Uno de los principales retos que hoy debe reconocer todo país del mundo corresponde sin duda a la conservación y regeneración de su respectivo patrimonio natural. Mantener el equilibrio en los ecosistemas del territorio (los cuales, por cierto, incluyen al ingrediente humano y su relación con la naturaleza) es ya un asunto no negociable.

Para lograrlo, es decir, para proteger la bodiversidad del acecho de actividades económicas que operan de forma completamente adversa a una visión sostenible, existen diversos instrumentos y políticas. Uno de los más notables es el fortalecimientos de las comunidades que habitan y poseen buena parte de las tierras que concentran el patrimonio natural del país; se trata de facilitar que esta población funja como un guardián activo de ese territorio y sus recursos. Otro recurso fundamental es el establecimiento de zonas protegidas. 

En el caso de México existe el Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas. Estas áreas protegidas abarcan el 17% del territorio mexicano e incluyen bosques, selvas, desiertos, islas, arrecifes, mares e islas repartidos en 90 millones de hectáreas. El problema es que la comisión responsable de administrar y velar por estos recursos dispone cada vez de menos presupuesto para operar, debido a recortes presupuestales que ha padecido desde el sexenio pasado y que continúan con el actual gobierno. 

Para dimensionar la importancia del programa de áreas naturales protegidas, el fotógrafo italo-mexicano Fulvio Eccardi publicó en la revista Nexos un foto-ensayo que vale la pena difundir. Se trata de un breve recorrido por diversas reservas y ecosistemas de México que nos recuerda la imperativa necesidad de proteger, hoy más que nunca, el patrimonio natural del país. 

Ve aquí el foto-ensayo “Reconectarnos con la naturaleza”.