5 puntos para mejorar tus hábitos de lectura 📚

¿Quieres convertirte en un lector o lectora? No se trata de inteligencia, sino de aprovechar tu energía de la mejor manera.

Tal vez ya no lo notes, pero el mundo a tu alrededor está lleno de una enorme cantidad de palabras. Un estudio de 2009 afirma que una persona está expuesta hasta a 100,000 palabras cada día, entre publicidad, correos, redes sociales y mensajes de texto, además del tiempo que pasamos leyendo libros o artículos.

Las palabras buscan nuestra atención: esa es la razón de su existencia. Pero tal vez te sientas frustrado o cansado en ocasiones: quieres leer pero el libro no te interesa, o pierdes la atención al poco tiempo o te quedas dormido. Vamos a analizar algunas técnicas que pueden mejorar no sólo la velocidad con la que lees, sino también tu placer, mejorando en el camino tu comprensión lectora y tu memoria a largo plazo.

Leer en pantalla puede distraerte con más frecuencia

 

1. ¿En pantalla o en papel?

Las superficies y plataformas en las que leemos pueden actuar a nuestro favor o en nuestra contra. Hay a quienes les encanta la experiencia de los libros físicos y hacer notas en las páginas; otros prefieren usar un e-reader, como el Kindle o el Kobo, o bien transformar un iPad o teléfono móvil en archivo de libros. La aplicación Lithium es excelente para administrar distintos formatos de libros electrónicos, tanto en móviles como en computadora de escritorio.

Pero en realidad no es necesario elegir sólo una plataforma de lectura, sino establecer prioridades y ver cuál es la más idónea en cada momento. Por ejemplo, un libro impreso no necesita batería ni actualizaciones, lo puedes llevar siempre contigo y nunca te distraerá mostrándote notificaciones mientras te sumerges en las palabras.

Por otro lado, leer en pantalla tiene ventajas nuevas: puedes compartir y socializar tu lectura a través de apps como GoodReads, donde los usuarios seleccionan fragmentos que aman y le dan sus propias puntuaciones a los libros. Leer en pantalla también permite encontrar fragmentos de texto más fácilmente.

 

2. Ten claro qué es lo que buscas al leer

No es lo mismo leer por obligación que leer por placer. Si en tu escuela o trabajo tienes que leer mucho texto en muy poco tiempo, puedes intentar el método de lectura diagonal. Éste consiste en imaginar una línea diagonal que va de la punta superior izquierda del texto a la esquina inferior derecha y, en lugar de leer palabra por palabra, intenta buscar palabras clave o ideas centrales.

Esta es la forma en la que leen muchos reclutadores de personal (por eso se aconseja que no envíes currículums mayores a dos páginas). Además, la lectura en diagonal permite descartar mucha información que no nos interesa en ese momento y concentrarnos en aprender o encontrar los conceptos más relevantes.

 

2.1 Recuperar el viejo hábito de la lectura en voz alta

En cambio, si estás leyendo un texto literario, como un poema o un cuento, no sólo es importante que lo leas palabra por palabra, sino que tal vez tu comprensión lectora se verá muy beneficiada por la lectura en voz alta. En este tipo de textos, lo importante no suele ser la información, sino el estilo de los autores y las palabras que eligen para contar su historia.

Leer en voz alta para alguien más fue una de las formas en que históricamente se transmitió el conocimiento, pues recordemos que los libros impresos tienen poco más de 500 años de existencia (lo que algunos autores llaman la “galaxia Gutenberg”), y que en un principio eran demasiado costosos, sin contar con que no toda la gente sabía leer.

Seguramente existen muchos otros objetivos de lectura. Por ejemplo, hay quien lee para ayudarse a dormir. Bajar un poco las luces, tomarse una taza de té caliente y bucear en la trama de una novela es una antesala excelente para el sueño. No hay nada de malo en utilizar los libros para lo que tú necesites.

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Todos leemos por razones distintas

3. Dedícale tiempo (ni siquiera necesitas mucho)

El estadounidense promedio pasa 2 horas al día en redes sociales. Con ese tiempo podrías leer unos 200 libros al año. Lo más difícil es romper el automatismo que se apodera de nosotros mientras navegamos en Instagram o Twitter.

Una manera de hackearte para leer más es hacer que tus plataformas elegidas (ver punto 1) para leer estén disponibles siempre que lo necesites. Puedes dejar libros en tu baño, en tu mesa de noche, en tu mochila o bolso e incluso en tu automóvil, si es que usas. Utiliza los tiempos muertos de trayectos o las salas de espera para leer aunque sea algunos minutos.

Incluso puedes utilizar algún celular viejo con conexión a Internet como dispositivo de lectura. Pocket es una app que te permite sincronizar un anaquel de artículos en varios dispositivos, almacenar el texto sin conexión para leerlo en una interfaz sin distracciones y acceder a ellos cuando los necesites.

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Puedes enseñarle a los bebés a tener familiaridad con los libros (incluso si no saben hablar aún) a través del tacto, la vista y el oído

4. Comienza desde pequeño

El amor por los libros y la lectura no comienza cuando aprendemos a leer. Bebés de menos de 1 año pueden recibir estimulación temprana a través de libros y objetos diseñados para estimular la atención, la coordinación psicomotriz y la memoria. Leer es más que procesar palabras: es un acto de generosidad, imaginación, creatividad y diversión, por lo que puede sostenerse que, hasta cierto punto, los bebés leen aunque no sepan el alfabeto.

Hoy en día los niños pasan entre 4 y 8 horas en línea. Una manera de equilibrar el tiempo de ocio con la lectura es, nuevamente, la lectura en voz alta. Leerle a los niños y niñas (aunque no sean tus hijes) no sólo es un excelente plan para divertirse y aprender, sino que compartir con ellos de esta forma incrementa la retención y la comprensión lectora.

 

5. Leer modifica tu cerebro (literalmente)

Las palabras tienen efectos físicos sobre nuestras neuronas. Un estudio de la revista NeuroImage mostró que las palabras asociadas a olores (como “café” o “perfume”) activan las mismas zonas de la corteza primaria encargadas de procesar los estímulos olfativos.

En otras palabras, nuestro cerebro “traduce” las palabras a impulsos eléctricos que nos hacen sentir las palabras como si fueran acciones. Por si fuera poco, leer aumenta la cantidad y calidad de la materia blanca del cerebro, el tejido que permite establecer nuevas conexiones neuronales y aprender más rápido. 

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Diviértete leyendo, sin importar lo que digan los demás

Bonus Track

Fíjate metas pequeñas y aumenta poco a poco

Asumiendo que un lector no profesional puede leer unas 350 palabras por minuto, le llevaría sólo 20 minutos al día leer un libro por semana. Sin embargo, como vimos en el punto número 2, no todos los libros se leen igual ni por las mismas razones.

Aun así, dedicarle apenas 20 minutos de tu día a la lectura puede favorecer este hábito. Algunos lectores se dedican a un solo libro hasta terminarlo (incluso llegan a comprarlo en versión física y digital, para aprovechar cualquier espacio disponible en su día para leer); otros lectores, en cambio, leen sólo unos fragmentos de varios libros cada día, según sus propios intereses.

Lo importante es que sepas que leer tiene beneficios muy concretos para ti y que leer por obligación es una receta para el fracaso. Entender que a veces leemos por trabajo y a veces por placer es una diferencia fundamental que cada uno debe tener clara.

¿Consideras que hace falta algo? ¿Cómo te convertiste en lector, o qué le sugerirías a alguien que desea leer más? Nos encantaría leerte en los comentarios.



¿Quieres inculcar el amor por la lectura? Háblale a los niños de tus libros favoritos (y otros 4 consejos)

Además de libros interesantes, los niños necesitan un ambiente libre de distracciones, así como involucrarse activamente en el proceso.

A menudo decimos que los niños y niñas “tienen integrado el chip digital“, o frases similares. Intentamos explicarnos el hecho de que, por primera vez en la historia, la educación de toda una nueva generación ocurriese en un mundo transformado por la revolución digital.

Pero el libro de papel, ese dispositivo analógico de lectura utilizado durante cientos de años, no desapareción con esa revolución: incluso parece que su importancia se ha fortalecido.

La frase “nativo digital” fue acuñada por Marc Prensky en el año 2001. Prensky, un reconocido educador, sugirió esa etiqueta para caracterizar a los individuos con alta eficiencia en la práctica de una serie nueva de habilidades, inéditas hasta entonces, que involucraban el uso de pantallas y dispositivos electrónicos.

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Por extensión, poco a poco se asumió que los niños eran “nativos digitales”, mientras que Prensky se refería más bien a un proceso de aprendizaje que podía darse también en adultos.

El error se volvió vox populi, a pesar de que no existen estudios que respalden esa creencia. 

Sin embargo, sí existen estudios que sugieren maneras de acercar a los niños a la lectura.

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Buscar lugares donde los niños se sientan cómodos y no se distraigan es tan importante como encontrar los libros adecuados.

La investigadora Margaret Merga ha notado que los niños en edad escolar responden muy bien a los programas de lectura guiada. Su trabajo de los últimos años ha sido preguntarle a miles de estudiantes qué es lo que necesitan para leer con más frecuencia. Asombrosamente, no se trata de más tablets. Estas son sus sugerencias para hacer que los niños y jóvenes lean con más frecuencia.

