La juventud ya no quiere tener sexo; estas son las razones

¿Qué es lo que está interfiriendo en la libido contemporánea?

Hace algunas décadas, la juventud conquistó la liberación sexual. Con nuevas ideas sobre lo que es el sexo, y con la posibilidad que ofrecían los anticonceptivos, las relaciones íntimas se modificaron radicalmente, dejando atrás todo pudor y puritanismo, y dotaron de un nuevo sentido a la vida.

Nadie podría negar en la actualidad lo trascendente de la revolución sexual. No sólo hizo descubrir a muchos lo importante que es la energía sexual en nuestra vida cotidiana. También propició, a nivel cultural, nuevas posibilidades, abriendo toda una nueva etapa para la humanidad en general y para las relaciones en particular. Fue, por así decirlo, una revolución para los sentidos y los afectos colectivos.

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Grimes

Por supuesto que la liberación sexual siempre tuvo sus limitaciones, y no ha dejado nunca de estar bajo tensión en una sociedad en la cual se sigue manteniendo una doble moral. Aun así, pareciera inexplicable que los jóvenes estén teniendo menos sexo. Sin embargo, así es; no hay cifras globales al respecto, pero se ha vuelto un secreto a voces del cual muchos especialistas están hablando.

Kate Julian, periodista de The Atlantic, ha hecho una extensa investigación que bien podría ser la primera en dar algunas pistas, de manera seria, sobre esta extraña paradoja, en la cual el sexo nunca había gozado de tanta libertad a la vez que de menos practicantes.

Por supuesto, es una investigación centrada en los jóvenes de Estados Unidos, pero quizá algunos de estos elementos estén teniendo un impacto también en países como México. De hecho, la propia Julian dedica una parte de su investigación a comprobar que no es un fenómeno exclusivamente norteamericano. Demuestra que la crisis de sexualidad está sucediendo en países de Europa y que el “síndrome de celibato” japonés también es parte de esta tendencia.

La falta de sueño y el tiempo que perdemos en nuestros teléfonos, así como las desgastantes dinámicas laborales, son algunas de las cosas que están interfiriendo con nuestra libido. ¿Qué otras razones existen, según Kate Julian, para esta recesión del sexo?

6 factores que están haciendo que los millennials tengan menos sexo:

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Kyle Thompson

Preferimos masturbarnos

La masturbación, como en Japón, ha funcionado como sustituto del sexo, e incluso se ha vuelto una gran industria. Y muchos jóvenes se masturban apoyándose en el Internet para encontrar estimulantes visuales, como la pornografía, y así “no necesitar” de una pareja.

 

No tenemos intimidad

Muchos jóvenes se están quedando a vivir con sus padres por falta de oportunidades, lo que reduce en gran medida la posibilidad de tener encuentros sexuales.

 

Tinder nos entretiene, pero nos mantiene aislados

En lugar de promover más relaciones íntimas y una vida sexual activa, las apps como Tinder están provocando lo contrario, sumiendo a los jóvenes en entornos digitales falsos, hechos más para entretener y llenar vacíos que para encontrar pareja.

 

El sexo malo

Muchos jóvenes ya no saben cómo tener sexo, ni mucho menos cómo hacer el amor. Están bombardeados por contenidos irreales que no orientan, e incluso llegan a incitar al uso de una violencia que no todas las personas disfrutan. Malas experiencias en experiencias sexuales se traducen en menos gente que quiere tener sexo.

 

No nos gusta nuestra desnudez

Los millennials están mucho más cohibidos que las generaciones previas. Los ideales corporales se han vuelto casi imposibles, y casi ningún joven quiere “arriesgarse” a ser visto desnudo. Por lo mismo, parece haber menos predisposición a practicas como el sexo oral, que implican un contacto más íntimo y directo.

 

La liberación sexual tuvo sus contras (y las feministas lo están diciendo)

Los movimientos feministas han visibilizado que en las relaciones entre sexos no todo es liberación y placer: también hay violencia. El acoso y el hostigamiento son correlato de relaciones insanas, y es lo que ha hecho a muchas mujeres ya no querer tener sexo. Pero además ha ocasionado mucha confusión en torno a qué hacer y qué no hacer en las relaciones íntimas, lo cual crea una brecha entre mujeres y hombres por el miedo de estos últimos a ser acusados de acosadores.



Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
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Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
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Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel