¿Quieres saber si alguien tiene depresión? Fíjate en sus palabras

La frecuencia y uso de ciertas palabras y construcciones lingüísticas es más frecuente en pacientes con depresión.

La depresión no es un estado de ánimo: es una enfermedad que afecta a más de 300 millones de personas a nivel mundial, entre ellos muchos jóvenes, con implicaciones negativas en su calidad de vida. De igual forma, cada caso de depresión presenta particularidades y diferencias que deben ser tomadas en cuenta por el profesional de la salud mental que lo trate; pero en muchas ocasiones, la gente que sufre este trastorno teme pedir ayuda, o simplemente no sabe que está viviendo con depresión.

Una nueva herramienta que podría ayudar a identificar casos de depresión echa mano del recurso más íntimo que tienen los seres humanos para comunicarse: el lenguaje.

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Laura Makabresku

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Un nuevo estudio publicado en la revista Clinical Psychological Science describe un intento por tratar de analizar la escritura de personas con depresión mediante métodos de análisis computarizados. Este análisis no sólo busca palabras clave, sino también estructuras sintácticas, prevalencia y clases de palabras, diversidad léxica, longitud de las oraciones y patrones gramaticales, entre otras variables.

Uno de los investigadores es Mohammed Al-Mosaiwi, candidato doctoral en psicología de la Universidad de Reading, quien afirma que:

En su conjunto, los resultados de esta investigación revelan diferencias claras y consistentes en el lenguaje de quienes presentan y no presentan síntomas de depresión.

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Laura Makabresku

 

Así habla la depresión

En su investigación con inteligencia artificial, Al-Mosaiwi y sus colegas diferencian entre contenido y estilo de la escritura. Grosso modo, el contenido es el tema y el estilo es la manera de tratarlo. El estudio consistió en analizar 64 foros de salud mental, con más de 6,400 miembros, y contrastarlos con 19 foros de control sobre otros temas.

Un rasgo esperable en el contenido de la escritura de la gente con depresión es la prevalencia de palabras que refieren a emociones negativas, como solitario, triste o miserable. Sin embargo, resulta más inesperado encontrar que utilizan pronombres singulares de primera persona (todo lo que refiere a “yo”), en vez de pronombres que refieren a otros (“él”, “ella”, “ellos”, etcétera).

Esto sugiere que los individuos con depresión se enfocan más en hablar de sí mismos, o desde un lugar conceptual y gramaticalmente aislado, en lugar de incluir a otras personas en su discurso. Esto es consecuente con el “rumiar”, el pensamiento obsesivo respecto a uno mismo, que presentan muchos pacientes con depresión.

No obstante, para los investigadores esto no representa necesariamente patrones de pensamiento distintos entre quienes sufren este padecimiento y quienes no; solamente se trata de evidencia estadística.

También sobresale el uso de palabras “absolutistas”, como “siempre”, “nada” y “completamente”. En comparación con los foros de control, las palabras absolutistas fueron 50% más frecuentes en foros de ansiedad y depresión, e incluso 80% más frecuentes en foros sobre ideación suicida.

El objetivo de este estudio es apoyar la labor de los terapeutas para clasificar distintos padecimientos psíquicos de acuerdo a la manera en que hablan y/o escriben los pacientes. Los investigadores advierten que en el futuro próximo, los algoritmos serán más sofisticados y permitirán identificaciones más precisas; sin embargo, no se debe confundir el uso de este tipo de marcadores gramaticales en el discurso con un diagnóstico de depresión, el cual solamente debe ser realizado por un profesional de la salud mental.

 

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Sumérgete en la mente depresiva (y aprende a entenderla)

Entender la depresión es un ejercicio de empatía que todos debemos hacer.

La tristeza es un sustrato de la psique, y una conducta típica que define nuestra condición humana. Sin ella, la narrativa civilizatoria no tendría sentido, pues la tristeza es una energía capaz de mover el mundo –tanto, o más todavía, que cualquier emoción–.

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Johnny Keethon

Pero cuando la tristeza se convierte en un hábito de la psique individual, debemos hablar de depresión: una enfermedad mental que produce una tristeza profunda y permanente, la cual afecta a más del 5% de la población mundial.

