Muchos piensan que el amor que una persona profesa por los animales es proporcional a su valor como ser humano. Y quizá este argumento tenga bases sólidas, pues el amor a los animales –y sobre todo, a las mascotas– podría estar ligado incluso a nuestra supervivencia como especie.

No obstante, el cálculo puede no ser infalible. La muestra más contundente de lo anterior está en Karl Lagerfeld, el implacable diseñador de Chanel que falleció recientemente y que le heredó una fortuna estimada en 185 millones de euros a su gata Choupette, a quien amaba tanto que le abrió su propia cuenta de Instagram, entre muchas otras extravagancias.

 
 
 
 
 
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Happy Birthday to the only man (or human for that matter) that I’ll let smother me with cuddles, kisses, and couture. 😽 Happy Birthday Daddy @karllagerfeld! 🍾

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En contraste a este amor a su felino, es sabido por todos que Lagerfeld nunca desistió de usar piel animal en sus diseños para Chanel. Y apenas en 2015 hizo toda una colección de pieles para la firma italiana Fendi. A este respecto, comentó en el New York Times:

Soy muy empático con el movimiento que se opone a los abrigos de piel. Odio la idea de matar animales de una manera horrible, pero creo que todo eso ha mejorado mucho. Creo que una carnicería es incluso peor.

Lagerfeld tenía otros argumentos para justificar el uso de piel animal, como por ejemplo, que dejar de usar pieles arruinaría a las cientos de personas que esta industria emplea. Pero jamás se molestó en utilizar los millones que le heredó a su gata en invertir en la industria del cuero vegetal –como ya lo hacen Hugo Boss y otras firmas–, para fortalecer esta incipiente industria que está libre de sufrimiento.

Fue así que Chanel llegó tarde al compromiso contra el sufrimiento…

Esta firma fue la última entre las más reconocidas en el ámbito de la moda en dejar de usar piel de animales exóticos, lo que ocurrió apenas en diciembre de 2018, para mantener lo que llamaron “estándares éticos”. Aunque esto fue sin duda resultado de la presión a la firma por parte de organizaciones como PETA, es probable que el fallecimiento de Lagerfield dé pie a nuevas iniciativas de moda para el futuro, que incluyan nuevos paradigmas éticos y sustentables.

Como sea, el lamentable fallecimiento del gurú de Chanel nos da la oportunidad de hacer estas reflexiones post mortem. Y volvemos al principio: ¿es el amor a un animal proporcional a nuestro valor como seres humanos? Quizá la pregunta de inicio es engañosa, porque muchos aman a su mascota y comen carne.

No obstante, la clave está, quizá, en que seamos menos categóricos que Karl Lagerfeld y estemos dispuestos a replantearnos permanentemente nuestro estilo de vida y nuestras convicciones.

Si está en nuestras manos aminorar lo más posible el sufrimiento animal, debemos hacerlo. Y no cabe duda de que, si algo es completamente prescindible, es la industria de la piel, porque además ya hay alternativas a ella que no nos quitarán un ápice de estilo.