Jim Jarmusch es una aleación viva de la poesía, escritura y sentido del humor que representa a la escena del cine indie neoyorquino. Las gafas de sol sólo encierran el puñado de ideas que fluyen dentro de este guionista. Un reflejo de ello es su película de zombis sobre la emergencia climática que presentó en el Festival de Cine de Cannes. 

El ganador de la Cámara de Oro del Festival de Cine de Cannes por el filme Stranger Than Paradise en 1984 (película que lo colocó como uno de los favoritos de Cannes) creció inspirado en películas como El ataque de los cangrejos gigantes u obras de terror —especialmente de vampiros— que alimentaron los pilares más básicos de su carrera.

Si algo no conocen los artistas, es el límite de la creación. Jim Jarmusch explora los géneros cinematográficos más allá de la visión ordinaria para cristalizarlos en filmes con destellos absurdistas, minimalistas, modernos con un toque western (Dead Man, 1995), thrillers de linaje francés (Ghost Dog, 1999) y recientemente su filme sobre zombis de la emergencia climática. 

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Stranger Than Paradise

Sin importar el género intervenido, Jarmusch es capaz de marcar cada uno de sus proyectos con elementos que básicamente constituyen su propia psique. Su manera de concebir la existencia es una variación cinematográfica repetitiva que tiene un poco de todo —lo adecuado e inadecuado— perteneciente a lo espontáneo y a la realidad.

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Zombis de la emergencia climática 

La nueva obra de Jim —Los muertos no mueren— es un trabajo cargado de significados, simbolismos, originalidad y entretenimiento puro, y la presentó en el Festival de Cine de Cannes de 2019. Los muertos no mueren “es un canto en protesta ante el cambio climático” y nació gracias al nuevo mantra del director: “el mundo es de los adolescentes (aunque a veces la revolución hormonal los confunde)”.

Y no, no es el mismo discurso que hemos leído y escuchado sobre la emergencia climática. Jarmusch opina que los políticos son simples títeres de las corporaciones y son estas últimas en las que debemos fijar nuestras movilizaciones climáticas. A fin de cuentas son las que alimentan el consumo irresponsable. 

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Además, el director de Los muertos no mueren encuentra digna inspiración en las generaciones de hoy; en la música de Billie Eilish —de la cual se declara fanático—, en los discursos de activistas, en los grupos que lideran artistas como Selena Gomez, etc. La película se trata de eso: reflejar la sociedad actual.

Una sociedad que, considera, está llena en parte de adolescentes repletos de creatividad dispuestos a tomar riesgos, y de zombis que caminan apáticos e hipnotizados por su smartphone. A pesar de que Jim es más un seguidor de los vampiros estilo Béla Lugosi en Drácula, reconoce que nuestra realidad se acerca más a la de un muerto viviente.

Sin embargo, no cayó en una representación vacía de los zombis. Su musa es la mitología zombi de George A. Romero, que encuentra su lugar en la crítica de aspectos de la sociedad contemporánea. Una narrativa que crea zombis con identidad propia que son al mismo tiempo víctimas y monstruos: tintes muy humanísticos.

 

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