Preciosos invernaderos en casas abandonadas (transformando el destino de lo olvidado)

Concreto, fuerza de trabajo, plomería y recuerdos… Tomar lo olvidado y convertirlo en nuevos puntos de acceso a la agricultura urbana: de eso se trata Afterhouse.

Mismos cimientos, nuevas y verdes edificaciones. Bajo esa idea el arquitecto Steven Mankouche ha creado Afterhouse, un invernadero a ras del suelo. Una nueva forma de aprovechar el suelo urbano abandonado, para el cultivo con energía natural.

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Tomar lo olvidado y convertirlo en nuevos puntos de acceso a la agricultura urbana. De eso se trata Afterhouse: casas irreparablemente dañadas por el desuso, el vandalismo o los desastres naturales, cuyos cimientos pueden aprovecharse para construir un invernadero geotérmico semisubterráneo. En lugar de demoler las ruinas y dejar las tierras abandonadas, la propuesta es deconstruir la casa y devolverle la vida en verde.

Concreto, fuerza de trabajo, plomería y recuerdos. Luego podremos, de seguro, recoger algunos frutos.

 

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Flower House

Mankouche se inspiró en la Bolivia contemporánea y la Italia del Renacimiento, donde en los invernaderos se utiliza el calor de la tierra y se expanden considerablemente las posibilidades de cultivo sin el uso de energía adicional. Así, los plátanos crecen en los Andes y los limones crecen en Milán.

En Bolivia, actualmente se usan los Walipini, ingeniosas huertas subterráneas que pueden resistir el clima extremo del Altiplano. Con su aspecto tosco de tejados casi al ras del suelo, pueden pasar fácilmente desapercibidos en medio del paisaje árido y sepia del Altiplano boliviano.

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Erradicar los terrenos baldíos y arruinados de toda la ciudad podría ofrecer una alternativa a las demoliciones totales y reducir los costos ecológicos y económicos que producen.

El desmontaje de cada cimiento en una construcción abandonada conlleva el tratamiento de una gran cantidad de contaminantes como el plomo y el asbesto, y la necesidad de acarrear tierra fresca para estabilizar el terreno.

 

Rescatar lo abandonado y darle un nuevo valor

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Flower House

Una idea que puede servir de ejemplo para todos. Particularmente para las grandes ciudades, que cada vez suman más concreto a sus espacios y que por diversas razones no pueden plantar más árboles (aunque esto también ayudaría), es esencial. Rescatar los espacios públicos es parte de las acciones que se deben llevar a cabo como parte de una estrategia libre de violencia, contaminación y fragmentación social.

 

* Imagen principal: Flower House



Relaciones anárquicas para acabar con los corazones rotos

Si cada individuo es único, ¿por qué los modelos de relaciones son tan limitados? El anarquismo relacional aboga por la comunicación y la empatía radical.

¿Has sentido celos alguna vez? ¿Has creído que lo que eres, haces, piensas o dices no es suficiente para ser valorado como un ser digno de amor? Como muchos otros aspectos de la cultura en que vivimos, las relaciones amorosas están basadas en acuerdos y compromisos decididos y sostenidos de antemano durante muchas generaciones. Sin embargo, estos acuerdos no están escritos en piedra, y pueden ser cambiados en pos de modos de vida más libres y satisfactorios.

Esta es a grandes rasgos la tesis del “anarquismo relacional”, un manifiesto escrito por la feminista sueca Andie Nordgren en 2006, y traducido desde entonces a numerosos idiomas. Aunque otras pensadoras, como la argentina Leonor Silvestri (en su libro Ética amatoria del deseo libertario y las afectaciones libres y alegres) también han abordado los afectos como una cuestión de ética y comunicación, el manifiesto de Nordgren enfatiza que el amor no es “un recurso limitado que sólo puede ser real cuando se da entre dos personas.”

El anarquismo relacional no debe confundirse con el poliamor, aunque los participantes del primero puedan tener distintas relaciones sexo-afectivas si todxs lxs involucradxs están explícitamente de acuerdo. Más que un modelo de lo que debe-ser-una-relación, el anarquismo relacional es una invitación a cuestionar precisamente los esquemas de relaciones amorosas que nos ofrece la sociedad.

Siguiendo a Nordgren, si cada persona es única, ¿por qué un mismo tipo de relación debería funcionar para todas?

