La era de las selfies podría estar llegando a su fin

Las selfies han entrado al museo: ¿son el documento de una época que termina o un recurso para contar tu propia historia?

Las selfies parecen ser una de las maneras de documentar la realidad más propias de la era digital. Es imposible navegar por las redes sociales sin encontrar imágenes del rostro de conocidos, seres queridos o celebridades, a menudo intervenidas con filtros, lo que en sí mismo constituye una novedosa forma de captar el instante –forma que, sin embargo, podría estar llegando al agotamiento–.

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Arvida Bystrom

Antes de que las cámaras fueran una herramienta a la que casi cualquier persona del globo podía tener acceso, hacerte una foto era un evento único y particular. Las familias se vestían para ser capturadas por el ojo del fotógrafo en un estudio, en lo que probablemente fuera la única imagen que conservaran de sí mismos durante su vida. Tener un retrato del ser amado en el escritorio o la mesa de noche es algo que ya sólo vemos en las películas. Con la masificación de la tecnología y la reducción de su costo, la cantidad de imágenes que la gente produce se incrementó a niveles inimaginables, y el primer objetivo del fotógrafo aficionado suele ser su propio rostro, la imagen de sí mismo según se la devuelve el espejo.

Pero hoy, entrar a Instagram y observar una selfie es, sin duda, menos emocionante que en sus inicios. Una prueba de esto es que las selfies ya están entrando al museo, como piezas de historia moderna.

 

 

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El Museo de las Selfies es una exposición interactiva que busca incluir las domésticas imágenes digitales de rostros en el amplio espectro de la historia del arte occidental. Tommy Honton, uno de los curadores de la muestra, afirma que “las selfies son solamente otra forma de autorretrato, así que decir que la selfie ha muerto es como decir que la fotografía ha llegado a su fin”.

La selfie moderna, al igual que los retratos al óleo de siglos pasados, no sólo da cuenta de la tecnología (y la moda) de la época, sino que captura un instante de la subjetividad de quienes aparecen en la imagen: cómo se perciben, al igual que cómo desean que otros los vean. Esto es una diferencia importante con respecto al arte del pasado, donde el modelo de la pintura pasaba por el tamiz de la capacidad artística del pintor; a diferencia de entonces, ahora el sujeto y el objeto de la imagen se funden en un mismo yo.

“Las selfies son poderosas porque nos vuelven autores de nuestras propias historias”, añade Honton, pues “incluso aunque vivamos como avatares de nosotros mismos… probablemente seguiremos queriendo tomar una selfie de la experiencia de nuestros ‘yo’ virtuales”.

 

* Fotografía principal: Exhibición “Ego Update”, de Alain Bieber



Medita en movimiento haciendo manualidades o artesanías

Tejer, bordar, modelar, son solo algunas de las actividades que verdaderamente conectan mente y cuerpo.

Las manualidades son algo que hacemos desde muy pequeños, cuando nos dan libros para colorear y tijeras sin filo para recortar. Pero eso que empieza siendo una inocente recreación para estimular la psique infantil es algo que deberíamos seguir practicando toda la vida.

Para muchos, sin embargo, puede que las manualidades no sean sino una actividad para niños, o incluso –y no sin un toque de machismo encubierto– “cosas de mujeres”.

No obstante, los mundos de las manualidades, y más detallado aún, las artesanías, están ahí para quien quiere verles y conocerles. Y no sólo se pueden hacer infinidad de objetos útiles y personalizados, sino que podemos mejorar repentinamente nuestra salud.

Haciendo manualidades o artesanías obtenemos un estado psíquico único, llamado flujo.

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(Foto: el observador)

En psicología se conoce como flujo a un momento inmersivo, donde la mente logra concentrarse 100% en la actividad que se ejecuta. Tal concepto fue acuñado por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi en 1975, y  desde entonces se le ha prestado atención a las actividades donde se presentan experiencias de flujo, estudiándose a profundidad sus beneficios.

Manualidades como tejer, bordar, el modelado, el origami o la confección son algunas de las actividades que nos permiten experimentar el estado psíquico y físico del flujo.

Por ser una manera de experimentar el flujo y, por ende, de conectar cuerpo y mente, las manualidades constituyen una forma de meditación en movimiento. La clave en este tipo de meditación no es borrar todo pensamiento, sino encontrar equilibrio y paz mental a través de la actividad corporal.

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El caso del tejido ejemplifica perfectamente esta intensa conexión mente-cuerpo y los estados a los que se puede llegar practicando manualidades.

