La historia del maíz es la metáfora perfecta para resumir la historia de las culturas mesoamericanas, y especialmente la de México. Porque el maíz constituyó el centro de las cosmovisiones y fue el elemento fundante de la civilización. No sólo en los mitos de la creación, en los cuales los primeros seres humanos fueron formados a partir de granos de maíz, sino en la realidad, ya que esta gentil planta fue el principal alimento de las comunidades.

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Pero hay otro factor común entre la civilización y el maíz. La historia de ambos es larga y no siempre coherente. Es tan difícil asegurar cualquier cosa sobre el pasado de este milenario cultivo como sobre el pasado prehispánico mexicano. Aun así, algunas pistas parecen estar acercándonos a la génesis del maíz (y con ello, a la génesis de la cosmovisión mexicana).

Al parecer, el origen del maíz está ligado a la actividad del Nevado de Toluca durante el Holoceno.

Nuevas evidencias botánicas, arqueológicas y genéticas así lo indican.

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Las evidencias botánicas apuntan a que el teocintle (en náhuatl grano de Dios) es el ancestro directo de todas las variedades de maíz. Éstas comprenden más de 60: una constelación de diversos colores, formas y tamaños que son usados en todo tipo de rituales –desde los culinarios hasta los religiosos– y que pueden ser cultivados bajo decenas de condiciones topográficas y climáticas.

Esta gran diversidad, junto con las diferencias morfológicas del maíz y el teocintle, había hecho dudar a los expertos de que este último fuera el ancestro directo del maíz. Algunos creen que más bien existió un proceso de hibridación, y que los teocintles son los parientes silvestres del maíz.

 

La cosmovisión mexicana: inseparable de lo natural

Pero según el investigador Jean Philippe Vielle-Calzada, el teocintle y el maíz son subespecies que se pueden cruzar entre sí, y las semillas resultantes son fértiles. Esto indica la posibilidad de que el teocintle no sea sólo un pariente, sino el ancestro directo del maíz.

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El teocintle estudiado por el Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (LANGEBIO) pertenece a la cuenca del Balsas. Fue comparado por los investigadores con el maíz más antiguo hallado hasta ahora en México, que se estima que tiene 5 mil años de antigüedad y que se hallaba ya en proceso de domesticación por las comunidades que habitaban la región que ahora se conoce como el Valle de Tehuacán, en Puebla.

Ambos, el teocintle y el maíz antiguo, compartían un gen particular, llamado tb1. Éste permitió la adaptación del maíz al ambiente del Nevado de Toluca, cargado de metales pasados. Es decir que el volcán habría afectado a la tierra y a las poblaciones originales de plantas con sus erupciones, favoreciendo a los organismos con el gen tb1, como el teocintle y el protomaíz que, en teoría, habría surgido de estas condiciones.

Aunque según Vielle-Calzada, es probable que la actividad volcánica hubiese más bien acelerado un proceso de domesticación del maíz, ya puesto en marcha a partir de una especie preexistente de esta planta. Como sea, ambas son hipótesis que están acercando a los investigadores a la génesis del maíz, que al parecer está en México.

Así que encontrar la génesis del maíz –insistiendo con la metáfora– sería encontrar una génesis de la cosmovisión mexicana.

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Esto no sólo transformaría los libros de biología, sino que anclaría a los mexicanos en un pasado común de algo que seguimos compartiendo: el maíz. Porque esta milenaria planta sigue formando un contínuum hasta nuestros días, manteniéndose como un poderoso símbolo que, de alucinante manera, logra sintetizar lo mexicano a lo largo del tiempo –y pese a la diversidad que implica “lo mexicano”–.

Y si esto, como indican las investigaciones de Vielle-Calzada y su equipo, está ligado al Nevado de Toluca, sería todavía más significativo. Y es que los volcanes son otro elemento de importancia simbólica dentro de la cosmovisión mexicana, pues estos masivos habitantes del territorio fueron actores de la historia mítica y deidades que controlaban la producción agrícola.

Todo esto no haría sino confirmar que lo mexicano tiene un vinculo que aún hoy es inseparable de la naturaleza, lo cual no está de más recordar –y reafirmar– no sólo para salvaguardar las raíces, sino para reinventar el futuro. En ese sentido, nos recuerda también la importancia no sólo medioambiental, sino cultural, de salvaguardar el maíz contra los transgénicos.

 

* Imágenes: 1) Axayacatl; 2 y 4) CC; 3) biodiversidad.gob.mx