Desde el momento en que nos formamos en el útero de nuestra madre, los procesos fisiológicos comienzan a gestarse como si de magia se tratara, para dotar de vida a un ser. El primer órgano en entrar en funcionamiento es el corazón, una vez que comienza a latir, no para hasta el último momento de nuestras vidas.

El cuerpo humano es maravilloso, está compuesto de distintos elementos, unos tan diminutos que son imposibles de ver a simple vista; hasta los más grandes, como la piel que es el órgano más grande que poseemos. Todo funciona como una máquina bien aceitada y a pesar de que todos los órganos son sumamente importantes, hay uno que le da sentido a todo y ese es el corazón.

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S. ACHANTA ET AL/ISCIENCE

Podría decirse que el corazón es una bomba biológica, el cuerpo depende del constante y adecuado bombeo de la sangre hacia todo el cuerpo. Todo lo demás, depende de que el boom emitido por los latidos de tu corazón, sea el adecuado, a la frecuencia y presión correctas. De ahí la importancia de cuidarlo y tratarlo con amor. Pero, ¿qué pasa si se avería?, ¿se puede regenerar o no?

¿Cómo se cura un corazón?

Sabemos que la mayoría de los órganos y tejidos son capaces de garantizar su funcionalidad mediante el remplazo y la sustitución de pequeñas poblaciones de células que envejecen o se dañan. A este mecanismo se le conoce como recambio celular. Pero el corazón es una excepción en toda la extensión de la palabra, es un órgano especial. Así que sorprendentemente no posee un mecanismo similar al de otros órganos. Entonces, ¿regenera o no sus células? Diremos que es una respuesta un poco compleja con la que los científicos aún no encuentran un consenso.

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En lo que sí se ha puesto de acuerdo la comunidad científica es que el corazón tiene una baja tasa de recambio celular. En otras palabras, algunos de los cardiomicitos (las células del músculo cardiaco) con los que nacemos, estarán presentes en nuestro cuerpo hasta el día que partamos de este plano. Por esta razón, se han convertido en un enigma, ya que lo más lógico es que se trate de células sumamente resistentes. 

Las hipótesis tiran hacia dos direcciones. Por un lado, podría ser que la renovación se diese a partir de cardiomicitos maduros, pero involucraría un proceso complejo. Por el otro lado y es la que parece ser la hipótesis más aceptada, existe una posibilidad de presencia de una población de células progenitoras/madres.

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Esta población, que los científicos han llamado B-CPC, “se localiza asociada a los vasos cardiacos, tanto en venas como en arterias y se protege en áreas de bajo estrés oxidativo”.

Así, en condiciones normales, la población de células progenitoras cardiacas, contribuiría a generar los principales tipos de células del corazón: Endoteliales, de músculo liso y cardiomicitos. En caso de daño, por ejemplo, un infarto, esta población no sólo resistiría el daño, sino que además, se acelerarían los mecanismos de multiplicación de células.

El proceso de reparación de un corazón herido es sumamente intrigante y forma parte importante de las investigaciones actuales. Esto para buscar nuevos tratamientos que ayuden a personas con enfermedades cardiacas.

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