“Los adioses”: un poema visual dedicado a todas las mujeres (Cine)

Esta película es una invitación a leer a una de las escritoras más valientes y famosas de nuestros tiempos: Rosario Castellanos.

¡Que cese esta asfixia

de respirar con un pulmón ajeno!

-Rosario Castellanos

 

Esta es una petición para todas las mujeres: no tengan miedo de brillar. Las palabras de la actriz mexicana Karina Gidi no pueden ser más congruentes en tiempos como estos, ni más honestas cuando se le pregunta sobre la película donde interpreta a Rosario Castellanos: Los adioses.

Quienes ya tuvieron la fortuna de ver la película antes de su estreno oficial (este 24 de agosto) se han arriesgado a decir que Los adioses es un poema visual dedicado a todas las mujeres, al eterno femenino, pero también a todos los hombres que quieran abrir un poco más su conciencia. 

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La película dirigida por Natalia Beristáin es una ofrenda a la vida –a la intimidad– de una mujer que hizo historia en Latinoamérica, y que no deja de parecernos muy familiar en la actualidad: Rosario Castellanos

Muchos hemos oído su nombre, pero pocos sabemos lo profunda, valiente, cursi, muchas veces tormentosa y sobre todo justa que es la pluma de esta, una escritora mexicana que no tuvo miedo de señalar el mundo femenino que para la mayoría, incluidos grandes intelectuales de su época y la nuestra, era o es inexistente.

Castellanos fue poeta, maestra, diplomática y activista. Durante su juventud no dudó en trabajar e inspirar sus obras en favor de los estratos menos privilegiados, concretamente los indígenas y la figura de la mujer. Así que podríamos afirmar con toda seguridad que estamos ante una escritora feminista –la primera de México– que se encargó, además, de educar a varias generaciones durante sus años como profesora de la Universidad Nacional Autónoma de México, entre otras escuelas de Estados Unidos. 

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Lo nostálgico (y admirable) de ser mujer

Las mujeres tienen que elevar su conciencia y re-conocer su identidad para poder cambiar su realidad. Esa era la premisa que Castellanos llevaba consigo y que ha sido perfectamente ilustrada en Los adioses, una pieza fílmica del nuevo cine mexicano, donde podemos observar, entremezcladas, dos de las etapas más importantes en su vida: su juventud, cuando empezó a escribir, y su madurez, con la voz de una mujer consolidada.  

Los adioses no es una réplica de la vida de esta escritora. Muy al contrario, es una cinta que pone alfileres en cada parte fundamental en la vida de una mujer muy humana; por ejemplo, la relación de pareja –tan pasional como catastrófica–, los demonios mentales de una depresión retroalimentada, el éxito, la marginación (principalmente por parte de su esposo), el acto férreo de la obstinación por la escritura y por ser madre; la feminidad.  

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Así que en esta película, que podrás ver muy pronto en las salas Cinépolis, no encontrarás la biografía cuadrada de un personaje, ni tampoco un feminismo sin fundamentos… Esta es una invitación para que las mujeres no le teman a decidir sobre su destino; un filme contracultural, y un acto de rebeldía en tiempos donde lo femenino (seas hombre o seas mujer) todavía no ha podido ser valorado en ti. 

 

Los adioses (o El eterno femenino) se estrena este 24 de agosto en salas Cinépolis.



Podríamos tener un sexto sentido magnético (nuestro cuerpo como una especie de brújula)

Ya existe la primera prueba neurocientífica de que podemos sentir los campos magnéticos.

Mucho antes de que se inventaran las brújulas, es probable que los primeros humanos se orientaran a partir de una especie de sexto sentido magnético. Por lo menos a eso apuntan algunas investigaciones; la más reciente de ellas con evidencia neurocientífica. Más aún: es probable que aún tengamos vestigios de un sentido que antes quizá estuvo más desarrollado, como también lo estuvieron otros primigenios sentidos ligados a la intuición que aún poseemos. 

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Podría sonar a ciencia ficción, pero este poder podría no ser sino parte de nuestra evolución como seres vivos. Ello no nos haría únicos: más de 50 animales, desde abejas hasta perros, tienen este “súper poder” llamado magnetorrecepción. De hecho, las aves no sólo tienen esta capacidad alojada en el cuerpo, sino en sus ojos, ya que, al parecer, una proteína en su retina les permite detectar campos magnéticos con la mirada.

¿Por qué y cómo nosotros tendríamos este poder?

El primer experimento que se realizó para saber si los seres humanos también somos una brújula andante lo hizo el geofísico Joe Kirschvink. Éste hizo pasar campos magnéticos rotativos a través de algunos voluntarios mientras medía su actividad cerebral. Para sorpresa de Kirschvink, cuando el campo magnético giraba en sentido contrario a las agujas del reloj, ciertas neuronas actuaban de manera irregular, generando un aumento en la actividad eléctrica del cerebro.

No obstante, aún no se sabía si esta actividad era nada más que una reacción. Para que nuestro cuerpo fuese una brújula, tendría que procesarse cierta información que sirviera para la navegación, aunque fuese de manera intuitiva. Además necesitaríamos de células que funcionaran como magnetorreceptores, como en el caso de la proteína Cry4 que se aloja en la retina de las aves.

La cuestión es, ¿tenemos magnetorreceptores?

Las hipótesis de Kirschvink han sido lo suficientemente sólidas como para atribuírseles un campo de estudio propio. Y es que, de encontrarse que tenemos un sentido magnético, podríamos saber más sobre cómo la superficie de la Tierra influenció nuestra evolución. Asimismo, podríamos hacer más y mejores hipótesis sobre las condiciones geológicas de hace millones de años.

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Muestra 3D de la cámara de pruebas de magnetorrecepción el Caltech

Por eso, Kirschvink formó un grupo de investigación conformado por él mismo, así como un neurocientífico y un neuroingeniero. Este equipo colocó a más de 30 voluntario al interior de una cámara especial en la cual pueden manipular los campos magnéticos a voluntad. Ahí llevaron a cabo diversas pruebas para registrar la actividad del cerebro a través de electroenefalografía. Los investigadores encontraron que los campos magnéticos en cierto ángulo promovían una respuesta fuerte en el mismo ángulo del cerebro, lo que sugiere un mecanismo biológico estimulable, según escribió el propio Kirschvink para The Conversation.

Esto es ni más ni menos que la primera evidencia neurocientífica de que tenemos un sentido magnético. Si éste no se encuentra alojado en una zona en específico, sino que varía según las condiciones, quiere decir que tiene una función, y que de alguna forma debe traducirse en información orgánica útil para la navegación. 

Quizá este sexto sentido magnético fue más fuerte en el pasado, pero quizá lo podamos estimular e incluso evolucionar. Las preguntas –y las posibilidades– siguen abiertas.

 

*Imágenes: 1 y 2) Public Domain Review