La cultura ha hecho del corazón roto una estética ("Mujer ahogándose", Roy Lichtenstein.
La cultura ha hecho del corazón roto una estética (“Mujer ahogándose”, Roy Lichtenstein.

Cruzada contra el amor romántico

Aunque el sentido común asocie el anarquismo a la quema de autos y la confrontación con la autoridad, en realidad, en sus aspectos más filosóficos, implican volver a plantear nuestra relación con las jerarquías que se nos imponen como parte de la vida social, y la construcción de otras formas de relacionarse con quienes amamos.

A lo largo de la historia, las relaciones reproductivas entre las personas han tenido un carácter “instrumental”, es decir, que durante siglos el matrimonio se basó en acuerdos de conveniencia para que los varones estuvieran seguros de quiénes eran sus hijos. Las mujeres debían ser estrictamente monógamas para asegurar que la descendencia y la transmisión de la herencia de la propiedad estuviera segura. Así, en nuestros días los contratos matrimoniales siguen estableciendo “derechos y obligaciones” predeterminados, sin que los participantes puedan establecer o incluir sus propias cláusulas en la mayoría de los casos.

El amor romántico es una invención relativamente reciente. En el pasado (y aún hoy en numerosas culturas), las mujeres son vistas como sujetos de segunda categoría, que pasan del cuidado de sus padres al cuidado del esposo. A cambio de un lugar donde vivir, las mujeres aceptan realizar todo tipo de labores no remuneradas, como la limpieza del lugar, el cuidado de los hijos, y ofrecer sus cuerpos a los deseos sexuales de sus maridos.

Durante las Cruzadas, entre los siglox XI y XIII de nuestra era, muchas mujeres europeas de la clase aristocrática quedaban solas o viudas durante largos periodos, mientras los maridos se iban a hacer la guerra a Jerusalén. En este periodo surgen las canciones de amor, así como los tópicos trovadorescos de los amantes, el sufrimiento por no ser correspondidos, los rivales, los desengaños, y todo eso que con apenas algunas modificaciones, sigue siendo el modelo que siguen las relaciones afectivas (mayormente heterosexuales) entre las personas.

Extrañar o dolerse por el ser amado que se ha ido, ya sea porque se fue a la guerra, porque falleció o porque nos “dejó” por otra persona, sólo fomenta la rivalidad entre personas del mismo sexo (a quienes vemos como competencia por los favores de nuestro “ser amado”), y nos convence poco a poco de que las personas son de nuestra propiedad, o de que nosotras somos propiedad de otros, ya sea de nuestras parejas, hijos o incluso empleadores.

Desintoxicarse del corazón roto

Además, los sentimientos asociados al “corazón roto” son vistos como fuente de prestigio, y toda una industria cultural los sostiene. Las canciones y películas sobre el amor sustentan el ciclo de enamoramiento-conflicto-reconciliación, con el proverbial “…y vivieron felices para siempre” en el horizonte lejano.

Existen razones biológicas que explican la producción de hormonas que experimentamos físicamente como sentimientos de apego, deseo sexual o incluso de aversión hacia otros. Sin embargo, siendo realistas, la supervivencia de la especie no se encuentra precisamente en peligro, dadas las tasas de sobrepoblación que enfrenta el mundo. La especie se encuentra en peligro debido al cambio climático y cuestiones relacionadas con el consumo de los recursos del planeta, y aunque los corazones rotos sean una tragedia personal e individual, no dejan de ser parte del “guión” con el que el sistema de valores sigue restringiendo la libertad en pos de un modelo de normalidad heterosexual tóxico.

¿Qué pasaría si en lugar de ser rehenes de nuestras emociones aprendiéramos a comunicarnos y producir acuerdos con nosotros mismos y con quienes forman parte de nuestra vida? ¿Que ya no sean los vínculos familiares, laborales o los chantajes sentimentales quienes decidan el curso de nuestra vida, sino la comunicación y la empatía?

A continuación te presentamos 10 puntos para comenzar a replantearte el amor desde perspectivas más libres y alegres (tomadas del manifiesto de Andie Nordgren, que puede consultarse aquí)

1. No evaluemos ni comparemos a las personas y a las relaciones. Apreciemos a cada persona y nuestra relación con ella.

2. Nuestros sentimientos hacia una persona o nuestra historia conjunta no nos da derecho a darle órdenes y a controlarla para que cumpla lo que se considera “normal” en una relación. Exploremos cómo comprometernos sin pisotear los límites y creencias personales de los demás.

