Leer libros a diario es un hábito que te proporciona eminentes beneficios neuronales (y espirituales)

Sumergirte en la lectura no sólo te provee de conocimiento, también mantiene a tu cerebro en forma e incrementa tu empatía.

La lectura es de esas experiencias indescriptibles que no pueden imponerse. Sólo quien ha conocido la felicidad que da leer decide seguir leyendo para edificar su espíritu a través de la narrativa. Y es que la lectura no es fácil: nos exige atención, compromiso, y a veces implica que atravesemos pasajes un tanto oscuros que llegan a modificar nuestra propia identidad o nos hacen cuestionar el mundo.

En ese sentido, existen libros tan acogedores e inspiradores como repelentes e incómodos. Pero todos son benéficos, en amplios sentidos cognitivos y neuronales. Además, toda lectura es una sinergia de emociones que, sean positivas o negativas, nos hacen más empáticos a lo que nos rodea.

Quizá sea buena idea invocar algunos de los beneficios de la lectura comprobados por la ciencia, sobre todo teniendo en mente que en México, el común de la gente no lee más de tres libros al año. Si leer es algo que no se puede obligar a nadie a hacer (como tampoco se puede obligar a nadie a ser feliz, según Borges), quizá sus beneficios inherentes te hagan reiniciar ese libro abandonado que lleva meses en tu repisa.

 

Leer ficción te ayuda a entender a otros

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Según investigadores de la New School for Social Research en Nueva York, la ficción potencia nuestra empatía y nos hace más receptivos a los estados mentales de los otros. Esto se debe al contacto con otros mundos, donde se desarrollan complejas relaciones humanas entre los personajes. Aunque según otro estudio, esto depende también de cuánto nos enganchemos y nos dejemos transportar a los mundos que leemos.

 

Leer puede incrementar tu autoestima

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Contrario a lo que se cree, las personas introvertidas suelen tener una alta autoestima. Esto es gracias a que suelen refugiarse en los libros como un conducto para conocer el mundo, incluso desde pequeños. Paradójicamente, a veces ellos conocen mejor las relaciones humanas que quienes son más extrovertidos o aventureros, y eso les da mayor confianza. Es uno de los poderes de los introvertidos a los que alude la autora Susan Cain en su libro The Power of Introverts

 

Leer ilumina el cerebro (literalmente) 

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En una investigación en la que se utlizaron imágenes de resonancia magnética (IRM) se encontró que al leer una novela, los lectores presentaron mayor conectividad en áreas del cerebro que involucran la receptividad para el lenguaje y que tienen que ver con la sensibilidad física de los sentidos (quizá, por eso a veces se nos enchina la piel al leer).

 

Leer puede sacudirte el estrés 

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Tan sólo 6 minutos de lectura son suficientes para reducir nuestros niveles de estrés en más del 60%, según un estudio de la Universidad de Sussex, en Inglaterra. Esto supera a escuchar música o caminar, por lo menos en la inmediatez de su efecto. Inesperado, ¿no es así?

 

Leer mantiene en forma tus neuronas

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(Foto: DeviantArt elpez7)

Se ha demostrado que las personas que han leído toda su vida tienen mejor memoria, de acuerdo con una investigación publicada en el Journal of Neurology. Según los neurólogos, leer podría ayudar a prevenir el Alzheimer.

 

Eso sí… cuidado con lo que lees 

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Los libros de autoayuda podrían no estar ayudándote tanto. El problema de éstos es que, de no lograr las metas que nos presentan, podrían hacernos caer en depresiones aún más severas, como han demostrado nuevas investigaciones realizadas en los últimos años. Por eso, el psicólogo Marty Nemko sugiere que, si lo que queremos es inspirarnos, leamos biografías, algo que sin duda suena mejor que leer libros donde, básicamente, alguien nos está diciendo cómo debemos manejar nuestra vida al 100%.



Una pequeña biblioteca doméstica puede cambiarte la vida

Tener libros en casa contribuye a un ambiente que promueve el aprendizaje temprano, y su impacto positivo puede medirse en la lectura y las matemáticas.

La lectura es un acto voluntario, por lo que nadie se vuelve lector por arte de magia… ¿o sí?

Según los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Competencias en Adultos, la disponibilidad de una pequeña colección de libros en el entorno doméstico se correlaciona con mejores niveles de instrucción alfabética y matemática en la adultez.

El estudio midió la cultura educativa y el impacto de vivir con libros en la adolescencia y adultez en 31 sociedades alrededor del mundo. Para ello, evaluaron a 160,000 adultos en competencias de lecto-escritura, matemáticas y uso de tecnologías de la información, de 2011 a 2015. 

