Esta isla tiene su propia nube (y la envidiamos) ☁️

Y aunque es muy pequeña para estar poblada por humanos, tiene a sus propios habitantes indómitos.

Lítla Dímun es la isla más pequeña de las 18 que conforman el archipiélago danés de las islas Feroe, en el Atlántico Norte. Sus únicos habitantes son grupos de ovejas que pastan con tranquilidad en sus escarpadas laderas y cuyos propietarios acuden en otoño a la isla para cuidarlas y llevarse a algunas. Excepto, por supuesto, cuando el clima no lo permite.

Y es que Lítla Dímun tiene un hechizo sobre la atmósfera; o eso parece, a juzgar por la enorme nube que suele coronar a la peculiar isla de forma piramidal. En realidad no es una nube, sino varias que se van formando alrededor de la isla y que ésta atrae hacia sí.

Así que el clima no suele favorecer a los granjeros daneses. Aun así, mantener ahí a sus ovejas es una buena opción, pues se trata de un territorio prístino que es perfectamente aprovechado por ellas. Los granjeros sólo tienen que encontrar el día indicado del otoño para ir por ellas, escalando las laderas de la isla mediante un curioso mecanismo de cuerdas para llevárselas de vuelta a las islas centrales que forman el archipiélago y que sí están habitadas por humanos.

Como sea, el espectáculo que ofrece Lítla Dímun, con su gran corona de nubes siempre adornándola, esconde un encanto particular que remite a una suerte de fantasía medieval. Aquí te dejamos unas fotos de esta extraña isla.

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* Imagen principal: Jonathan Andrew



Fotografías de la vida y muerte de islas volcánicas

Las islas son porciones de tierra que llevan un proceso de vida: nacen, se desarrollan y, eventualmente, regresan al fondo del océano.

Gracias al internet, hace unos cuantos meses, el mundo entero fue testigo del nacimiento de una nueva isla en Japón. Videos e imágenes del evento se convirtieron en fenómenos virales en todas las redes sociales y noticieros.

Sin embargo, ¿te has preguntado cuál es el proceso de este acontecimiento natural? Pareciera que las islas volcánicas se manifiestan de pronto, emergiendo del océano como un Kraken, criatura marina de la mitología escandinavia y finlandesa. Pero en realidad, son porciones de tierra que llevan un proceso de vida: nacen, se desarrollan y, eventualmente, regresan al fondo del océano.

De acuerdo con la científica canadiense Mika McKinnon, hay volcanes que hacen erupción debajo del agua, formando una tierra que sale a la superficie como una nueva isla; las cuales evolucionan y cambian conforme pasa el tiempo:

Las islas volcánicas nacen debajo de las olas, creciendo como un piso marino a través de incontables erupciones. El volcán rompe con la superficie, y una nueva tierra saluda al sol.

Por ejemplo, en 1974, la isla Nishino-shima adquirió una nueva área a partir de pequeñas erupciones marinas. Con el paso del tiempo, la tierra empezó a ser habitada por plantas. Para noviembre 2013, nació una isla vecina, Niijima, la cual se unió finalmente con Nishino-shima.

Nishinoshima (1973)

Entonces, conforme las erupciones continúan, una nueva isla emerge. Puede suceder que las erupciones sigan marcando su camino a través de la tierra: la lava recorre sus costados, liberando gases nocivos.

No obstante, las erupciones eventualmente cesan y dan paso a un estado de inactividad. Es así cuando la tierra se convierte en el hogar de diversas especies de corales, quienes protegen sus bordes. Al no formarse ninguna roca nueva, empieza a surgir la vida en esa tierra. Y conforme la erosión gradualmente adhiere la roca a la tierra, ésta inicia un proceso de enfriamiento.

Un ejemplo de este fenómeno es Tahití, isla que se creó a partir de erupciones volcánicas y adoptó su forma a través de la lluvia. El volcán más antiguo de Tahití data de 1.4 millones de años, cuyo domo era originalmente simétrico; dado que sus flancos al norte y al sur colapsaron (hace 860 000 años), un nuevo volcán surgió dirección septentrional, inundando las cuencas de lava; en consecuencia, las montañas del norte resultaron ser más altas que las del sur. Después, las fuertes lluvias tropicales erosionaron los valles, forjando cañones de hasta un kilómetro de profundidad. De pronto, las plantas surgieron, ocultando la roca volcánica del suelo.

Tahití

Y es así cuando diversas colonias de corales prosperan al borde de la isla, manteniéndose cerca aún si la tierra regresa al fondo del océano, con el fin de formar alrededor una barrera protectora. Un modelo de esta situación es Maupiti, la punta de un volcán de 213 metros por encima del mar. Está rodeada por una barrera de islas y arrecifes de coral. De hecho, cuando Tahití no era más que un basalto volcánico, Maupiti ya era un área de arena blanca, fragmentos de coral y de conchas.

Maupiti, Tupai

Y finalmente, de pronto, la isla regresa al fondo del océano. Los arrecifes y un atolón se quedan en su lugar para enterrarlo, haciendo memoria de lo fue una maravilla natural.



Socotra: la sorprendente naturaleza de una isla perdida

También conocido como “La Galápagos del Océano Índico”, esta misteriosa isla tiene una riqueza natural inigualable.

Es posible que ningún sitio del planeta comparta la extravagante belleza de Socotra. También conocida como “La Isla de la Dicha”, por su nombre en sánscrito, este sitio tiene un clima implacable: caliente y seco, y sin embargo, también cuenta con algunas de las más peculiares plantas del mundo. Situada a unos 250 km de Somalía y a unos 340 km de Yemen, las aguas cristalinas que rodean esta isla resguardan uno de los más improbables tesoros naturales del mundo.

Socotra realmente parece una isla de otro planeta. Basta con ver algunas imágenes apreciar que la naturaleza se adaptó a las difíciles condiciones climáticas de una forma bellísima. La peculiar apariencia de la naturaleza se debe a que por más de 6 millones de años, ha estado aislada por completo, por lo que, como las Islas Galapagos, esta isla cuenta con unas 700 especies de flora y fauna —de las cuales 1/3 no se encuentran en ninguna otra parte del mundo.

Esta isla perdida también es un paraíso lleno de contrastes, cuenta con riquísimas reservas naturales, una vida salvaje incomparable y algunas de las playas más encantadoras del mundo. Con tan solo dos carreteras y 40 mil habitantes este sitio continúa siendo uno de los más exóticos espacios naturales.

En la fotogalería se encuentran algunas maravillosas imágenes del sitio.

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Imágenes: Bin’s Corner