El pasado domingo arrancó oficialmente la construcción del Tren Maya al sur de México, enmarcada por una ceremonia en Palenque en la que se pidió “permiso a la Tierra” para arrancar con el proyecto.

Desde el mes de noviembre, varios expertos habían externado su preocupación por un hecho crucial: esta infraestructura turística no cuenta con una planificación que tome en cuenta su impacto ambiental. Ahora, la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar (ANCJ) ha advertido el riesgo que implica el Tren Maya para la población de jaguares que habitan en esta zona del país, de no cumplir al pie de la letra con la legislación ambiental mexicana; Gerardo Ceballos, presidente de la ONG, explica que:

(…) bajo ninguna circunstancia deberá impactar las zonas núcleo y de amortiguamiento de las áreas naturales protegidas.

En la biósfera de Calakmul vive el 50% de los jaguares que aún quedan en México, que además han sido el centro de los esfuerzos de conservación de asociaciones como la WWF, la Conabio y la Semarnat. El presidente de la ANCJ resalta la falta de estudios de impacto ambiental de la construcción:

No había un pronunciamiento sobre el cumplimiento de la ley ambiental y por eso nos importaba hablar con ellos. El trazo debe respetar los límites de las áreas naturales protegidas federales, estatales y municipales. Esto es especialmente relevante con el Parque Nacional Tulum (Quintana Roo), las Reservas de la Biosfera Yum Balam y Sian Ka’an (Quintana Roo) y Calakmul (Campeche), y las áreas naturales protegidas estatales de Balam-Ku y Balam-Kin (Campeche), entre otras. Bajo ninguna circunstancia deberán impactarse las zonas núcleo y de amortiguamiento de las áreas naturales protegidas.

Con esto en mente, la ANCJ envió una misiva a los encargados del proyecto en la que pide integrar un grupo de trabajo para investigar su factibilidad. En ese mismo documento sugiere también la creación de un fideicomiso ambiental que apoye el manejo de las áreas naturales protegidas por las que cruzarán las vías del tren. 

Si la obra continúa realizándose sin un plan concreto, el hábitat de los jaguares podría modificarse al punto de mermar su movilidad o, pero aún, exponerlos a accidentes en las vías férreas. 

 

¿Por qué urge tomar cartas en este asunto?

Desde una perspectiva legal, la construcción aún no cumple con los requisitos establecidos en la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria.

Este hecho es grave si se considera, también, el ámbito ecológico: de por sí México ha perdido ya la tercera parte de sus selvas, y aquella que pone en riesgo el Tren Maya es una de las 20 más extensas que quedan en todo el planeta. 

Como una de las zonas forestales más importantes del país, bajo ninguna circunstancia se debe provocar un impacto en los límites protegidos de Calakmul. La conservación de las zonas vírgenes debe priorizarse siempre, pues además de albergar una enorme cantidad de especies, son de gran importancia para mitigar los efectos del calentamiento global.

Para la ANCJ, el proyecto sí puede realizarse de manera sustentable, pero es necesario que existan estudios y planes que lo sustenten

Para ello, se deben respetar los límites preestablecidos y procurar subsanar la conectividad del hábitat de los jaguares, actualmente fragmentada por el sistema de carreteras de la zona.

Sea como sea, mientras más pronto se concrete una verdadera planificación, mejor; de lo contrario, el proyecto podría causar daños irreversibles a la diversidad de nuestro país.