Pese a su gran prevalencia –y el hecho de que en países como México se habla ya de una epidemia depresiva la depresión no está libre del estigma y el prejuicio que pesa sobre la mayoría de las enfermedades mentales. Quienes no sufren depresión creen que ésta es decisión de quien la padece: que curarla es cuestión de voluntad, y que el enfermo sólo tiene que decidir dejar de estar triste.

Lo más grave de esta actitud colectiva hacia la depresión es que provoca aún más aislamiento en quienes padecen esta condición. Así, la sociedad entera se vuelve victimaria de las personas deprimidas, haciéndoles mucho más difícil superar su situación.

 

Debemos sumergirnos en la mente depresiva y aprender a entenderla

Lo que ocasiona esa característica fragmentación de la psique depresiva, así como las disrupciones cotidianas que todo paciente experimenta, es producto del papel azaroso e impredecible que juegan los químicos y las hormonas en el cerebro. Es decir que la depresión es fundamentalmente un desbalance químico, por lo cual es considerada estrictamente como una enfermedad mental.

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Maya Beano

El problema es que la sociedad no alcanza aún a dimensionar lo que esto significa.

Para quienes padecen depresión, resumir su estado anímico con las palabras “desbalance químico” no es suficiente, al igual que curar su trastorno tampoco depende sólo de fármacos. Porque la depresión es también producto de las experiencias vividas: los traumas, las desilusiones, los fracasos, las traiciones. Incluso los grandes sucesos sociales promueven la depresión –como pueden ser condiciones violentas, inseguras o precarias–.

Y precisamente por eso es que, para muchos expertos, lidiar con la depresión es lidiar también con las causas subyacentes a ella, tanto las individuales como las colectivas. Para quienes padecen depresión, saber más de sí mismos –cultivar el amor propio–, así como explorar su psique, son dos necesidades apremiantes.

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Maya Beano

 

Un ejercicio de empatía: qué es (y qué no es) la depresión

Quien padece depresión no sólo está triste: padece una enfermedad mental.

La depresión no es sólo un desbalance químico: es también una consecuencia social.

La tristeza es algo que todos sentimos, pero que nos deja vivir: la depresión es insoportable y no permite vivir.

 

¿Cómo se siente un paciente depresivo?

Un paciente depresivo no puede hacer cosas cotidianas porque una especie de nube insiste en posarse en su mente, dejándolo sin poder ver, ni oír… y ni siquiera moverse.

El depresivo no ve colores, sino una realidad monocromática.

Ya no disfruta nada, se siente fatigado todo el tiempo, no puede pensar con claridad y se le dificulta concentrarse.

No puede siquiera leer o ducharse.

Y sobre todo: quien está sumido en depresión, se aísla. Se siente solo incluso cuando está rodeado de personas.

 

¿Cómo se ve un paciente depresivo?

Un paciente depresivo no come o come en exceso, lo que ocasiona que su peso corporal varíe dramáticamente.

Suele reaccionar con lentitud o estar ansioso todo el tiempo –lo que puede leerse en su lenguaje corporal–.

A veces tiene comportamientos erráticos, producto de su ansiedad.

Puede tener episodios de enojo intempestivo, o romper en llanto de un momento a otro.

 

¿Y cómo saber que se pasó de la tristeza a la depresión?

Cuando se tienen más de tres episodios de tristeza en un período corto, es cuando se puede diagnosticar depresión.

También cuando algunos síntomas persisten, como irritabilidad, perturbaciones en el sueño, cambios de peso y sentimientos de culpa.

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Maya Beano

 

Una vez que nos sumergimos en la mente depresiva… ¿qué hacer en la superficie?

Una mala reacción individual a la depresión puede ser mortal. Pero lo malo es que esto no sólo depende de los individuos: existe una cultura antitristeza que, al tiempo que afirma la depresión a cada momento, estigmatiza a quien la padece.

Debemos dejar de fomentar una cultura de desprecio a la tristeza y de estigma a la depresión. Y debemos comprender las enfermedades mentales sin que ello implique generar en las personas depresivas una victimización. Porque cuando el enfermo de depresión llega a ser reconocido por la comunidad, lo suele ser como una víctima. Pero esto resulta nocivo para el enfermo, ya que victimizarse sólo genera mayores culpas y hace que la depresión se arraigue más.

