En las últimas semanas se han realizado más eventos aeroespaciales de lo que se habían realizado en años. Parece que estamos echando una mirada hacia el pasado. Cuando Estados Unidos y la Unión Soviética mantenían una encarnizada batalla por convertirse en los primeros en lanzar misiones tripuladas al espacio con éxito. La diferencia es que esta vez se hace con propósitos de turismo espacial y aunque se ha celebrado la llegada de los primeros civiles al espacio, no podemos negar que este escenario traerá grandes consecuencias para el medio ambiente.

La carrera espacial turística encabezada por los tres multimillonarios más influyentes de la década, apenas está dando su inicio. Jeff Bezos, Elon Musk y Richard Branson vienen gestando su llegada al espacio desde muchos años atrás, aunque sus deseos apenas se están cristalizando. Han invertido grandes sumas de dinero en lograr rozar el borde terrestre aún cuando no han tenido una preparación como astronautas. Además, están ofreciendo asientos al mejor postor para llegar hasta la termosfera. Tal como la ciencia ficción lo predijo, la humanidad está a un paso de tripular cohetes al espacio, pero al mismo tiempo, estos proyectos están causando un daño irreparable al planeta.

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¿Cuál es el impacto al medio ambiente del turismo espacial?

Como bien sabemos, las actividades antropogénicas son las únicas responsables del calentamiento global. El tener un sistema de vehículos motorizados a base de combustibles fósiles, así como industrias que funcionan con el mismo, son el mayor problema para el medio ambiente. Entonces, si pensabas que viajar en avión o en automóvil dejaban en el ambiente grandes impactos de dióxido de carbono, ahora imagina el combustible necesario para lanzar un cohete al espacio.

La energía necesaria para impulsar un cohete que ronda las 500 toneladas es exorbitantemente más grande que la necesaria para mover un automóvil común. Lamentablemente la propulsión a chorro es hasta ahora la única tecnología capaz de llevarnos hasta el espacio. Un motor de cohete funciona a través del empuje generado por la expulsión a la atmósfera de gases que provienen de la cámara de combustión. La energía se obtiene mediante la quema de combustible que puede ser queroseno o hidrógeno líquido. Dicho en otras palabras, la emisión de gases tóxicos forma parte de cada misión que se lanza con destino a cruzar la atmósfera.

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Toneladas de dióxido de carbono a cambio de un viaje

En promedio, cada lanzamiento de cohete con 4 pasajeros a bordo, emite a la atmósfera de 200 a 300 toneladas de dióxido de carbono. Y esto únicamente es por un sólo viaje, pero estos están aumentando. Gracias a la carrera de turismo espacial encabezada por la triada Musk, Bezos, Branson, las emisiones de carbono de los cohetes han aumentado un 5.6% anualmente. No es de sorprenderse que la promesa de los magnates de llevar civiles al espacio, aliente cada día a más personas a buscar un lugar dentro de las tripulaciones. Lo que significaría una mayor cantidad de emisiones de carbono causadas por cohetes aeroespaciales.

El turismo espacial es un término relativamente nuevo, así que no existen todavía leyes y normas que regulen los niveles de contaminación emitidos por cohetes. Situación que preocupa a los medioambientalistas, ya que se prevé que la industria del turismo espacial vea un crecimiento del 17.5% anualmente durante al menos los próximos 10 años.