, no es fácil. Un consejo es saber que el proceso del mindfulness siempre debe ser gradual. No lo fuerces.

 

Sincroniza tu respiración y tus pasos

Normalmente disociamos la mente del cuerpo, pero sus procesos están bajo una sinergia permanente. Por eso es importante que sincronices tu respiración con tus pasos: el ritmo es un principio vital.

 

El camino es un medio

Recuerda que no dejarás de caminar mientras tengas vida. No busques una meta. Concéntrate en el desarrollo de tus habilidades, y cultiva la felicidad en el presente.

No buscamos la práctica de la caminata mindfulness para erradicar el dolor. Usamos la energía del mindfulness para estar en mejor contacto con nuestros sentimientos y emociones, y para aprender a aceptarlos.

 

* Imágenes: 1) CC, edición Ecoosfera; 2) CC; 3) valleydragon



¿Que ocurre en nuestros cuerpos cuando nos damos un abrazo?

No hay nada más efectivo para lidiar con los conflictos cotidianos que un abrazo.

La ciencia ha confirmado lo que nuestros sentidos ya saben: los abrazos curan. Muchos estudios han comprobado los numerosos beneficios de los abrazos. Desde mejorar el rendimiento entre atletas que se animan mutuamente mediante abrazos, hasta aliviar el dolor mejor que cualquier analgésico y promover la estimulación positiva del sistema nervioso.

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Pero un nuevo estudio hecho por el Departamento de Psicología de la Universidad Carnegie Mellon confirmó que los abrazos reducen drásticamente las emociones negativas, incluso en quienes se encuentran cotidianamente inmersos en conflictos.

Los investigadores analizaron las interacciones sociales de más de 400 personas durante 2 semanas. Mediante un registro de sus actividades diarias, de su humor y de sus interacciones físicas, encontraron una correlación entre los estados emocionales, los conflictos y el número de abrazos que la persona daba o recibía.

Al parecer, quien da o recibe abrazos se vuelve más resiliente.

Quienes no abrazan ni son abrazados, tienden a mayores niveles de estrés y ansiedad.

Según los investigadores, este vínculo entre los abrazos y la capacidad de lidiar con el conflicto no se vio afectado por circunstancias concretas como puede ser el género o si los participantes estaban casados, eran solteros o estaban en una relación extramarital. La correlación es, así, consistente con la hipótesis que los psicólogos querían comprobar: los abrazos nos ayudan a adaptarnos al conflicto y sobrellevarlo.

El impacto que esto tiene sobre la salud es portentoso, pues los conflictos personales son origen de mucho del estrés que nos carcome a diario y que desencadena decenas de problemas físicos y mentales: fatiga, presión arterial alta, depresión y hasta obesidad.

 

Meditar en movimiento y restaurar el contacto físico

Podríamos decir que los abrazos son una forma de meditar en movimiento. Por eso es que muchas terapias mindfulness han empezado a integrar los abrazos a sus sesiones, como un ritual afectuoso en el cual liberar oxcitocina –la hormona del amor– mientras se limpia la mente.

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Hian Oliveira/edición Ecoosfera

Retomar los abrazos como una constante en la vida y no como un suceso esporádico puede ayudar mucho a la salud individual y colectiva. Pero también puede promover nuestra evolución, pues vivimos en una época en la cual el contacto físico –incluso en las relaciones de pareja– está disminuyendo. La convivencia en redes sociales y otros entornos digitales, que se ha vuelto obsesiva, está contribuyendo a ello, así como las crisis existenciales que nos conducen a la depresión, la soledad y la baja autoestima.

Comprobar lo sanador que es un abrazo –incluso dar un abrazo a un árbol– es algo que puede ayudar a promover la restauración de un mayor contacto físico entre las generaciones actuales –que se encuentran cada vez más inmersas en la vida digital– y las que están por venir.

Así que la próxima vez no lo dudes y abraza: a tu mamá, a tu pareja, a tu perro o a un árbol. Los beneficios no se harán esperar.

 

* Imagen de portada: Muhammed Salah