El tiempo que pasas en redes sociales es equivalente a leer 200 libros al año (mira)

Más que leer cierta cantidad de libros, el reto es convertirnos en lectores oportunistas: siempre buscando dedicar unos minutos para hojear lo que esté a la mano.

En sus propósitos de Fin de Año, mucha gente decide que quiere leer un poco más, escuchar a las campañas de promoción de la lectura y aventurarse al “mundo de los libros”; es decir, convertirse en lectores. Tal vez pasen por alguna librería, pidan sugerencias o consulten la lista de los libros más vendidos. Y aunque la lectura es un placer en sí misma, una de las cosas que motivan a la gente a leer es poder llevar un cierto registro de sus lecturas.

Todos los grandes escritores tienen interesantes notas sobre qué leían y por qué les gustaba (o no) lo que leían. Ese principio lejano de crítica literaria de alguna forma se fusionó con unidades de rendimiento: promedios nacionales de lectura, maratones de lectura, hábitos escolares que nos hacen asociar la lectura con “hacer la tarea”.

Además de motivos directos para leer más, como aumentar tu vocabulario o liberar el estrés (entre muchos otros), existen estudios que sugieren que leer más es bueno también a nivel neurológico, pues nos hace más empáticos, mejora la memoria e incluso cambia la forma y tamaño de nuestros cerebros.

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Pero visto desde otra perspectiva, más que leer libros, un lector aprende a hacer un uso muy particular de su tiempo. Y tiempo es lo que nos falta (o eso es lo que decimos para justificarnos).

Pero, ¿realmente nos falta tiempo?

 

Cómo leer 200 libros al año (o 199, pero con placer)

Una encuesta reveló que el estadounidense promedio pasa 608 horas al año en redes sociales, y más de 1,642 horas al año mirando televisión.

Tomando en cuenta los promedios de velocidad de lectura y el tamaño “estándar” de un libro, entre otros factores, en un cálculo que cualquiera con un poco de tiempo puede hacer desde su calculadora, Charles Chu afirma que es posible leer 200 libros al año, si se destinan 417 horas anuales a tal actividad. Él lo hizo y le funcionó.

Esta exactitud numérica, sin embargo, no tendría que representar una especie de prueba deportiva de lectura. 417 horas son muchas o pocas, dependiendo de la compañía que elijamos.

Pero algo muy rescatable del ejercicio de Chu es la noción del lector oportunista:

Si la lectura es un hábito, impulsado por cualquier razón social que les venga a la cabeza, los hábitos se crean y se aprenden. Así, un lector oportunista sería el que tuviera siempre una vaga necesidad de leer.

Es el lector (o lectora) que siempre lleva un libro encima, como un accesorio; que lee un poco de camino al trabajo, que tiene un revistero con distintas opciones en el baño, y que probablemente descarga más libros electrónicos de los que puede leer.

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Un lector oportunista siempre tiene una vaga necesidad de leer

El gran poeta cubano José Lezama Lima decía que no había nada más triste que un hombre que va a comprarse un libro, luego lo lee y lo almacena en el librero. Decía que una biblioteca siempre tiene rincones que no conocemos del todo, que esperan ser descubiertos, pero a los que, probablemente, nunca logramos acceder.

En otras palabras, es posible leer 200 libros al año (o más) si logramos pasar menos tiempo en redes sociales o viendo televisión, así como destinando los “tiempos muertos” y las salas de espera a la lectura.

 

¿Pero es aconsejable desear leer 200 libros al año?

Durante una entrevista en la casa del filósofo francés Jacques Derrida, alguien le pregunta como en broma si ha leído todos los libros que tiene en sus laberínticas habitaciones. “No todos”, responde el filósofo. “Solamente dos o tres”; y añade: “Pero esos dos o tres los he leído muy bien”.

Borges aconsejaba dejar para después (o para nunca) los libros que no captaban por completo nuestra atención; no leer por compromiso, sino por placer. Y si bien adquirir (o eliminar) un hábito requiere mucha disciplina, ¿por qué no plantearnos la idea de promover la lectura desde el placer?

Esto tal vez lograría cambiar la conversación de “¿Cuántos libros lees al año?” a “¿Cuántos libros puedes disfrutar realmente en 1 año?”, y por qué. Hablar de libros desde el placer (es decir, desde el sentido estético), además, es más divertido que leer como si fuesen cuotas de rendimiento.



México deja en la calle al 70 % de sus mascotas

México ocupa el 1 er lugar de América Latina en animales en situación de calle.

Tener animales de compañía literalmente nos regala vitalidad, pero también puede ser difícil. Mucho más difícil que tomar la decisión de tenerlos. Por eso –y porque se trata de un ser vivo–, es importante repensar con seriedad, antes de adquirir una mascota, si podremos cuidarla con todas las necesidades que implica. 

Tan sólo este dato tan desolador como gravoso nos hará pensarlo dos veces: en México, el 70 % de las mascotas son abandonadas, de cuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Y no sólo eso: 

México ocupa el 1 er lugar de América Latina en animales en situación de calle.

