5 valiosas lecciones de quienes han vivido 100 años

Las personas mayores detentan un conocimiento único, producto de una gran cantidad de experiencias acumuladas.

En una gran cantidad de culturas, y más allá de todo espacio-tiempo, la sabiduría es un rasgo asociado a la vejez. Las personas mayores detentan un conocimiento único, producto de una gran cantidad de experiencias acumuladas.

Por supuesto, la vejez puede devenir en todo menos erudición: llegar a los 100 años no es sinónimo de sabiduría. Pero en muchas ocasiones sí hay una correlación entre las experiencias centenarias de una vida y el cultivo de un conocimiento profundo, del cual podemos aprender muchísimo para habitar este mundo de maneras alternativas, creativas y mucho más plenas.

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Collage: Lynn Skordal

Con lecciones extraídas de la sabiduría centenaria podemos complementar nuestra vida, tengamos la edad que tengamos, y de paso educar nuestro espíritu para aceptar que la vejez nos llegará eventualmente pero que es, sin duda, una de las etapas más entrañables de nuestro desarrollo como individuos.

Aquí extraemos algunas lecciones de Life Lessons from 100-Year-Olds, un cortometraje producido por Life Hunters en el cual se entrevista a tres centenarios, repletos de venerable sabiduría para alimentar el espíritu.

  1. No vivas sometido al pasado

Pocas cosas hay peores que vivir anclados o sometidos al pasado. Las personas mayores saben dejar ir lo acontecido y experimentan su presente, gozándolo a sabiendas de que no pueden cambiar nada de lo que hayan hecho.

 

  1. …Pero aprecia tus recuerdos

Nuestros mayores son guardianes de la memoria, y saben que si bien no pueden cambiar su pasado, deben aferrarse a los recuerdos como el más valioso tesoro. Ellos acuden a sus recuerdos muy seguido, para volver a experimentarlos y ser felices en el presente.

 

  1. Vive con más humor

A veces creemos que la vejez trae amargura. Pero muchos centenarios nos enseñan, más bien, de la felicidad: tienen gran sentido del humor, a veces incluso sarcástico. Nos enseñan, así, que hay que ser menos serios y mas juguetones.

 

  1. Lucha por la persona que quieres

Tendemos a pensar que las relaciones que de jóvenes mantenían nuestros mayores, eran anticuadas. Pero más bien, esas relaciones nos enseñan que las nuevas generaciones le tenemos miedo al compromiso y al sacrificio, y que muy fácilmente nos rendimos cuando se trata de una relación. Con su ejemplo, las personas centenarias nos demuestran la hermosura de llegar a viejo acompañado por el otro; algo a lo que no deberíamos renunciar de facto sólo por ser aparentemente anticuado o sin sentido.

 

  1. Ayuda a los otros

Ayudar trae, de una u otra forma, recompensas. Mantenerse en lo correcto hasta el final del camino, cultivando solidaridad y empatía, es algo que muchos centenarios conocen, sobre todo aquellos que viven con la plenitud de quien sabe que ha obrado de la mejor manera siempre que ha estado en sus manos.



Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
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Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
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Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel