En el marco del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de la ONU, que se llevó a cabo en el mes de abril en Nueva York, tuvimos la oportunidad de dialogar con cuatro jóvenes que representaron a sus pueblos con su espíritu, su presencia y su palabra. Durante estos días compartieron su pensar y se mostraron seguros de su caminar en la vida.

Mariana Alejandra Solórzano Cruz se presentó como una mujer indígena, zapoteca de la comunidad de Ndaniguia (San Pedro Comitancillo), de la región del istmo de Tehuantepec en Oaxaca, México. Ella se definió como el resultado de muchas generaciones ligadas directamente al campo y a la tierra. Para Mariana, la convivencia con sus abuelos fue más que una relación abuelos-nieta; ellos la incorporaron a la vida comunitaria muy rápido y a todas las actividades en el pueblo, e incluso le contaron sus secretos. Como dirían en su pueblo: “aquí uno no es nadie, tu identidad es nula hasta que nombras la familia a que perteneces, antes que tu nombre”… Un ejemplo: “Mariana no es Mariana, es la nieta de Lola-Fren (Aurora y Efrén), hija de Na’Elia”.

Juan Antonio Millaqueo Ñancuan se presentó como hijo de la autoridad tradicional Longko Ñiengpïn Luis Millaqueo, del Lof Rewüe Cayülfe, que abarca 10 comunidades de la Nación Mapuche lafquenche, werken (vocero) y tesorero de Lof Rewüe Cayülfe. Las personas que han marcado su vida son las autoridades tradicionales como su padre Luis Millaqueo Ñiengpïn, los Longko Alfredo Caniullan (tío) y Alfredo Calfin, además de las últimas abuelas Flora Imihuala y Teresa Traillanka, quienes siguen firmes y arraigadas a vivir en equilibrio con la Madre Tierra a través de las ngillatün mapuches (ceremonias ancestrales).

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Francisco Colipe Loncopan se presentó como un habitante de la comuna de Curarrehue en Chile, un territorio de muchas montañas y bosques milenarios rodeados de lagunas andinas, y desde allí surge su identidad como pehuenche dentro la Nación Mapuche. Su vida ha estado marcada por los presos políticos mapuche que luchan día a día, quienes tienen una inquebrantable convicción de la liberación por su pueblo, que no decae pese a la persecución desde el Estado que sirve a grandes intereses que socavan esteros, lagos y bosques.

Constanza Nicole Gonzalez Gonzalez se presentó como werken (vocera) de su comunidad y aprendiz de lawentuchefe (médica mapuche), perteneciente a la Nación Mapuche lafquenche, werken de la Comunidad Francisco Trecan, ubicada al sur de Chile. Su abuela es Lonko y Lawentuchefe de su comunidad y significa mucho para ella, ya que es quien la educó y día a día le enseña lo importante que es defender y conservar la cultura de su pueblo.

Durante el dialogo hablamos de diferentes temas que representan parte fundamental de su vida, temas que a continuación presento tejiendo las palabras de los cuatro en una sola voz…

 

¿Qué sueñan cuando están despiertos?

Soñamos para que en el presente y en el futuro podamos disfrutar de la libertad plena de nuestros pueblos originarios, como lo hemos hecho siempre con los ñieng, en compañía de los ríos, vertientes, esteros, tierra, cerros, montañas, volcanes, mawüïsa (montes) y el aliwüen canelo, nuestro árbol sagrado. Soñamos ser buenos líderes para seguir con las tradiciones de nuestros pueblos y así enseñarles a las generaciones que siguen que no deben sentir vergüenza sino orgullo por nuestras raíces. Soñamos en las grandes ceremonias que nos permiten retomar el camino.

A veces sentimos que no soñamos, antes soñábamos mucho, así nos hablaban a veces nuestros abuelos, pero dejamos de soñar, cuando esta realidad nos abre paso, había que hacer algo y no había tiempo de soñar, ni dormido ni despierto… ya habrá días, suponemos. Pero sí deseamos con todo nuestro corazón lograr ver algo de lo que nos contaban nuestros abuelos sobre nuestros pueblos, deseamos que se conserve esta tranquilidad que ofrecen, deseamos mucho crecer y morir en estos pedacitos de tierra, por eso los protegemos.

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¿Cuál fue su experiencia en el Foro Permanente y cual fue el mensaje que llevaron?

En principio diríamos que salir de nuestras comunidades y países es ya toda una experiencia, particularmente ir a Estados Unidos por todo lo que significa y representa frente a nuestras luchas. Al principio teníamos miedo porque nunca habíamos salido de nuestros pueblos, pero por eso todo el viaje tuvimos presentes a nuestras abuelas y sus enseñanzas.

En el Foro escuchamos lo que pasa en otras partes del mundo y entendimos que el problema que enfrentamos es global, además de los discursos contrapuestos de los Estados, que nos confirman de qué lado estamos, reafirmamos lo que estamos haciendo en nuestras comunidades y el valor que tiene. Intercambiamos conocimientos con otras culturas y nos hermanamos con gente de todo el mundo, eso nos hizo sentir que no estamos solos.

Durante nuestra participación manifestamos que existen otras formas de ver, estar y convivir en el mundo, formas que no se pueden medir en términos económicos. Transmitimos que tenemos otras formas de explicar nuestra existencia, una forma comunal frente a una individual y que somos muchos los pueblos originarios del mundo; tenemos newen (fuerza), ya que somos los verdaderos defensores de la naturaleza y de nosotros depende hacer que los Estados y la ONU cumplan con tratados y convenios. De igual forma denunciamos políticas públicas y privadas que pretenden regular grandes proyectos que no son aceptados en nuestros pueblos originarios, procesos con grandes capitales que pretenden dominar el mundo, y para esto avanzan matando bosques y dirigentes de una forma que ya no es humana, quieren nuestro territorio donde están nuestros sitios sagrados para imponer proyectos extractivos, como el Tratado Transpacífico, conocido como TPP-11, que rechazamos fuertemente. 

Al final regresamos con muchos más ánimos de seguir trabajando, pues el Foro fue un espacio para visibilizar nuestras problemáticas, esas que nos esperan al regreso y tenemos que atender. Consideramos que con esta experiencia sólo queda continuar fortaleciéndonos y organizándonos mejor como comunidades… pues todo lo que está por venir será mucho más difícil.

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¿Cuáles consideran que son los retos que viven sus pueblos y comunidades?

Los gobiernos no toman en consideración las opiniones y necesidades de nuestros pueblos, ven como una burla nuestras creencias. Existe una intención para desarticular nuestras formas de organización tradicional; es muy claro que los partidos políticos impiden que nuestras comunidades reflexionen y tomen sus decisiones libremente. Como comunidades debemos tomar decisiones en nuestros territorios y preservarlos para las futuras generaciones, dejar nuestro legado y cosmovisión a nuestros fotüm (hijos)… ser pueblos con libre determinación y autonomía.

La educación que nos han impuesto, por lo menos estos últimos 100 años, ha pretendido desvincularnos de nuestro territorio, nos hacen creer en una forma de vida ajena, primero por la iglesia, luego por la corona, luego el Estado y todo esto basado en una forma capitalista de ver la vida. Nosotros queremos fortalecer el proceso de aprendizaje y tener la oportunidad de explorar lo que desconocemos, nuestros maestros debe contar con herramientas para compartir los temas que les interesan a los pueblos originarios; con sólidos pensamientos basados en la buena fe para fortalecer procesos comunitarios y derribar sistemas impuestos, se debe buscar el proceso del buen vivir desde la educación, el cual no debe estar sometido a intereses privados.

¿Qué fortalezas necesitan los jóvenes para seguir siendo parte viva de la comunidad?

La fortaleza que necesitamos los jóvenes es aprender y participar constantemente en las trawün (reuniones) y aprender de la historia de nuestro pueblo, que averigüen los tratados y los kimün (consejos) de los ancianos para enseñar a otros y que no se pierdan, como nos han platicado los abuelos y abuelas (chachas y papaï). Es fundamental esta relación de transmisión oral que han tenido los abuelos y nuestros padres con nosotros; se tiene que valorar más su experiencia y su conocimiento, es decir, que nos sigan introduciendo a la vida comunal de nuestros pueblos.

Vemos una posibilidad en el intercambio de conocimientos y por lo tanto en el desarrollo de tecnologías, así como herramientas que diseñemos como comunidades para enriquecer nuestro modo de vida en el campo, fortaleciendo nuestra soberanía alimentaria y dejando de lado la vergüenza, porque si no somos nosotros quienes defendemos nuestras raíces nadie lo hará. Para esto debemos seguir aprendiendo para entrenar el cerebro y el cuerpo, invocar a los ancestros y transmitir sus historias de lucha y liberación.

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Finalmente cerraron el dialogo mencionando que es necesario valorar lo que existe en sus comunidades, valorar su existencia y por lo tanto asegurar que más generaciones gocen de ella. Se sienten muy agradecidos de poder ser parte de pueblos que hasta el día de hoy dan la lucha. Consideran que su lucha es por la vida de la humanidad con respeto a la sabiduría de los ancestros, una lucha sin sueldo. A los intereses económicos y políticos les hierve su sangre cuando un peñi o lamieng recupera su territorio y su conciencia ancestral, todos los días nace un nuevo ser reivindicando nuestra esencia como pueblos originarios y son estos seres muy dignos del respeto de la humanidad por su gran fuerza y su genialidad. Nuestros pueblos van a seguir floreciendo y nadie los pueden silenciar…

AMULEPE TAÏÑ WEÏCHAN KOM PÜ CHE MARRÏCHÏWEW (Vamos todos a la lucha, toda mi gente, siempre venceremos yayayayayayaya…).

Ell@s asistieron al Foro como miembros del Concejo Indígena para la Protección del Territorio, las Tradiciones, las Lenguas y las Semillas (CIPROTER), integrado por personas del pueblo zapoteca, hñahñu, sápara, achuar, lickanantay, mapuche lafquenche, mapuche pehuenche y mapuche nagche provenientes de México, Guatemala, Ecuador, Perú y Chile.