 

1. Encontrar libros que los atrapen 

Probablemente puedes encontrar cientos de páginas web y bibliotecas digitales con libros para niños y jóvenes, ¿pero por dónde empezar? Una forma de evitar que la tecnología nos ponga el pie, es visitar directamente los lugares donde están los libros. Muchas librerías tienen áreas infantiles, y las bibliotecas públicas suelen ofrecer programas dirigidos a esta población, por lo que encontrar orientación será más sencillo.

 

2. Buscar libros de la misma serie/personaje/saga

La lectura “serializada” potencia que los niños sepan qué buscar cuando se encuentran en una biblioteca o librería. Por un lado, esto crea un mercado de lectores; por otro, fomenta en los niños la habilidad de buscar información por sí mismos.

 

3. Sensación de reto 

Si una actividad es muy sencilla, nos aburre; si es muy difícil, nos frustra. Con los libros ocurre igual. Cada lector necesita su propia motivación: ¿es curiosidad, necesidad de aprender, placer? Sea cual sea, recordemos que Borges recomendaba jamás leer un libro por obligación.

 

4. Un cuarto propio (o al menos un buen rincón de lectura)

Más importante que el soporte de lectura (sea digital o analógico) parece ser un espacio adecuado, ya sea en casa o en la escuela. Una habitación con demasiadas distracciones o una iluminación inadecuada puede ser suficiente para inhibir una sesión de lectura. Proveer estos espacios para los chicos, involucrándolos en su conservación, es tan importante como acercarlos a los libros. 

5. Hablar de libros

Tal vez esto sea lo más difícil de lograr, pero también es el primer paso más lógico: si queremos que los niños y adolescentes lean, debemos ser lectores nosotros. Según esta hipótesis (que parece de sentido común), si los niños ven a los adultos leer, ellos desarrollarán interés en un rango más amplio de libros conforme crezcan.

No se trata solamente de los padres o los maestros: todos tenemos sobrinos, primos o niños a nuestro alrededor, ávidos de escuchar historias. 

Cabe señalar que los estudios se centran únicamente en los dispositivos como soporte de lectura, sin tomar en consideración otro tipo de usos (educativos o de entretenimiento). Es decir, no toman en cuenta que, en la práctica, los niños (especialmente los de familias de ingresos bajos y medios) pasan entre 4 y 8 horas conectados.

Si en este artículo insistimos en los libros de papel como soporte de lectura no es por nostalgia del formato, ni mucho menos: existen buenas razones para creer que los dispositivos digitales ofrecen demasiadas oportunidades para distraerse de la lectura. Esto no quiere decir que los chicos no necesiten aprender a buscar archivos o bibliotecas enteras en Internet, sino que hay que entender que la lectura es una forma de usar nuestra atención que, en estos días, es de por sí escasa. La lectura en formatos electrónicos y analógicos no debe ser excluyente.

Pero incluso cuando los niños y adolescentes ya pueden leer por sí solos, cuando necesitan leer para realizar tareas escolares o por gusto, la mayoría elige libros de papel. Algunas investigaciones indican que leer de esta forma incrementa la retención y la comprensión lectora. 



Estas máquinas regalan microlecturas en varias ciudades del mundo

Y demuestran que, pese a lo vertiginoso de la vida urbana, aún puede haber resquicios para fantasear.

Las dinámicas urbanas actuales pueden ser muy absorbentes, al grado de no dejar tiempo para nada. Más aún: existen cientos de distracciones que nos pueden hacer muy difícil estimular la fantasía a través de la lectura, y nuestra sed de inmediatez nos suele llevar a buscar historias sólo en la pantalla, y ya no entre las hojas de un libro.

Pero una iniciativa de una empresa francesa llamada Short Édition promete cerrar esta brecha entre la literatura y los habitantes de diversas ciudades donde se han instalado “máquinas expendedoras” de microlecturas.

Se trata de cuentos que, en promedio, no toma más de 5 minutos leer.

Esto no significa que renunciemos a las lecturas largas y profundas. Pero inmersos ―como estamos― en el vértigo y la prisa, esta es una iniciativa que sin duda puede ayudar a estimular la fantasía y a incentivar la lectura, por lo menos entre semana, que es cuando más se dificulta. Y esto es sumamente importante, pues leer es una actividad fundamental para desarrollar importantes habilidades cognitivas ­―es decir, para evolucionar nuestro cerebro―.

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Las expendedoras, llamadas “Estaciones de cuentos”, contienen miles de historias escritas por autores como Virginia Woolf, Lewis Carroll y Charles Dickens, que son impresas en papel reciclado. Los lectores pueden elegir el género y la duración de los cuentos, pero la elección de la lectura es al azar.

Por ahora, estas máquinas se pueden encontrar en ciudades de Inglaterra, Canadá, China, Estados Unidos y, por supuesto, Francia. Pero esperemos que se hagan tan populares como las expendedoras de dulces o refrescos, y pronto podamos encontrarlas en más ciudades de más países.

 

* Imágenes: 1) CC; 2) VdG; 3) The Guardian