Slavoj Žižek: WikiLeaks simboliza la resistencia contra la censura en los medios digitales

Por eso, el arresto a Julian Assange es un presagio de tiempos oscuros para la libertad de expresión (a menos que hagamos algo).

Los medios digitales llegaron para cambiar al mundo radicalmente. 

Quizá ahora hemos normalizado el abundante acceso a la información que nos proveen los entornos digitales, o la posibilidad que nos ofrecen de que seamos algo más que receptores pasivos de información –y pasemos a ser quienes la generan–. Quizá ahora demos por sentado tener acceso a más conocimiento que cualquier generación en la historia de la humanidad.

Pero lo cierto es que los medios digitales son poderosos por las posibilidades que han desplegado ante nosotros. Ellos representan la posibilidad de un futuro compartido, libre y más democrático. Aunque  también nos pueden hacer caer en la enajenación y convertirnos en sujetos acríticos, susceptibles al engaño. Incluso, como sabemos, las redes sociales han servido para filtrar nuestra información, robar nuestra data y venderla con fines políticos.

En ese sentido, ¿qué significa para nosotros la captura de Julian Assange?

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Slavoj Žižek responde

Para el filósofo esloveno, Slavoj Žižek, la reciente captura y extradición del hacker australiano Julian Assange, debe ser analizada bajo estas coordenadas. Es decir, a partir del peso que tienen los medios digitales en la sociedad contemporánea.

El constante hostigamiento que ha habido en contra del fundador de WikiLeaks –el medio independiente que filtró miles de documentos clasificados– y que ha terminado en su extradición a Estados Unidos, no puede sino leerse como una campaña contra la libertad de expresión, lo que a su vez es una afrenta contra toda la humanidad ya que, como dijo Žižek para RT el día de hoy:

Todas nuestras vidas están, de alguna manera, reguladas por los medios digitales. Así que es absolutamente crucial el hecho de quién controla estos medios digitales. Esta es la más grande amenaza a nuestra libertad.

Por eso, la captura de Assange no tiene nada de coyuntural. Se trata de una campaña de largo aliento, no sólo contra él, sino contra todos nosotros. Ésta ha incluido, según Žižek, un “sofisticado intento por deshumanizar, deslegitimar y encarcelar” a Assange, a través de linchamientos mediáticos e incluso de chismes sobre su higiene personal y su personalidad.

¿Puede haber algo más bajo? –se pregunta Žižek.

Y es que, más allá de la figura del propio Assange –a quien Žižek “tiene el honor de considerar su amigo”, como dijo en este video– , la inquisición que se desató en su contra es algo que nos atañe a todos. No sólo por el expreso retroceso en materia de derechos humanos que implica, o por toda la podredumbre que devela sobre el sistema político global, sino por lo que simboliza WikiLeaks en un mundo de comunicaciones digitales.

Porque, a decir de Žižek, dentro de este juego:

WikiLeaks representa una resistencia.

No sólo una resistencia pasiva, sino activa, tendiente a crear nuevas formas de sociabilidad más allá de los propios medios digitales.

 

Por eso, nos toca defender los entornos digitales

Debemos navegar los entornos digitales y usar los medios que nos proveen de manera responsable, inteligente y consciente, evitando a toda costa caer en las trampas de las fake news y, por supuesto, sin ceder a la ansiedad y adicción que provocan las redes sociales, intentando siempre aplicar lo que se ha dado a conocer como “minimalismo digital”.

No debemos olvidar que la manera como nos expresamos, compartimos y creamos en las redes sociales no es en absoluto inocente. Todo lo que hagamos o dejemos de hacer con los medios digitales y en los entornos virtuales tiene el potencial de trastocar la realidad, porque la información y las ideas pueden cambiar al mundo, materializándose en consecuencias reales.

Por eso también es crucial  fortalecer estos espacios virtuales, así como apoyar a los medios, agencias, periódicos y portales que lo merezcan, ya sea por su ética hacia el mundo o por su práctica consecuente.

Los medios digitales son nuestros porque son de todos. Por eso la extradición de Julian Assange es algo que nos indigna colectivamente, y contra lo cual debemos protestar bajo todos los medios a nuestro alcance, lo que incluye rescatar las buenas prácticas en los entornos digitales para salvarlos de las garras de quienes buscan monopolizarlos.



