Conoce y practica los 5 lenguajes del amor (¿cuál es el tuyo?)

El amor se expresa de muchas formas, ¿estás seguro que tu pareja y tú hablan el mismo lenguaje amoroso?

¿Cómo te gusta expresar afecto? ¿Preparando una cena romántica a la luz de las velas? ¿Ayudándole al otro con un examen difícil? ¿Mediante regalos? ¿Con un sencillo roce de manos? ¿Con besos? ¿Mediante palabras?

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Laura Makabresku

El amor es el conector universal: todos deseamos sentirnos amados y expresar amor. El problema es que no todos lo hacemos de la misma manera. Es posible que alguien intente hacernos sentir amados a través de regalos, cuando lo que necesitamos son palabras de aliento en momentos de estrés. O bien, nos gustaría que nuestra pareja nos tocara más a menudo, pero él o ella expresa su afecto regalándonos cosas o llevándonos a cenar.

El filósofo y autor Gary Chapman saltó a la fama hace unos años con el libro Los cinco lenguajes del amor. En él, Chapman analiza el amor como una práctica, no como un concepto o una idea, sino como algo que hacemos naturalmente para relacionarnos con otros: un proceso que se fortalece conociéndonos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos.

Además, hablar de “lenguajes” indica que existe más de una manera de expresar y recibir amor, y también que las distintas formas de ser amorosos pueden traducirse unas a otras. Identificar cómo deseamos ser amados es una parte importante del proceso, y hacernos una idea de cómo desean otros que los amemos también es importante.

Cuando hablamos de “amor” no sólo nos referimos a relaciones sexoafectivas o amor romántico, sino también al afecto que demostramos a nuestros familiares y/o amigos. Al hablar de los cinco lenguajes del amor tampoco se trata de reducir todas las formas de amor a una tipología estrecha. Más bien, se trata de mostrar los rasgos característicos de algunos tipos de afecto, y partir de ahí para generar vínculos más estrechos con nosotros mismos y con nuestros seres amados.

Sin más preámbulos, aquí van los cinco lenguajes del amor:

1. Palabras de afirmación

Una carta puede abrir puertas –y es una buena forma de despedirse también–. Las palabras, ya sea por escrito o dichas en un momento importante, pueden hacer sentir bien tanto a quien las dice como a quien las recibe. Un cumplido honesto o el reconocimiento de una cualidad que aprecias en ellos es el mejor regalo que puedes hacerle a este tipo de personas.

Si estás con alguien cuya fuente principal de afirmación son las palabras, debes saber que se toman la crítica muy a pecho y jamás olvidarán nada de lo que les digas. Aprecian sentirse escuchados, y esperan que sus parejas verbalicen sus deseos y necesidades.

 

2. Tiempo de calidad

El ritmo de vida actual y la proliferación de aplicaciones para teléfonos móviles nos hacen creer que un mensaje de texto o una llamada son capaces de comunicar nuestro afecto. A pesar de que todos tengamos vidas ocupadas y muchas actividades, es importante hacer tiempo en la agenda para dedicárselo de lleno a los que amamos.

A veces no basta con “estar” en la misma habitación. Este tipo de personas se sienten amadas cuando la otra persona comparte una actividad en común con ellas, cuando se involucran en sus pasatiempos, cuando les ayudan en algo que se les dificulta, o simplemente cuando sienten que la otra persona es considerada al dedicarles tiempo.

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Laura Makabresku

3. Contacto físico

Puede parecer obvio, pero el lenguaje no verbal es la primera forma de afecto que aprendemos al nacer. El calor del cuerpo del otro nos hace sentir seguros y contenidos. Las manos, los labios, incluso las miradas, dicen cosas que las palabras muchas veces no pueden expresar.

Este tipo de personas tienen una gran necesidad de contacto físico. Puede que sea difícil para ellos verbalizar lo que sienten, pero la manera en que te abrazan y se acercan a ti también es una forma de comunicación poderosa. Lo peor que puedes hacerles es rechazar su contacto, pues para ellos el cuerpo es una prioridad.

 

4. Regalos

Dar y recibir pequeños detalles materiales puede ser una buena forma de generar cercanía con otros. No se trata de “comprar” el afecto de nuestra pareja o amigos (aunque algunos padres pueden caer fácilmente en esa trampa), sino que para algunos es más sencillo asociar sus emociones con objetos y ofrecerlos como símbolos de ello.