Las conclusiones apuntan a que “crecer en hogares con libros estimula las habilidades de adultos en estas áreas más allá de los beneficios generados de la educación de los padres, o de su propia educación o logro ocupacional”.

En otras palabras, una casa con libros hace que los niños que crecen ahí tengan un nivel de aprendizaje mayor al de su nivel escolar. Y no se trata de tener toda una biblioteca: según el informe, bastan unos 80 libros para producir este “mágico” efecto.

De acuerdo con el estudio, una biblioteca doméstica de entre 80 y 350 libros es suficiente. Las familias de países nórdicos, como Suecia o Noruega, tienen más de 500 libros en promedio, como parte de su acervo familiar; mientras que países como Chile, Grecia, Italia, Singapur y Turquía tienen menos de 80 libros en promedio. Pero recalquemos esto: no se trata de leerlos ni de “devorarlos”, sino que la cercanía y familiaridad con los libros estimulan la facilidad innata para aprender e investigar, lo que tiene positivas consecuencias en la vida adulta.

 

¿Aprendizaje por ósmosis?

Tener libros en casa no es la panacea del aprendizaje. Sin embargo, hacer y nutrir una biblioteca doméstica, aunque sea pequeña, favorece un ambiente de aprendizaje que conlleva beneficios para toda la vida. Una explicación podría ser que construir cierta familiaridad con los libros a una edad temprana, hace que los niños investiguen y busquen información por sí mismos a medida que crecen.

De hecho, los investigadores creen que la cercanía con libros impresos se asocia con mayor familiaridad con libros digitales, pues los adultos de la prueba también fueron evaluados en cuanto a su uso de tecnologías de la información.

Ser capaces de buscar información en línea o leer en plataformas digitales es consecuencia de frecuentar libros en la infancia, y no parece que ambas tecnologías de lectura sean mutuamente excluyentes.



¿Quieres ser más feliz? Visita una biblioteca por 30 minutos 📚

Una biblioteca no es una bodega de libros: es un espacio de encuentro entre personas con mentalidades y problemas similares, que al encontrarse mejoran su salud.

Más allá de una herramienta de consulta, la biblioteca puede proveernos de verdaderas medicinas para el alma y el cuerpo. Desde el siglo pasado, el psicoanalista Bruno Bettelheim habló de la importancia de los cuentos y las historias (particularmente de los cuentos de hadas) para el alivio emocional de niños y jóvenes. De acuerdo con el austríaco, los cuentos tienen la capacidad de hablar al niño desde lo más íntimo, desde su estado psicológico y afectivo. A través del ejemplo, los cuentos de hadas logran hacerle ver que existen soluciones, momentáneas o permanentes, para las dificultades psicológicas más urgentes.

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Actualmente, en el Reino Unido se ha expandido este horizonte curativo al espacio entero de las bibliotecas, que ofrecen espacios abiertos bajo el pretexto de invitaciones a conferencias, proyecciones, clases de salsa o pilates, en donde los asistentes, entre otras cosas, tienen la posibilidad de narrar las situaciones a las que se enfrentan día con día. 

Algunas cifras parecen mostrar que existe una clara relación entre el bienestar de la población y su paso por las bibliotecas. Por ejemplo, según la directora de programación de Libraries Connected, Sarah Mears, las madres que pasan más tiempo con sus bebés en actividades bibliotecarias describen su estado de ánimo como “muy feliz” después de sólo 30 minutos.

Y no sólo se trata del bienestar particular percibido, sino que la interacción con otros padres de familia (o el encuentro con lectores y paseantes de mentes similares a la nuestra) también tiene un efecto positivo en la reducción de la sensación de soledad, aburrimiento y estrés. Asistir a bibliotecas también se asocia con rutinas más estructuradas y con la automotivación: el simple hecho de asistir a alguna clase o actividad puede darte una sensación de logro.

Se podría concluir que los usuarios de bibliotecas son más felices, ¿pero son más saludables en realidad?

Un reporte del Arts Council of England parece indicar que sí, pues en 2015 se encontró que los usuarios de bibliotecas necesitan menos servicios de salud que los no usuarios. 

Estos esfuerzos nos muestran que la salud no pertenece solamente al campo de lo personal, sino que es posible atenderla de manera comunitaria. De esta manera, las bibliotecas, como casas abiertas a cualquier huésped y a todo conocimiento, son la atmósfera ideal para seguir buscando el bienestar de manera colectiva.