También hemos contaminado el universo (y este proyecto busca limpiarlo)

Oh, sorpresa… Hay mucha basura orbitando la Tierra. Y es un problema para todos.

Tranquilo: el plástico aún no ha colonizado el espacio. La “basura espacial” no refiere al tipo de basura que podrías pensar, sino a escombros de gadgets espaciales que al estallar –como los cohetes– o tras colisionar –como los satélites– producen escombros que se quedan orbitando alrededor de la Tierra.

Pero aunque esta no sea basura convencional, lo cierto es que sí estamos contaminando el espacio, y eso nos concierne a todos. Porque los satélites son ese revolucionario dispositivo sin el cual no podríamos hablar por celular o conectarnos a Internet, entre muchas otras cosas. No obstante, los satélites también tienen una vida útil, y aunque algunos se desintegran y reingresan a la atmósfera terrestre, otros se quedan en la órbita de nuestro planeta, ya que están a demasiada altitud como para descender.

Así, estos satélites se convierten en chatarra espacial. Y basta imaginar la magnitud del problema si pensamos que sólo el 7% de los satélites –unos 560– de todos los que se han lanzado desde que dio inicio la carrera espacial están en funcionamiento. El resto son basura.

Según el Departamento de Defensa de Estados Unidos y la NASA,
hay 300,000 trozos de chatarra espacial orbitando la Tierra.

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¿Y cuál puede ser el problema? 

Según diversos científicos, la basura espacial podría ocasionar reacciones en cadena indeseables: mientras más basura haya, más escombros se formarán, dejando parte del espacio inutilizable. Esto sería mala noticia para las telecomunicaciones, navegaciones y demás. Sin contar que los escombros van a velocidades muy rápidas, que pueden dañar nuevos satélites, cohetes y estaciones espaciales tripuladas, siendo capaces de causar un daño equivalente al que ocasiona una granada de mano.

 

¿Es posible hacer algo?

Afortunadamente existe un proyecto que busca limpiar el universo, haciendo conciencia sobre la basura espacial. Se trata de Space Waste Lab, un proyecto de Studio Roosegaarde que trabaja en conjunto con la Agencia Espacial Europea y que, utilizando luces LED e información de rastreo en tiempo real, ayuda a visualizar la basura espacial, de forma que sea más fácil para las agencias espaciales capturarla. 

No obstante, aún falta terminar de desarrollar la tecnología para recolectar esta basura. Las soluciones propuestas hasta ahora han variado, aunque las más innovadoras proponen usar redes o arpones para atrapar la basura, para luego almacenarla en microsatélites que funjan como brazos de estaciones espaciales. Esa es, por lo menos, la última y más novedosa propuesta, hecha por el Centro Espacial Surrey.

En ese sentido, Space Waste Lab es un proyecto científico que podría ser muy útil en esta misión de limpiar el universo, ya que aglutina ingenieros y diseñadores que, además de desarrollar tecnología que puede ser útil a la causa, también hacen conciencia en la sociedad mediante películas, charlas y exposiciones. Además, proponen que la basura espacial sea usada de manera sustentable o para crear gadgets que nos ayuden a luchar contra el cambio climático, porque nada es un desperdicio: todo se transforma.

Si quieres saber más, visita el portal de Space Waste Lab.



Mientras el Amazonas arde en llamas, Bolsonaro culpa a activistas y ONGs

El presidente de ultraderecha ironizó la gravedad de los incendios forestales llamándose a sí mismo “Nerón”.

De enero a agosto de este año, el Instituto Nacional de Investigación Espacial (INIE) de Brasil detectó un aumento del 84% en los incendios forestales en el Amazonas, con respecto al mismo periodo del año anterior. Pero lo que debería levantar las alarmas para proteger el hogar de tres millones de especies, plantas y animales, se ve envuelto en la bruma política entre el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, y los intereses que convergen en la mayor selva del mundo. 

Por un lado, sus políticas ambientales han sido criticadas internacionalmente desde su campaña presidencial hasta sus primeras acciones de gobierno, pues prometía “desarrollar” económicamente áreas del Amazonas que otras administraciones habían protegido mediante leyes. La resistencia de las comunidades indígenas en defensa de su territorio ha seguido los primeros meses de Bolsonaro en el poder como una sombra.

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Imagen de satélite que muestra las zonas afectadas por incendios forestales en América del Sur (INIE, Brasil)

 

Por otro lado, Bolsonaro ha desestimado la información del INIE, incluso burlándose públicamente del hecho de que los incendios forestales en la Amazonia se han duplicado desde 2013 (cuando ya era un problema grave). Incluso sugirió que organizaciones no gubernamentales podrían estar detrás del aumento de los incendios forestales, sin reconocer el papel de la deforestación y la permisividad de su administración en la tala ilegal.

“Solían llamarme ‘Capitán Motosierra’. Ahora soy Nerón, prendiendo en llamas el Amazonas”, según la agencia Reuters.