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De acuerdo con la organización Adoptare, se trata de un problema común en las grandes capitales de latinoamérica que obliga a dichas ciudades a enfrentar graves retos en torno a los animales en abandono. Alan Rozz, fundador de Adoptare México, explica que, aunque las adopciones de animales han aumentado en los últimos años, todavía se compran cachorros y se regalan como objetos, por lo que el abandono también continúa aumentando.

El censo del INEGI de 2016, la cifra de perros en el país es de aproximadamente 19.5 millones; por su parte, la Asociación Mexicana de Médicos Veterinarios y Especialistas en Pequeñas Especies estima que este número podría ascender a 28 millones.

También en Ecoosfera: Aliviar el sufrimiento animal es nuestro imperativo ético y moral

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Adopta, no compres

Numerosas investigaciones han comprobado los beneficios mentales, emocionales (e inclusive físicos) que las mascotas pueden detonar en nosotros. Los perros, especialmente, figuran en las terapias contra la depresión y la ansiedad, así como en la sanación rápida de las enfermedades, precisamente por demostrarnos esa fidelidad natural digna de su especie. 

Con tanta dicha que los canes son capaces de ofrecer, resulta difícil entender cómo es que existen tantos de ellos en situación de calle. Se piensa que la razón principal es que no se ha logrado cultivar una cultura de la esterilidad. Sin embargo, la cría de perros de raza sigue siendo un negocio y aún nos queda mucho por hacer en cuanto a la educación colectiva que demanda tener un perro en casa.

Por ello, siempre es importante adoptar en vez de comprar. Darle la oportunidad a un ser vivo que está dispuesto a darlo todo por quien se atreva a cuidar de él.  

En la Ciudad de México, muchos albergues, asociaciones y ONG se dedican a rescatar a estos animales en espera de un dueño. En este link puedes revisar algunos.

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Existe una arraigada (y muy obsoleta) idea de que los animales no pueden sentir. O que al no poderse comunicar mediante un lenguaje de palabras no tienen conciencia de sus sentimientos, por ejemplo del dolor. Actualmente son muchos los estudios científicos que han desmentido este mito infundado,  y que pretenden informar a la sociedad para que, de una vez por todas, entendamos que se trata de una vida, de la que nos hacemos cargo.



5 puntos para mejorar tus hábitos de lectura 📚

¿Quieres convertirte en un lector o lectora? No se trata de inteligencia, sino de aprovechar tu energía de la mejor manera.

Tal vez ya no lo notes, pero el mundo a tu alrededor está lleno de una enorme cantidad de palabras. Un estudio de 2009 afirma que una persona está expuesta hasta a 100,000 palabras cada día, entre publicidad, correos, redes sociales y mensajes de texto, además del tiempo que pasamos leyendo libros o artículos.

Las palabras buscan nuestra atención: esa es la razón de su existencia. Pero tal vez te sientas frustrado o cansado en ocasiones: quieres leer pero el libro no te interesa, o pierdes la atención al poco tiempo o te quedas dormido. Vamos a analizar algunas técnicas que pueden mejorar no sólo la velocidad con la que lees, sino también tu placer, mejorando en el camino tu comprensión lectora y tu memoria a largo plazo.

Leer en pantalla puede distraerte con más frecuencia

 

1. ¿En pantalla o en papel?

Las superficies y plataformas en las que leemos pueden actuar a nuestro favor o en nuestra contra. Hay a quienes les encanta la experiencia de los libros físicos y hacer notas en las páginas; otros prefieren usar un e-reader, como el Kindle o el Kobo, o bien transformar un iPad o teléfono móvil en archivo de libros. La aplicación Lithium es excelente para administrar distintos formatos de libros electrónicos, tanto en móviles como en computadora de escritorio.

Pero en realidad no es necesario elegir sólo una plataforma de lectura, sino establecer prioridades y ver cuál es la más idónea en cada momento. Por ejemplo, un libro impreso no necesita batería ni actualizaciones, lo puedes llevar siempre contigo y nunca te distraerá mostrándote notificaciones mientras te sumerges en las palabras.

Por otro lado, leer en pantalla tiene ventajas nuevas: puedes compartir y socializar tu lectura a través de apps como GoodReads, donde los usuarios seleccionan fragmentos que aman y le dan sus propias puntuaciones a los libros. Leer en pantalla también permite encontrar fragmentos de texto más fácilmente.

 

2. Ten claro qué es lo que buscas al leer

No es lo mismo leer por obligación que leer por placer. Si en tu escuela o trabajo tienes que leer mucho texto en muy poco tiempo, puedes intentar el método de lectura diagonal. Éste consiste en imaginar una línea diagonal que va de la punta superior izquierda del texto a la esquina inferior derecha y, en lugar de leer palabra por palabra, intenta buscar palabras clave o ideas centrales.

