El recorrido que la música realiza para llegar hasta una culminante pieza puede integrar los más extraños sonidos y ritmos. Los inuit son una comunidad de pueblos que habitan en las regiones árticas de América del Norte y su incomparable canto tradicional de garganta se une a los paisajes del mundo moderno.

Del increíble viento ártico nace una respiración profunda que resuena en las montañas de hielo. Como una forma de calentar el cuerpo, la garganta marca el ritmo de los sonidos que produce la voz de los inuit.

Este canto vigoroso y tradicional de los inuit se mimetiza con los paisajes de todo el mundo. Una forma de encontrar diversión y entretenerse mientras en las noches largas de invierno no hay mucho que hacer. Esta inspiración que pareciera aleatoria es en realidad una técnica precisa.

El líder marca el primer ritmo y en los espacios vacíos los demás buscan una nota para llenarlos. Si uno cambia de ritmo, el otro tiene que hacerlo; esta improvisación libre pero estricta, requiere más que sólo creatividad. Un diafragma fuerte que soporte un largo canto de varios minutos es el reto de las familias inuit. El oído, la voz y la mente deben coordinarse con la fuerza de los pulmones. El control máximo que permita inhalar y exhalar durante 20 minutos o más.

La tradición y la inmensidad del mundo moderno se unen en un relato que recuerda la presencia del ser humano en la naturaleza. La relación que aún permanece en las raíces de nuestras culturas antiguas y que se enlaza a la perfección con el movimiento del lugar que habitamos. 

Eva Kauki y Manon Chamberland, de la comunidad de Kangirsuk en Canadá, interpretaron esta copla entre naturaleza humana y terrenal. Las visiones del mundo extraídas de un dron se unen al canto pintoresco de estas dos mujeres, que entre risas e inspiración crean la más admirable melodía.

 

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