El Nerón del Amazonas

El ultraderechista Jair Bolsonaro ha recibido numerosos apodos, no precisamente halagadores: en el ejército y durante la dictadura lo llamaban “caballón”, mientras que en su campaña presidencial, varios medios se refirieron a él como “Trump tropical”. 

Ahora Bolsonaro se llamó a sí mismo “Nerón”, en referencia al último de los emperadores de los Julio, Nerón Claudio César Augusto Germánico, en el primer siglo de nuestra era. A pesar de las ambiciones comerciales de Nerón, su legado es de ejecuciones masivas de cristianos, además de la leyenda que dice que, durante el gran incendio de Roma la noche del 19 de julio del año 64, Nerón componía canciones en su lira.

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El actor Peter Ustinov en su papel de Nerón, en “Quo Vadis”.

 

Los historiadores Suetonio y Dion Casio llegaron a afirmar que Nerón mismo había provocado el incendio que duró 5 días y redujo a cenizas cuatro de los 14 distritos de la ciudad, con el objetivo de reconstruir Roma a su gusto. Estas leyendas se propagaron por la ciudad, aún en tiempos de Nerón, por lo que el emperador comenzó a culpar a los cristianos, ofreciéndolos como chivos expiatorios en el Circo. Sin embargo, muchos historiadores han disputado y tratado de desmentir estas leyendas.

De vuelta en nuestra época, Bolsonaro dijo que los incendios se deben a “la época de la queimada”, cuando los campesinos realizan incendios controlados para limpiar la tierra. Sin embargo, existen evidencias de que las queimadas están ocurriendo en territorios de naciones indígenas, como los Pataxó de Minas Gerais. Según el relato de una testigo, “llegaron personas con botes de petróleo en la madrugada y le prendieron fuego a los lados de la selva que rodean las casas de la tribu Naô Xohâ”,

 

 

¿Cómo ayudar al Amazonas?

Algunas iniciativas para apoyar organizaciones que luchan por defender el Amazonas (además de muchas más opciones contenidas en este hilo de Twitter) llaman a utilizar servicios como el navegador Ecosia.org, el cual se compromete a plantar árboles a cambio de usar su servicio de búsqueda.

También puedes comentar el último post de TenTree (la marca que planta 10 árboles por cada prenda de ropa que les compres) en Instagram, pues por cada comentario se comprometen a donar $0.10 centavos hasta llegar a la meta de $20 mil dólares para asociaciones de respuesta a incendios forestales. 

 
 
 
 
 
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Mientras tanto, a pesar de la ceguera de Bolsonaro, el humo de los incendios forestales se dejó sentir en San Pablo, a casi 3,000 kilómetros de la selva. Los meteorólogos creen que puede tratarse de humo proveniente de Paraguay, lo cual tampoco constituye una buena noticia para las selvas del cono sur.



¿Qué haremos con la basura espacial? Expertos ya lo están discutiendo

Hoy existen miles de trozos de desechos humanos en el espacio, sobre todo los provenientes de satélites ya apagados.

Mientras en el mundo la cantidad de desechos crecen (también el reciclaje pero no a la velocidad que debiera) la basura espacial es ya también un hecho. Sobre todo proveniente de los desechos y pedazos de satélites obsoletos, estos objetos en ocasiones viajan a  tales descomunales velocidades que pueden ser peligrosos, algo así como una obstrucción en el trafico espacial; además de que las repercusiones en el cosmos seguramente serán reales. 

Por el anterior problema que quizá se veía muy lejano pero que ya sucede, en estos días expertos de muchos países se reunieron en el oeste de Alemania en el congreso ¿A quién pertenece la Luna?. Bernhard Schmidt-Tedd, del Centro Alemán de Navegación Espacial (DLR) explicó que los cientos de miles de trozos de basura espacial -satélites ya apagados, sus componentes o fragmentos de cohetes- que vuelan sin control a 25 mil kilómetros por hora, una velocidad que vuelve enormemente destructivas incluso a partículas milimétricas.

“En este momento se envían al espacio muchos pequeños satélites que sólo requieren un presupuesto reducido”, explica Schmidt-Tedd. Su conclusión: “Hay que aclarar qué satélites pueden enviarse, a qué altura y en qué órbita”.

Por su parte Stepahn Hobe, experto del instituto Espacial de Colonia que organiza el congreso, advirtió: “Llegará el momento en que el espacio esté tan contaminado que se ponga en peligro la navegación y ya no se puedan usar los satélites de comunicación”. E incluso advirtió que para aprovechar la poca gravedad de la órbita de la tierra esta podría aprovecharse para fabricar fármacos por ejemplo, o para el transporte a grandes velocidades. 

Sobre la provocadora pregunta que titula al congreso ¿De quién es la Luna? “El Tratado Internacional del Espacio Exterior prohíbe a los países apropiarse de cuerpos celestes”, responde Hobe. Y el Tratado de la Luna aclara que sus recursos son patrimonio de toda la Humanidad.

[La Jornada]