Se le conoce como “la mujer dormida o blanca”, pero la historia del Iztaccíhuatl sobrepasa las leyendas aztecas. Ahora se rumora que ha despertado del sueño; sin embargo, la historia geológica de este volcán indica lo contrario.

El edificio volcánico Iztaccíhuatl nació a partir de los productos volcánicos de erupciones que se han registrado durante diferentes tiempos y está conformado por distintos tipos de magma. Su origen se ubica en el terciario medio, justo cuando los dinosaurios se extinguieron.

“La mujer dormida” cuenta con cinco aparatos eruptivos o cráteres: uno en la torre de San Agustín, dos en las rodillas, uno en el pecho y otro en la cabeza (el más reciente en origen). Cada formación se ha deteriorado con el tiempo, gracias a la erosión. Sus cráteres funcionaron hasta 1868, por eso el Servicio Geológico Mexicano lo mantiene clasificado como inactivo. El ser humano jamás ha presenciado una explosión del volcán Iztaccíhuatl, pues las áreas principales de la chimenea de la cumbre se encuentran cubiertas por flujos volcánicos de hace más de 11,000 años.

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Es posible o no una erupción del Iztaccíhuatl

El Iztaccíhuatl se encuentra en el Eje Neovolcánico, en el cual también están el Popocatépetl y Tláloc. Este eje volcánico tiene una particularidad compleja: la actividad magmática migró de norte a sur. La última erupción de “la mujer dormida” fue aproximadamente hace 80,000 años y ocurrió en el sector norte.

Si se considera que este volcán cuenta con cuatro cráteres y los demás volcanes cuentan con uno, y si además se toma en cuenta la migración del magma, la actividad del edificio volcánico se complica. Es cierto que “la mujer dormida” tiene actividad en la cámara magmática como sismicidad o aguas termales; sin embargo, no es lo suficientemente enérgica como para causar una erupción. 

Si se llegara a activar fuertemente la actividad volcánica, el Iztaccíhuatl representaría un riesgo mayor para las zonas más cercanas a este volcán, pero no podemos obviar que hoy en día existen tecnologías que nos permiten reconocer las actividades de los volcanes más importantes y, gracias a esto, podemos estar alertas a su funcionamiento.

 

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