Ni el enfermo ni la sociedad deben ser victimarios. Se debe actuar con empatía y amor ante la depresión, que es tanto una enfermedad como una condición social. Por ello, debemos comenzar con cambiar nuestra forma de pensar y actuar ante la depresión, porque como le dijo el paciente depresivo Karl Nights a CNN:

Nadie en la vida está solo, o nunca está tan solo como cree que está. Siempre hay un punto de contacto con el resto de la raza humana, incluso si no eres consciente de ello.

Reafirmemos nuestros lazos humanos luchando contra la depresión, tanto en lo simbólico como en lo real. Y recordémonos, junto con Virginia Woolf, que no hay barreras que puedan contener la libertad de la mente: mantengámosla así, libre también de toda depresión.

 

* Fotografía principal: Laura Makabresku



La apatía extrema provocada por un trauma psicológico puede ser mortal (Estudio)

La muerte psicogénica es un padecimiento muy real del que apenas existen investigaciones.

Un trauma psicológico puede perturbarte a tal grado que tu cerebro se apague poco a poco, hasta la muerte. Esto queda documentado en un estudio del doctor John Leach, especialista en psicología de la supervivencia de la Universidad de Portsmouth, donde explora el fenómeno de la give-up-itis (algo así como la “rendi-titis”), un término que expresa la muerte psicogénica.

No se trata propiamente de una forma de suicidio. Leach describe la muerte psicogénica como el proceso que sigue después de que la mente de una persona sufre un trauma con el que no sabe lidiar y ante el cual la muerte parece el único fin racional. Esto puede ocurrir en cuestión de días, si no se recibe ayuda. En palabras de Leach:

La muerte psicogénica es real. No es suicidio, no está ligado a la depresión, sino que el acto de rendirse a la vida y morir usualmente en cuestión de días, es una enfermedad muy real, a menudo ligada a un trauma severo.

En términos clínicos, esta muerte autoinducida podría explicarse por un mal funcionamiento del circuito cingulado anterior, una zona del cerebro responsable de la motivación y el comportamiento dirigido a la consecución de objetivos. Cuando el trauma sufrido por la persona interfiere con la motivación, “la apatía es casi inevitable”.

Sin embargo, no todo está perdido. Para Leach:

Revertir la caída de la rendititis hacia la muerte tiende a llegar cuando el sobreviviente encuentra o recupera el sentido de elección, de tener algún control, y tiene que ver con que esa persona se sobreponga a sus heridas y encuentre un interés renovado en la vida.

Es importante conocer e identificar las cinco etapas de la rendititis:

1. Aislamiento social

Luego del trauma, la gente se aísla e interrumpe el ritmo normal de su vida hasta un grado de extrema pasividad. Según Leach, esta puede ser una estrategia de afrontamiento, pero si se extiende puede dar pie al aislamiento absoluto.

 

2. Apatía

Descrita como una melancolía desmoralizante, la apatía no se parece a la ira, la tristeza ni la frustración. Se traduce en gestos como falta de limpieza y cuidado de uno mismo, así como una falta total de energía para realizar tareas en apariencia sencillas.

 

3. Abulia

Severa falta de motivación que va de la mano con una respuesta emocional estancada, así como falta de iniciativa e incapacidad para tomar decisiones. En este punto, la gente puede dejar de hablar y comer. Tampoco reaccionan frente a los intentos de otros por ayudarlos, y ni siquiera frente a los ataques físicos.

 

4. Acinesia física

La persona está consciente, pero parece ausente, e incluso se muestra indiferente ante el dolor físico. Aparece la incontinencia urinaria y fecal, y la persona puede quedarse tendida sobre sus propios desechos.

 

5. Muerte psicogénica

La etapa final entre acinesia y muerte psicogénica toma entre 3 y 4 días. A menudo se presenta un breve lapso de conciencia. Leach describe este estado como semejante a cuando un prisionero de un campo de concentración decidía fumarse un cigarrillo. Los cigarros eran escasos, y por lo tanto, muy valiosos: un prisionero podía intercambiarlos por raciones extra de comida o protección. El gesto de fumar denotaba que la persona en realidad no tenía interés en continuar viviendo en esas condiciones.

 

Recuerda que aun frente al trauma psicológico extremo, no todo está perdido. Si alguien que conoces está en una situación similar, procura ayudarle a buscar tratamiento psicológico especializado.