Tampoco quiere decir que estos individuos sean materialistas o consumistas en un sentido negativo. Los regalos no se tasan de acuerdo a su precio, sino a la intención. Las ocasiones especiales suelen ser importantes para ellos, y no se toman bien cuando sus regalos no son suficientemente apreciados por quienes los reciben.

 

5. Actos de servicio

Preparar una cena (o desayuno), cuidar el espacio del otro como si fuera nuestro, acompañar a los amigos a una cita médica cuando tienen miedo de ir solos, son formas comunicar amor mediante actos serviciales.

Este tipo de personas se sienten amadas cuando el otro realiza tareas que les facilitan la vida, lo cual no quiere decir que se vuelvan dependientes. Pueden sentirse heridas si sienten que estás dándole prioridad a las necesidades de otras personas, o que no haces tu parte en las tareas compartidas.

 

Este pequeño test puede ayudarte a definir qué tipo de lenguaje del amor hablas.



¿Sigues soltero? La ciencia podría darte pistas del por qué

Es útil saber qué podría estar provocando tu soltería… sobre todo, si ya no la disfrutas.

Nada es más útil para dar con las razones de algo que nos inquieta que el simple acto de preguntar. Por eso, el psicólogo Menelaos Apostolou buscó indagar en el por qué de la soltería de los hombres a través de una simple pregunta:

Muchachos, ¿por qué están solteros?

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Apostolou encontró un post en Reddit donde un usuario anónimo hacía esa simple pregunta. A partir de las más de 6 mil respuestas en el post, que fueron clasificadas por el psicólogo en distintas categorías, surgieron interesantes indicadores sobre por qué la soltería se está volviendo una pandemia entre el sexo masculino.

La soltería masculina parece girar en torno a 43 temas, que incluyen:

  • Ansiedad
  • Disfrute
  • Falta de tiempo
  • Miedo a las relaciones
  • Falta de ánimo para volver a intentar tener una relación

 

* También en Ecoosfera: Por qué la soledad es buena para ti (y cómo diferenciarla del aislamiento)

 

Según explicó Apostolou posteriormente, esta situación podría deberse a una suerte de cuestión evolutiva. Al parecer, los hombres no han podido sintonizarse con una realidad social que ahora requiere de ellos mayores habilidades para relacionarse y flirtear:

En un contexto ancestral preindustrial, la selección forzada regulaba el esfuerzo para encontrar pareja y lo hacía escaso. Esas habilidades antes suprimidas son necesarias actualmente, porque en las sociedades posindustriales la elección de pareja no es regulada ni forzada, sino que la gente tiene que encontrar pareja por su cuenta.

Parece certero apuntar a que mejoremos colectivamente nuestras habilidades e incluso nuestros instintos, muchos de los cuales podrían haber quedado relegados en la vorágine de los cambios experimentados por la sociedad.

Pero Apostolou peca de evolutivo, y deja de lado las cuestiones culturales que están afectando nuestra sociabilidad, entre ellas la tecnología, misma que nos ha llevado a nuevas formas de relacionarnos y que está trastocando todos los paradigmas de la afectividad.

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De incontables formas se ha demostrado cuán nociva ha sido la tecnología para las relaciones, y cuantas inseguridades genera –al grado de que las personas se someten a operaciones estéticas para lucir como en sus selfies–. Así que, ¿no será este el motivo de la soltería de muchos hombres –y también mujeres–?

Si es así, y no se trata sólo de una cuestión natural –como asegura Apostolou, de quien apreciamos la simplicidad de su método de investigación, pero que nos deja con muchas dudas–, entonces es evidente que debemos transformar nuestra sociedad y la manera como nos relacionamos.

Eso incluye generar una cultura de apertura, donde los sentimientos ya no se oculten y donde hombres y mujeres nos podamos relacionar unos con otros sin avatares, sin fotos de perfil retocadas, sin apps ni ninguna otra máscara digital.

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Si tú también estás soltero y sientes ansiedad, miedo o falta de ánimo para iniciar una relación, piensa que no estás solo: millones de personas pasan por lo mismo. Y no es un imperativo dejar de estar soltero: es más importante que cuides de ti, que sepas estar solo y que puedas emprender lo que quieras cuando lo desees, como por ejemplo, una relación afectiva con otro.



Amarnos a nosotros mismos en tiempos ensimismados

¿Será posible reinventar el amor propio y llevarlo más allá del culto al individuo?

Amar es desgarrarnos para cosernos, rompernos para pegarnos. Amar es alejarnos para volver, dañarnos para curarnos. Amar es el más extravagante de los hábitos: un acto efímero en su eternidad. Un péndulo de Foucault oscilando infinitamente.

De entre las ambivalencias e incertidumbres que constituyen la esencia de esta pasión humana, existe un aparente antagonismo entre el amor al otro y aquel que guardamos para nosotros mismos.

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Henn Kim

Ambos pasan en nuestros tiempos por una crisis que los hace parecer irrealizables y, en ocasiones, también irreconciliables: no hay tiempo de amar a otros porque estamos muy ocupados procurándonos a nosotros mismos. O no nos amamos porque estamos muy ocupados salvando el mundo.

No obstante, amarnos a nosotros parece ser, verdaderamente, el principio desde el cual se desdobla el resto de nuestros actos. Por eso Ron Padgett, nuestro Paterson de carne y hueso, escribe:

Take care of things close to home first. Straighten up your room before you save the world. Then save the world.

(Encárgate primero de las cosas cercanas a casa. Arregla tu cuarto antes de salvar el mundo. Luego salva el mundo)

Parece urgente amarnos si queremos ser capaces de amar a otros en algún momento. Porque si no nos amamos, ¿cómo amar a otros? Esta parece ser la aritmética de las relaciones humanas, su lógica intrínseca.

Pero el amor no es reductible a operaciones matemáticas. Recuperar el amor propio en estos tiempos es, quizá, más difícil que nunca en la historia. Somos presa fácil de los vacuos discursos sobre el amor, cuya retórica cínica invita a amarnos desde el narcisismo y la mezquindad. Existen también los sustitutos inverosímiles: en lugar de amar, nos sumimos en nuestra psique depresiva y cultivamos un odio que poco a poco nos carcome.

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Ante esas condiciones decadentes, es urgente plantear hipótesis radicales. ¿Qué tal si la única forma de recuperar el amor propio fuera admitiendo que no hay una hoja de ruta que nos marque cómo hacerlo? Suena desolador: si algo buscamos son respuestas tangibles, concretas y que nos den soluciones inmediatas.

Pero amar es precisamente lo contrario a todo ello. Amar –afortunadamente– no es una ciencia, y por ello, no existen métodos para aprender a amarnos ni para amar a otros. Por eso, aun en nuestros tiempos ensimismados, el amor sigue siendo un resquicio de libertad para quien se atreve a mirar desde ahí.

Aunque quizá una de las pocas cosas que se puedan afirmar sobre esa cosa contradictoria que es el amor (cuya semántica, por cierto, es el mayor reto de los lingüistas) es que tanto aquel amor que nos profesamos a nosotros mismos como el que le profesamos a los demás, son indisociables. Ambos tienen una autonomía relativa, tanto como nosotros la tenemos de los demás. Pero su aparente antagonismo o dualidad es producto de nuestra época, y no es sino una ilusión, como muchas de las que sustentan nuestras creencias.

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El amor es una totalidad que sólo puede sobrevivir como tal, retroalimentándose cada una de sus partes de lo uno y lo otro. Hay una necesidad mutua, incluso cósmica, entre los tipos de amor, tal y como la hay en el individuo para con los otros, a quienes necesita para poder ser y desdoblarse en sus infinitas posibilidades.

Si algo resume esta idea en una cotidianidad sólo aparentemente sencilla pero en realidad sumamente compleja, es esta otra metáfora de Padgett en su poema “Love”:

That is what you gave me

I become the cigarette and you the match

Or I the match and you the cigarette

Blazing with kisses that smoulder towards heaven

(Eso fue lo que me diste: yo me convertí
en cigarrillo y tú en fósforo
o yo en fósforo y tú en cigarrillo
brillando con besos ardiendo hacia el cielo)

El amor propio sólo puede cultivarse cuando aprendemos a ser ya sea el cigarrillo o el fósforo. Es una relación dinámica que ocurre todo el tiempo, todos los días. No hay principios ni finales. No hay identidades definidas permanentemente. Sólo fósforos, cigarrillos y las chispas que simbolizan la valentía que implica amarnos y amar en un mismo tiempo. 

 

* Ilustración principal: Sivan Karim 

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.