Amor, vulnerabilidad y masculinidades alternas: entrevista con el poeta Jericho Brown

“Creo que especialmente para los hombres es difícil salir al mundo a decirles a todos ‘Estoy buscando intimidad. Estoy buscando ser vulnerable.'”

Jericho Brown, nacido en Louisiana en 1973, es uno de los poetas más interesantes de la escena literaria estadounidense actual. Con Please, The New Testament y The Tradition, tres breves pero contundentes libros, Brown ha cimentado una sensibilidad muy particular, donde se unen la rabia y el dolor de la violencia policial que sufren las comunidades afroamericanas, con los propios episodios de la vida del autor lidiando con temas como el racismo, la homosexualidad, la autoimagen corporal y lo que significa ser una persona sensible en un mundo que parece castigar la sensibilidad.

Portada de “The New Testament”

En una entrevista reciente, Brown comparó la creación artística con el enamoramiento. Según él, se trata de actos en donde nos ponemos en situación vulnerable, y que eso es precisamente lo que nos atrae del arte.

“Es como cuando estás enamorado. No te puedes enamorar sin ser vulnerable (…) Todo en nuestra cultura nos entrena para no ser vulnerables, para evitar la intimidad. Y la poesía nos pide que seamos de una forma en la que normalmente no estamos entrenados para ser. La poesía puede entrenarnos para ser así. No estamos entrenados para hacerlo. Creo que es difícil admitirlo para la gente. Creo que especialmente para los hombres es difícil salir al mundo a decirles a todos ‘Estoy buscando intimidad. Estoy buscando ser vulnerable.’”

Y es que, para Brown, los poetas siempre se escudan en ocupaciones secundarias cuando se les pregunta a qué se dedican: responden que dan clases o editan libros, pero no se nombran a sí mismos “poetas”, es decir, seres vulnerables.

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Jericho Brown (Imagen: AJC.com)

¿Pero qué significa exactamente ser vulnerable, y por qué eso debería ser importante?

Para Brown, se trata de que la poesía nos permita observar dentro de nuestros propios abismos sin sucumbir al vértigo. En sus propias palabras,

“Cuando empiezas a observarte a ti mismo encuentras un montón de mierda fea. ¿Sabes a qué me refiero? Así que, cuando hablo de ser vulnerables, me refiero a la habilidad para observar esa mierda fea. Transformar la mierda fea en lenguaje que va a convertirse en algo que esperamos que sea hermoso (…), pero no significa que creas que es hermoso. Puedes ver lo feo que es.”

La vulnerabilidad nos permite observarnos a nosotros mismos y a los demás sin voltear el rostro. Cuando hablamos de intimidad en aspectos emocionales, se trata de poder acercarnos a nuestros rasgos menos atractivos sin tratar de estetizarlos, ni hacer como que no están ahí.

El trabajo creativo (aunque, desde cierto punto de vista, cualquier trabajo, así como la vida misma, comportan un ingrediente de creatividad) es especialmente exigente a este respecto: la obra de arte le pide al artista su vulnerabilidad, y a su vez el artista debe estar atento para reconocer que esa vulnerabilidad que lo lastima puede nutrir su relación con el mundo.

“Escribir más allá de las líneas que salieron fácilmente. La gente llega a la línea fácil y creen que ya terminaron. Pero ese es solo el comienzo. Ahí es cuando te dices, ‘¡Mierda, ahora voy a tener que decir la verdad porque acabo de mentir!” (…) Para mí, eso es lo que quiero decir al hablar de ser vulnerables frente a la obra. Me refiero literalmente a sentarte y hacerla y tomar lo que te ofrezca. Y si no te está dando nada, entonces insistir en ella hasta que lo haga.”

Aquí puedes leer y escuchar algunos poemas de Jericho Brown en español.



La interpretación de “Roma” de Slavoj Žižek

¿Todos estábamos equivocados?