Esta es la forma en la que leen muchos reclutadores de personal (por eso se aconseja que no envíes currículums mayores a dos páginas). Además, la lectura en diagonal permite descartar mucha información que no nos interesa en ese momento y concentrarnos en aprender o encontrar los conceptos más relevantes.

 

2.1 Recuperar el viejo hábito de la lectura en voz alta

En cambio, si estás leyendo un texto literario, como un poema o un cuento, no sólo es importante que lo leas palabra por palabra, sino que tal vez tu comprensión lectora se verá muy beneficiada por la lectura en voz alta. En este tipo de textos, lo importante no suele ser la información, sino el estilo de los autores y las palabras que eligen para contar su historia.

Leer en voz alta para alguien más fue una de las formas en que históricamente se transmitió el conocimiento, pues recordemos que los libros impresos tienen poco más de 500 años de existencia (lo que algunos autores llaman la “galaxia Gutenberg”), y que en un principio eran demasiado costosos, sin contar con que no toda la gente sabía leer.

Seguramente existen muchos otros objetivos de lectura. Por ejemplo, hay quien lee para ayudarse a dormir. Bajar un poco las luces, tomarse una taza de té caliente y bucear en la trama de una novela es una antesala excelente para el sueño. No hay nada de malo en utilizar los libros para lo que tú necesites.

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Todos leemos por razones distintas

3. Dedícale tiempo (ni siquiera necesitas mucho)

El estadounidense promedio pasa 2 horas al día en redes sociales. Con ese tiempo podrías leer unos 200 libros al año. Lo más difícil es romper el automatismo que se apodera de nosotros mientras navegamos en Instagram o Twitter.

Una manera de hackearte para leer más es hacer que tus plataformas elegidas (ver punto 1) para leer estén disponibles siempre que lo necesites. Puedes dejar libros en tu baño, en tu mesa de noche, en tu mochila o bolso e incluso en tu automóvil, si es que usas. Utiliza los tiempos muertos de trayectos o las salas de espera para leer aunque sea algunos minutos.

Incluso puedes utilizar algún celular viejo con conexión a Internet como dispositivo de lectura. Pocket es una app que te permite sincronizar un anaquel de artículos en varios dispositivos, almacenar el texto sin conexión para leerlo en una interfaz sin distracciones y acceder a ellos cuando los necesites.

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Puedes enseñarle a los bebés a tener familiaridad con los libros (incluso si no saben hablar aún) a través del tacto, la vista y el oído

4. Comienza desde pequeño

El amor por los libros y la lectura no comienza cuando aprendemos a leer. Bebés de menos de 1 año pueden recibir estimulación temprana a través de libros y objetos diseñados para estimular la atención, la coordinación psicomotriz y la memoria. Leer es más que procesar palabras: es un acto de generosidad, imaginación, creatividad y diversión, por lo que puede sostenerse que, hasta cierto punto, los bebés leen aunque no sepan el alfabeto.

Hoy en día los niños pasan entre 4 y 8 horas en línea. Una manera de equilibrar el tiempo de ocio con la lectura es, nuevamente, la lectura en voz alta. Leerle a los niños y niñas (aunque no sean tus hijes) no sólo es un excelente plan para divertirse y aprender, sino que compartir con ellos de esta forma incrementa la retención y la comprensión lectora.

 

5. Leer modifica tu cerebro (literalmente)

Las palabras tienen efectos físicos sobre nuestras neuronas. Un estudio de la revista NeuroImage mostró que las palabras asociadas a olores (como “café” o “perfume”) activan las mismas zonas de la corteza primaria encargadas de procesar los estímulos olfativos.

En otras palabras, nuestro cerebro “traduce” las palabras a impulsos eléctricos que nos hacen sentir las palabras como si fueran acciones. Por si fuera poco, leer aumenta la cantidad y calidad de la materia blanca del cerebro, el tejido que permite establecer nuevas conexiones neuronales y aprender más rápido. 

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Diviértete leyendo, sin importar lo que digan los demás

Bonus Track

Fíjate metas pequeñas y aumenta poco a poco

Asumiendo que un lector no profesional puede leer unas 350 palabras por minuto, le llevaría sólo 20 minutos al día leer un libro por semana. Sin embargo, como vimos en el punto número 2, no todos los libros se leen igual ni por las mismas razones.

Aun así, dedicarle apenas 20 minutos de tu día a la lectura puede favorecer este hábito. Algunos lectores se dedican a un solo libro hasta terminarlo (incluso llegan a comprarlo en versión física y digital, para aprovechar cualquier espacio disponible en su día para leer); otros lectores, en cambio, leen sólo unos fragmentos de varios libros cada día, según sus propios intereses.

Lo importante es que sepas que leer tiene beneficios muy concretos para ti y que leer por obligación es una receta para el fracaso. Entender que a veces leemos por trabajo y a veces por placer es una diferencia fundamental que cada uno debe tener clara.

¿Consideras que hace falta algo? ¿Cómo te convertiste en lector, o qué le sugerirías a alguien que desea leer más? Nos encantaría leerte en los comentarios.