3. Organicemos nuestra vida de acuerdo al deseo de conocernos y explorarnos unxs a otrxs y no de acuerdo a obligaciones y demandas, y a decepciones cuándo éstas no son cubiertas.

4. [B]usquemos el apoyo de otras personas que también desafían las normas y no nos reprochemos a nosotros mismos cuando la presión de las reglas establecidas nos lleve a comportamientos que no nos gustan.

5. Construyamos relaciones en las que los cambios y las retiradas sean aceptados y superados con facilidad, y en las que se ofrezcan muchas oportunidades de hablar, explicar, verse y ser responsables.

6. Las relaciones radicales deben tener como eje central la conversación y la comunicación, no como un estado de emergencia que sólo asoma cuando hay “problemas”.

7. Una persona que está en nuestra vida no necesita ser denominada “primaria” para que el vínculo sea real. Cada relación es independiente, y conecta individuos autónomos.

8. Encontremos sortilegios positivos que neutralicen el encantamiento colectivo de la normatividad y no dejemos que sea el miedo el que domine nuestras relaciones.

9. Sentirnos libres de ser espontánexs para expresarnos sin miedo de castigos o de obligaciones es lo que da vida a las relaciones basadas en el anarquismo relacional.

10. El Anarquismo Relacional no se basa en el rechazo al compromiso sino en que seamos nosotrxs mismos y quienes nos rodean lxs que diseñemos los compromisos.



Japón está regalando 8 millones de casas abandonadas (y al parecer no es un truco inmobiliario)

Hay una crisis de casas vacantes en este país, y esto es lo que está haciendo el gobierno para deshacerse de ellas.

Quizá no esté dentro de tus planes mudarte a Japón. Pero si de casualidad habías pensado en vivir en este país, o ha pasado por tu mente darle un giro radical a tu vida y estás buscando dónde asentarte, hacerlo podría ser más fácil de lo que creías.

En la actualidad existen 8 millones de casas abandonadas en Japón.

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El gobierno ha puesto en marcha diversos programas para reducir esa exorbitante cifra, que es enorme si consideramos el tamaño de este país. La razón de que existan tantas akiya (palabra japonesa para “casa vacante”) es, en realidad, multifactorial.

Entre ellos, la más importante es que en Japón las casas no son un mercado en el sentido tradicional, bajo el cual se busca generar plusvalía de las propiedades con el tiempo. Las casas en este país suelen tener no más de 30 años de vida útil: las empresas inmobiliarias están orientadas, más bien, a rehacer hogares casi desde cero, más que a subir la plusvalía de las propiedades ya existentes.

Esto no quiere decir que las casas que el gobierno japonés está regalando sean desechables.

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Muchas están siendo reconstruidas por compañías inmobiliarias, pero son tantas que aún quedan, literalmente, millones. Por eso el gobierno optó por poner en marcha sus propios programas de reconstrucción, para deshacerse de estos hogares lo antes posible y dar nueva vida a áreas rurales y periféricas que están en parcial abandono. Es por eso que la mayoría están en buenas condiciones.

 

Pero, ¿por qué están abandonadas tantas casas en Japón?

Las casas en Japón son fácilmente abandonadas por esa cultura de desapego inmobiliario. Sumado a ello está el hecho de que muchas casas pertenecían a gente recientemente fallecida –pues Japón es un país de adultos mayores: la tercera parte de su población tendrá 65 años en 2040–, mientras que otras eran de personas que optaron por el suicidio, cometido en la propia casa, razón por la cual se desvalorizan aún más las propiedades, debido a las supersticiones. Un tercer elemento es la migración de jóvenes a las ciudades más importantes.

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Probablemente, algunas de estas cosas te hagan pensar que no es buena idea buscar una de estas casas en Japón. Pero las casas nuevas en este país son muy caras, y si tú no crees en la mala suerte, lo cierto es que obtener una casa casi gratis no suena tan mal, ¿no crees? Con suerte y te encuentras con una casa en Okinawa, una de las zonas del mundo donde la gente es más longeva.

Puedes saber más en este sitio, aunque necesitarás un traductor. ¡Cuéntanos qué pudiste averiguar y si te mudarás a Japón próximamente!