Alfonso Cuarón sigue estremeciendo al mundo entero con Roma, película que le ha valido dos Critic’s Choice Awards y que es una candidata segura para los Óscares. Casi nadie se ha aguantado las ganas de opinar sobre el filme en redes sociales: todos tienen su propia interpretación, desde Guillermo del Toro hasta tu tía. 

Ahora, el controvertido filósofo Slavoj Žižek le ha entrado a la discusión como sólo él podría: afirmando que todos estamos mal. En su reseña, publicada por la revista The Spectator, el esloveno comienza diciendo que Roma le dejó un mal sabor de boca:

Sí, la mayoría de los críticos está en lo correcto al celebrarla como un clásico instantáneo, pero no puedo sacarme de la cabeza que esta percepción está sostenida por una aterradora, casi obscena malinterpretación, y que la película está siendo celebrada por todas las razones equivocadas.

Žižek procede a resumir brevemente la trama de la película, al mismo tiempo que critica sus lecturas más comunes. Cleo, la protagonista interpretada por Yalitza Aparicio, es una empleada doméstica de una familia de clase media-alta en la década de los 70. Su personaje ha sido celebrado por la humildad con la que se entrega a las personas que la emplean. Para el filósofo, esto es un foco rojo:

¿Podemos realmente reducirla al objeto de afecto de una familia mimada de clase media-alta, que la acepta como parte de sí misma sólo para explotarla mejor, física y emocionalmente? 

La bondad inherente a Cleo es una trampa que se revela sutilmente a través del filme. Como detalla: 

Hay una crítica implícita a su dedicación, que es más bien resultado de su ceguera ideológica. Me vienen a la mente las disonancias obvias en el trato de la familia hacia Cleo: inmediatamente después de demostrarle su amor y hablarle ‘como a un igual’, le piden que se encargue de alguna labor doméstica o que les prepare algo. 

Žižek procede a describir una escena específica de Roma: Sofía, la madre de familia, destruye el Ford Galaxy de su marido como venganza por su infidelidad. Mientras que ella puede darse el lujo de actuar así desde su posición económica dominante, Cleo debe seguir con su trabajo, a pesar de enfrentarse a situaciones mucho más traumáticas

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Cerca del final de Roma, Cleo salva a los hijos de esta familia de ahogarse en el mar. Este acto heroico se considera el punto más dramático del filme, pero al esloveno le llama la atención la composición de la toma:

La forma (en que se filmó) ignora por completo este contexto dramático. No hay un intercambio de tomas entre Cleo y los niños que salva, nada de tensión dramática entre el peligro de los chicos y su esfuerzo por salvarlos, ninguna toma que nos muestre lo que ella ve. Esta extraña inercia de la cámara, su renuencia a involucrarse en el drama, refleja de forma palpable el extrañamiento de Cleo ante su rol patético de sirvienta leal, lista para sacrificarse. 

¿Qué quiere decir esto? Que las acciones de Cleo, por más sinceras que parezcan, realmente son el fruto de la explotación a la que está sometida. Para el filósofo, el afecto que esta familia de clase media-alta le profesa es falso; es parte de la trampa que la esclaviza. 

¿Cleo estará destinada para siempre a ser explotada? Žižek encuentra un atisbo de emancipación en la última escena del filme. Después de salvar a los niños en la playa, Cleo regresa a la casa de la familia. Ahí se encuentra con Adela, otra de las trabajadoras domésticas, y le dice que “tiene mucho que contarle”:

Tal vez esto significa que Cleo se está preparando para salir de la trampa de su propia bondad, haciéndose consciente de que su entrega desinteresada a la familia es la forma misma de su servidumbre. En otras palabras, la indiferencia total de Cleo ante las preocupaciones políticas, su dedicación al servicio, es la forma misma de su identidad ideológica, es como ella ‘vive’ su ideología. Tal vez explicarle su predicamento a Adela es el principio de su ‘conciencia de clase’, el primer paso que la hará unirse a la gente que protesta en las calles. 

Una nueva figura de Cleo surgirá de esta manera, una mucho más fría e implacable -una Cleo liberada de sus cadenas ideológicas-.

¿Tiene razón Žižek, o está delirando? ¿Qué opinas?

Autor: Marcela Santos
Twitter: @marcesant