Por eso es que tejer es una de las manualidades cuyos beneficios para la salud mental ha despertado más interés en la comunidad científica. Investigaciones recientes destacan que, para quienes tejen, el alivio a la ansiedad y el estrés se halla en poder hacer una actividad que los desconecta de los asuntos personales.

Beneficios adicionales

  • Relajación rápida y prolongada
  • Felicidad –se libera dopamina y serotonina
  • Sentido de logro
  • Mayor confianza y autoestima
  • Mejoramiento de habilidades cognitivas
  • Mejoramiento de habilidades manuales

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Además de estos beneficios –comprobados en decenas de investigaciones–, también se ha demostrado, científica y empíricamente, que hacer manualidades ayuda a disminuir síntomas de estrés postraumático, e incluso trastornos tan complejos como la anorexia.

La confección, por ejemplo, ha ayudado a tratar la fatiga crónica, al ser una actividad más diversificada que otras, mientras que los colores usados en el quilting –que es además una de las manualidades menos conocidas y más hermosas–, tienen un impacto emocional sumamente positivo.

Si quieres meditar en movimiento, ¡suma las manualidades a tu rutina! Y si eres hombre, aprovecha para romper estereotipos y ejercitar tus capacidades de autotransformación atreviéndote a hacer manualidades –como los hombres tejedores de Chile.

Pon manos a la obra. Conecta mente y cuerpo.

*Imagen de portada: Wassermoth, edición Ecoosfera



Qué es la dismorfia Snapchat y por qué está invadiendo la psique juvenil

Editar “selfies” nos puede llevar a una psicosis dismórfica sin retorno.

El reflejo es la génesis de la dismorfia, un trastorno quizá tan antiguo como los espejos, pero que apenas en 1987 fue catalogado como un auténtico trastorno psiquiátrico. En la actualidad es imposible saber cuántas personas padecen trastorno dismórfico corporal (TDC), ya que la mayoría de los afectados no busca ayuda.

No obstante, es indudable que cada vez más jóvenes tienen una percepción negativa de sus cuerpos.

Resulta paradójico que, en la modernidad, las obsesiones corporales invadan tantas psiques, y que sean los espejos donde sucede esa especie de catarsis negativa.

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Porque históricamente los espejos han cargado otro simbolismo. En el mundo místico, los espejos reflejaban el espíritu; en la literatura, son puertas a mundos inversos o superficies en las cuales adivinar el futuro. Pero sólo ahora se han vuelto un espacio de repudio, obsesión y autoexclusión, entre otros fenómenos de talante negativo.

La era digital ha exacerbado las peores patologías, y el TDC es un ejemplo de ello. Ahora no es sólo el reflejo, sino la fotografía la que desata obsesiones.

Cada vez más jóvenes se realizan cirugías estéticas para lucir como en sus fotografías y selfies, editadas con aplicaciones como Facetune.

Estos jóvenes acuden con cirujanos plásticos con una inquietud: si es posible lucir tan perfecto en la realidad como en las selfies repletas de filtros. Son los rostros digitalmente alterados los que están provocando un inédito tipo de TDC, ahora llamado “dismorfia Snapchat”.

El 55% de los pacientes en EE.UU. se operan para verse mejor en las selfies

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Para los especialistas se trata de un inquietante fenómeno psicológico, donde la línea entre la fantasía digital y la realidad concreta se desvanece. Lo más grave es que ahora no son sólo los estándares de belleza de las celebridades lo que detona mayores obsesiones corporales, sino la aparente perfección de nuestros conocidos, tal como señala un artículo en JAMA Facial Plastic Surgery.

 

Pero, ¿tiene cura la dismorfia Snapchat?

El fenómeno de la generación selfiey sus malas aproximaciones a lo que debiera ser la autoestima–, así como el TDC y la nueva dismorfia Snapchat, no son sino el correlato de algo mucho más grande: el desarrollo del individualismo como culto al yo, que en el capitalismo se ha exacerbado.

Por ello, tanto el TDC como la dismorfia Snapchat y muchos otros trastornos asociados, como la depresión, sólo pueden curarse si cambiamos los paradigmas que rigen el entendimiento de lo que es bello y deseable, y sólo si extirpamos el individualismo de raíz egocéntrica –que, dicho sea de paso, no es una actitud inherente al ser humano–.

Debemos aprender a ser entendiendo que somos parte de un todo, lo que conlleva cambios sociales, espirituales y psíquicos de gran envergadura. De otra manera, trastornos como la dismorfia Snapchat sólo podrán tratarse, más no curarse.

 

* Imágenes: 1 y 3) Arvida Bystrom; 2) Mike Campau