El Internet como lo conocemos y amamos, por desgracia, no es sostenible en términos ecológicos a largo plazo. Los operadores y usuarios de la red que ha cambiado al mundo son responsables de que Internet acapare el 10% de la demanda global de energía eléctrica. Para 2030 esta cifra será de entre 20% y 50%, cuando los miles de millones de usuarios potenciales de países en desarrollo tengan acceso a la red. Los servicios de streaming serán responsables del 10% de la demanda global de energía (aunque eso ya lo sabíamos desde hace años).

Las compañías de telecomunicaciones no parecen preocupadas a este respecto, mientras la enorme demanda siga pagando los costos de mantener los servidores encendidos en todo momento. Por su parte, los gobiernos están más abocados a facilitar el acceso a la red (lo cual, por cierto, no es necesariamente negativo) que a considerar el aspecto de viabilidad ambiental.

Esto deja como única alternativa a un puñado de usuarios e investigadores preocupados en hacer que el Internet del siglo XXI no deje una imborrable huella de carbono. Según una investigación de Kevin Lozano, “es probable que el acceso a Internet estará dentro de los recursos escasos por los que las generaciones futuras van a luchar”. 

 

La brecha de Internet según el nivel socioeconómico

En el panorama que se avecina, los costos de electricidad y datos sólo serán accesibles a las cúpulas más privilegiadas de la sociedad. Los pobres, por su lado, tendrán que echar mano de lo que muchas comunidades autogestivas ya comienzan a explorar: acceso a Internet operado localmente. Es lento, se cae a menudo, pero su huella de carbono es menor.

Con los retos de la crisis climática de las décadas venideras, el acceso a la red se hará más complicado y costoso. Los servidores necesitan ventilación y electricidad, lo cual no es barato. La frecuencia electromagnética en la que opera el wi-fi se verá afectada por la intensidad de los rayos ultravioleta. Además, los cables de fibra óptica de muchas ciudades costeras estarán bajo el agua antes de 15 años, debido al aumento de los niveles del mar.

La población de mayor ingreso sufrirá menos: podrán pagar datos más caros, se les reservará la mayor parte de la banda ancha y sus conexiones serán más confiables. Este será el Internet de los ricos, de los grandes corporativos y de los gobiernos. El resto de nosotros tendremos que comenzar a aprender nuevos saberes tecnológicos relacionados con la programación, la creación de redes privadas y locales, así como el mantenimiento de equipos digitales. Eso, claro, si pretendemos estar en línea tanto tiempo como en la época actual.

 

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Diseño inteligente para usuarios inteligentes

Más allá de la cuestión ambiental, se plantea una pregunta urgente: ¿es necesario estar todo el tiempo en línea? Internet ya no es solamente la “supercarretera de la información” que vendían los anuncios de los años 90: es una autopista llena de tráfico, en la cual hay dos o tres destinos (las redes sociales) llenos de información irrelevante.

A medida que el acceso a la red se complica, nuestro uso debe ser más consciente. Por ejemplo, la mayor parte de los sitios se mantienen gracias a la publicidad. Cuando un sitio promedio deja de mostrar publicidad, su tamaño disminuye de 5 megabytes a 500 kilobytes, aunque su apariencia y funcionalidad permanezcan iguales. En otras palabras, la publicidad en Internet contamina la experiencia de los usuarios y aumenta la huella de carbono de los sitios web. Aunque no sea realista deshacerse de los anunciantes, es necesario explorar protocolos más eficientes, que también protejan la información de los usuarios.

Estimado de la huella de carbono producida en un minuto por YouTube, Facebook y Google, respectivamente (Imagen: ValueWalk.com)

 

Por otra parte, la llegada de las redes 5G y el streaming de video en 4K y 8K para series, películas y videojuegos es una gran noticia para los amantes de la tecnología, pero pésima para el medioambiente. Según el científico informático Mike Hazas, el Internet será responsable del 50% de la demanda de energía eléctrica global a partir del año 2030, y los servicios de streaming serán un 10% de esa cifra. Léase: de esa contaminación. 

 

El futuro del Internet es su pasado

Decir que es necesario pensar que el Internet del futuro sea sustentable es sólo un eufemismo para decir que es necesario hacer que Internet sea menos tóxico y contaminante. Por un lado, hacer un uso consciente de nuestro tiempo en línea: cada video, cada meme y cada sitio que abrimos tiene un costo ecológico a la larga. Por otra parte, es necesario presionar a los gobiernos y empresas para explorar soluciones tecnológicas menos agresivas con el medioambiente.

El investigador Xiaowei Wang afirma que en las zonas rurales de China, el Internet del futuro ya llegó. A pesar de las enormes restricciones de su gobierno, “la innovación indígena y un Internet más libre y más descentralizado está apareciendo”. Esto ha dado lugar a “una subcultura que es muy antigubernamental”. En otras palabras, el futuro del Internet se parece a sus inicios: hackers con recursos limitados innovando horizontalmente para mejorar las condiciones de su comunidad.